Nostalgia Amazings 2011 Bilbao

Amazings Bilbao 2011 - 132
Este pasado fin de semana me desplacé a Bilbao para participar en las jornadas de divulgación Amazings 2011. La excusa era perfecta para reencontrarme con viejos amigos y para desvirtualizar a un buen puñado de amazers a los que solo conocía digitalmente.

¿Qué puedo decir? Las jornadas supusieron un auténtico subidón de adrenalina. El auditorio del precioso Paraninfo de la UPV se llenó durante dos días, y en ocasiones la afluencia de gente fue tal que los rezagados tuvieron que seguir las charlas de pie.

El formato fue todo un hallazgo. Pequeñas charlas de 10 minutos sin turno de preguntas en las que los ponentes tenían que sintetizar una buena idea y explicarla en un lenguaje llano, o como yo digo “para dummies”. Creo que en casi todas las ocasiones se logró, e incluso personas que podrían matarnos a todos con su sapiencia realizaron un ejercicio formidable de autocontención.

Tras los bloque de tres charlas, divididas por temáticas afines, venía una mesa redonda de 30 minutos en las que los conferenciantes podían ya hablar de forma más distendida sobre temas de actualidad (véase neutrinos o el recién inaugurado timo-museo de los Caras de Belmez) o sus vivencias personales en asuntos de divulgación.

Entre los boques, en los escasos momentos de descanso, los asistentes pudieron disfrutar de una exposición fotográfica de nuestra compañera Almudena M. Castro (@Puratura).

Durante 3 días, fue un verdadero gustazo verse rodeado siempre de gente con idénticos gustos intelectuales mientras se compartían pintxos o se paseaba por el impresionante paseo de Abandoibarra, junto al Nervión. En este punto debo felicitar calurosamente la labor de Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) sin cuyas gestiones y “pastoreo” habría sido imposible un evento de estas características.

El Guggenheim era testigo de nuestras idas y venidas, y a pesar de que nos levantábamos a la hora de las monjas de clausura y de que nos acostábamos a la hora de las “mujeres que fuman” (que dice un amigo mío), por Bilbao los amazers éramos una camada numerosa de zombies sonrientes.

Tengo que ser sincero, a mi antes lo que más me gustaba de los saraos eran las cervecitas, eso que los cancamusos llaman “networking”. Sin embargo en Amazings 2011 disfruté como un niño con zapatos nuevos de todas y cada una de las intervenciones.

Apenas me perdí tres charlas (por culpa de una entrevista en Onda Vasca) pero pienso recuperarlas, y como os digo fue un verdadero placer ver como todos los ponentes realizaron su tarea divulgativa de forma altruista, amena y con rigor.

El sábado, con la satisfacción del deber cumplido, los hubo que ligaron, rompieron puertas y bailaron a King África, pero eso por primera vez en mi carrera de impenintente juerguista de evento-bloguero fue absolutamente secundario. Lo más importante fue la idea que dejamos en el aire. Los aficionados, cuando son millonarios en ilusiones, pueden mover el mundo.

Me alegro infinito de haber asistido. Me emociona tremendamente que a pesar de haber prácticamente abandonado todas mis obligaciones en Amazings por culpa de una aventura empresarial que se está llevando el 90% de mi tiempo nadie me lo echara en cara. Antonio Martínez Ron (@aberrón), Javier Peláez (@Irreductible), José Cuesta (@inerciacreativa), muchas gracias por dejarme sentarme una mesa “a mantel puesto” y disfrutar de un menú como solo vosotros y el resto de amazers sabe preparar.

Pero basta de modestia. En realidad mi papel fue destacado, casi casi imprescindible: yo era quien tenía que llevar a la estrella rutilante a Bilbao para que pusiera a 500 personas en pie a bailar “La Bomba”. Esa persona era Sergio Palacios (@ondasolitaria) a quien debo agradecer, junto a su amabilísima esposa, un viaje de ida y vuelta realmente ameno. Y eso a pesar de que el retorno fue ligeramente triste, porque veníamos enamorados de una señora estupenda que nos hará esperar un año antes de volver a acogernos en su guipuzcoano seno.

Y en fin, amazers de la diáspora, perdonad que no os mencione a todos en esta entrada (os lo digo mirandoos a los ojos en esa estupenda foto de Alejandro Amador que abre el post). Me llevo un buen montón de perlas de cada uno, y vuestros tweets resuenan ahora en mi mente con vuestras voces reales. Fue un placer conoceros, ya os hecho de menos.

Para ir acabando, me quedo con la idea final de que unidos, los ciberdivulgadores podemos hacer de la ciencia algo lo suficientemente ameno y divertido como para que la gente madrugue un sábado y disfrute tanto o más que de una buena película de ciencia ficción (si es que existen, visto lo visto).

Y ya sabéis, como cantaría Antxón Sinatra: “Bilbao, Bilbao. If you can get it here, you can get it everywhere”.

De Tatooine, Kepler-16b y la Tierra

Luke camina por Tatooine
Seguramente os habréis enterado del descubrimiento del primer exoplaneta “circumbinario”. Y seguramente en todas partes la comparación con el Tatooine de Starwars ha salido a relucir. Este mundo, llamado Kepler-16b, ortbita en efecto a dos soles muy cercanos entre si, lo cual ha llevado a algunos físicos a plantearse otra de esas preguntas de ciencia-ficción que tanto parecen gustarnos.

¿Qué pasaría si la Tierra orbitase a aquellas dos estrellas?

Para sacarnos de dudas, en la web de Life’s little Misteries se han puesto en contaco con Alan Boss, astrofísico de la Carnegie Institution for Science de Washington D.C., quien además es miembro del equipo que acaba de descubrir a Kepler-16b.

Esto es lo que les ha contado el experto:

“En primer lugar, olvidaos de Tatooine. Kepler-16b es un mundo pequeño y congelado. A pesar de estar más cerca de sus estrellas madre, de lo que lo está la Tierra de nuestro sol, las estrellas no son lo bastante brillantes, por lo que la temperatura en ese exoplaneta debe rondar los 200 kelvin (-100 ºC)”.

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Entrenando a los linfocitos

William Ludwig

Repasando Slashdot llegué a un magnífico artículo de Denise Grady para el NYT, que hablaba sobre el caso de un enfermo de Leucemia de 65 años llamado William Ludwig (en la foto), y de como se sometió a un tratamiento experimental en el que se pusieron en práctica los conocimientos adquiridos durante dos décadas de avances en biología molecular.

Os traduzco literalmente el párrafo que me puso los pelos de punta:

“Los doctores extrajeron mil millones de sus células-T (un tipo de linfocito que combate a virus y tumores) y les dieron genes nuevos que programarían a las células para atacar a su tumor. Luego, las células alteradas fueron reintroducidas en las venas del señor Ludwig.

Al principio no pasó nada, pero cuando pasaron 10 días el infierno se desencadenó en su habitación del hospital. El paciente comenzó a temblar entre escalofríos. Su temperatura se disparó y su presión sanguínea cayó en picado. Se puso tan enfermo que los doctores tuvieron que trasladarlo a cuidados intensivos y advirtieron a sus allegados de que podría morir. Su familia se reunió en el hospital temiendo lo peor.

Unas pocas semanas más tarde la fiebre se fue, y con ella la leucemia.

Lo que en esencia había logrado el equipo fue emplear terapia génica para conseguir algo con lo que los investigadores llevaban décadas soñando: entrenar al sistema inmune de un paciente para que fuera capaz de vencer al cáncer”.

Sin duda una de esas noticias que te hace sentirte orgulloso de la labor que realizan los hombres de ciencia. Y apuesto a que Ludwig siente lo mismo.

Lo leí en el New York Times vía Slashdot.

La terrible historia de la oruga zombi

Oruga de Polilla Gitana

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Hace un par de veranos os contaba la terrible historia de unas hormigas que se convertían en una especie de zombi por culpa de la acción de un hongo. No están solas en esto del horror entomológico.

Recién acabo de leer sobre la suerte de las orugas de la polilla gitana, a las que un virus logra volver locas alterando su comportamiento natural. Estas orugas, suben a los árboles por la noche para alimentarse de hojas y descienden a la seguridad del suelo por el día para evitar a los depredadores.

Sin embargo, según cuenta la entomólogo de la Universidad Estatal de Pennsylvania Kelli Hoover, cuando estos baculovirus infectan a las orugas, estas no descienden al suelo sino que mueren sobre las ramas de los árboles de una forma realmente horrible.

El virus consume casi por completo el cuerpo de la oruga creando más y más virus. Además, los cambios infligidos en el ADN de la oruga por el baculovirus hacen que esta literalmente se derrita convirtiéndose en una especie de charquito en el que pululan millones de virus, que finalmente terminan goteando desde la rama a las hojas de árbol que hay por debajo.

Las pobres orugas que tengan la mala suerte de comer de estas hojas infectadas caerán presas también del baculovirus. ¡Una estrategia horrorosa digna de una película de serie B!

Descubrí esta historia leyendo National Geographic. (La imagen de la oruga le encontré en Cirrusimage.com).

El baño me lo respeten por favor…

El baño no me lo toques

Mi lector de Feeds rebosa de post que no tendré tiempo a leer. Mis hiperactivos tweet-colegas saturan mi timeline de cadenas de caracteres que probablemente desaparecerán como lágrimas en la lluvia sin alcanzar mi retina. La cuenta de gmail se llena de correos en negrita advirtiendo que soy un pésimo gestor de mi vida privada.

La información me persigue a velocidades que jamás te ofertarán con el ADSL de Vodafone. Mi iPhone me envía actualizaciones cada vez que un desconocido amigo en Facebook me invita a un simposio sobre migrañas post-abducción en el inframundo multiburbuja de Everett. Los autobuses me bombardean con paneles informativos a los que no puedo dejar de mirar. Mi coche me pide que pare y revise la presión de mis neumáticos. Mi suegra me invita a probar empanada por SMS.

Chiquito de la Calzada, aquel filósofo de original caligrafía expresó como nadie mi desazón: “no puedooooorllll…”.

Confieso que a veces, cuando el volumen de bits me aplasta cual iPad cayendo de canto sobre una cucaracha analógica, me encierro en el baño.

Allí, el papel higiénico sueña con cachorros de labrador que le desmelenan por casas de hipotecas inimaginables. Las etiquetas de champú siguen siendo pedagógicas cuando llega el momento diario del adelgazamiento orgánico. A veces, solo a veces, algún champú snob recién llegado al mercado te cuela una holografía en su pegatina trasera, y rompe la harmonía de mi cápsula del tiempo. Pero lo normal es que mi ducha, mi afeitado, y mis abluciones de bidet se realicen en paz, ajeno al tsunami de bits que me acosa cual tigre herido al otro lado de la puerta.

Y entonces un lumbreras, un enfermo de la tecnología que se cree muy geek porque trabaja en un think-tank (sea lo que sea ese palabro) o para la edición digital del New York Times, te golpea con una imagen como la que veis abriendo el post.

Un puto y jodido espejo táctil digital equipado con reconocimiento facial, webcam y 100.000 chorradas high-tech más totalmente prescindibles. Y el jodido “magic mirror” ese te receta medicamentos sin haberse sacado el título de matasanos, te da consejos de moda para que alcances el glamour de la duquesa de Alba, y supongo que será capaz (si no actualizas el antivirus) de enseñarle tu chorra mojada a todos los contactos de Tuenti de tu hija adolescente.

Y tú solo piensas en cruzarte al tío del New York Times por una calle no videovigilada, de esas que ya se han extinguido en Londres, y decirle:

“Mirusté señor geek de los cojones. Váyase a tomar por el culo de una puta vez. ¡Meapilas!”

Lo vi en (y me indigné) en extremetech.

¿Cómo sería la vida en una Tierra cúbica?

Tierra cúbica

En ask a mathematician, han publicado uno de esos posts en los que un experto (físico en este caso) se encarga de responder a una de esas preguntas improbables como es ¿qué pasaría si la Tierra fuera cúbica en lugar de esférica?

Obviamente la pregunta es improbable porque ese caso no se da en la naturaleza, donde la gravedad y los movimientos de rotación trabajan para que las grandes masas planetarias adquieran la familiar forma esférica que todos conocemos. Pero aun así… suponiendo que fuera posible geológicamente que la Tierra fuera cúbica, ¿cómo sería la vida en ella?

La respuesta es apasionante. La gravedad empujaría a los océanos y al aire hacia el centro de cada una de las 6 caras planas del planeta, formando una especie de burbuja (o lentilla) en la que se concentrarían los elementos básicos para la vida. La única tierra habitable sería la que rodease a los océanos circulares situados bajo la cúpula de aire. Leer más »

¡Vente p’acá pollo!

Imagen de previsualización de YouTube

¿Has visto alguna vez imágenes de una granja de pollos? Inmensas naves en las que habitan millares de aves de corral, engordando con piensos artificiales hechos vete tú a saber de qué, mientras esperan la hora del “afeitado”. ¿Te has preguntado quién se encarga de capturar los pollos y meterlos en las jaulas que los llevarán al matadero? En ocasiones una horda de trabajadores, sí (que un trabajo es un trabajo, por mucha pluma que tenga). Sin embargo en las explotaciones más high-tech la respuesta es: el recolector automático de pollos.

Me he quedado asombrado de la rapidez con la que actúa esta especie de aspirador-escupidor de pollos, de cuya eficacia queda constancia en el vídeo que ilustra el post. No sé lo que pensarán las aves (si es que las pobres atinan a comprender) cuando esa especie de robocopollo irrumpe en escena absorbiendo vivos a los emplumados; raptándolos con sus varillas giratorias de goma y sus cintas rodantes que los lanzan como pelotas de baseball contra las jaulas, pero si se cagan encima es perfectamente comprensible. ¿Usted no lo haría?. Es más, seguro que después de diseñarla, el ingeniero responsable de esta eficientísima pesadilla mecánica, digna de la inquisición, se hizo vegetariano.

PD. No intentéis subirle el volumen al vídeo. El montaje es mudo para ahorrarnos los cacareos desaforados de los futuros protagonistas de una experiencia “tronchante” en el Kentucky Fried Chicken. Y casi mejor oiga… de lo contrario se nos habría puesto a todos la piel de gallina.

Tesla para niños

Tesla el genio de la tecnologíaHace poco más de un mes me escribía Sergi Aguilar para avisarme de la publicación de un libro suyo, titulado Tesla el genio de la tecnología dedicado a Nicola Tesla. Como sabréis, Tesla es uno de mis héroes científicos favoritos, no solo por su genialidad sino también por la injusticia con la que fue tratado en vida. Me consta que el amor a este croata universal es compartido por mis compañeros en Amazings, ya que de hecho adoptamos como logo su famosa torre Wardenclyffe.

Lo interesante del libro que nos envió Sergi es que se dirige a un público infantil-juvenil, así que me pareció un buen experimento regalarle mi ejemplar a mi hija de 9 años (la edad a partir de la cual se recomienda su lectura) para que lo leyera antes que yo.

Debo decir que, para mi tristeza, mi hija no es muy aficionada a la lectura, aunque me he encargado de que sienta fascinación por la ciencia. La prueba me tenía en ascuas… ¿Qué sucedió cuando le di el librito? Pues que se lo devoró. “Me ha gustado mucho papá”.

Eso me bastó, le pedí que me lo devolviera y me lo leí en poco más de una hora. En efecto, el libro hace un repaso pormenorizado, usando un lenguaje muy sencillo, de toda la vida de este afamado inventor. Desde su infancia en los balcanes, sus estudios en Austria, su vida en París, su viaje final a los Estados Unidos, todo está en el libro.

A pesar de contar su vida en un lenguaje asequible a las mentes infantiles, el libro no esconde nada: su aficción al juego, su pésimo sentido de los negocios, su comportamiento asocial, la soledad de su muerte. Pero así debe ser, pues Tesla fue un personaje de contrastes. Capaz de vencer a Edison la carrera por la electrificación de ciudades completas, y capaz a su vez de comunicar que había recibido una irreal comunicación de los extraterrestres.

Por si la fascinante vida del genio no fuera suficiente, el libro acaba con una breve pero interesantísima sección de experimentos de andar por casa que me ha parecido muy divertida. Literalmente he sentido muchas ganas de hacerlos yo mismo para enseñarle a mis hijos que las ondas no son todas iguales, y que de hecho un teléfono móvil y una radio se comportan de distinto modo cuando se les “pone en apuros”.

Resumiendo, un libro la mar de interesante para regalar a vuestros hijos, que podréis adquirir a un precio muy asequible.

Aprender y comprender no son sinónimos


Cuando era un crío y me enseñaron el Teorema de Pitágoras (tal vez en 5º o en 6º de EGB, no recuerdo) lo primero que mi mente de chorras impenitente pensó es que resultaban graciosísimos aquellos nombres tan raros: cateto e hipotenusa. Lo del cuadrado y la suma era algo en lo que no pensé demasiado, cosas de una fórmula más que había que memorizar para aprobar la asignatura.

En aquel curso, para mi un cuadrado era un número multiplicado por si mismo y punto; no se me ocurrió ligarlo a la figura geométrica homónima con la que me habían bombardeado desde los tiempos de Barrio Sésamo. Ahora, tras ver este vídeo, pienso que si el profesor de turno nos lo hubiera mostrado (o nos hubiera hecho este sencillo experimento mesa por mesa) insistiendo en que el cuadrado de un cateto o de una hipotenusa (lado x lado, osea el resultado de calcular su área) era realmente un “cuadrado”, la cosa habría quedado mucho más clara.

En cambio, simplemente memoricé la fórmula y su relación de igualdad sin visualizar polígonos auxiliadores por ningún lado. Una pena, porque el concepto resulta tan evidente cuando se aprende de forma empírica con este antiguo juguete chino, que estoy convencido de que habría disfrutado muchísimo comprendiendo su belleza. Y es que aprender y comprender son dos cosas distintas.

Aunque nunca es tarde ¿verdad?

Con la luz a rastras…

Láser verde saliendo de una barra de rubíEs una propiedad de la luz que se conoce teóricamente desde que en 1818 fuera predicha por Jean Fresnel, aunque hubo que esperar un siglo para demostrarla: la luz puede “arrastrarse”.

Tendemos a pensar que la velocidad de la luz es super-mega-rápida y que no hay forma de “jugar” con ella a causa de su inmediatez. Pero esto se da sólo cuando la luz viaja en el vacío. Ponla a viajar por medio de un cristal y su velocidad caerá en picado provocando además que cada longitud de onda (o color) se mueva a velocidades distintas.

Para poder arrastrar a la luz hay que hacer además que el medio que atraviesa se mueva lo más veloz posible. Si la ventana por la que miras pasar la vida se pusiera a girar sobre un eje imaginario a una gran velocidad, la imagen del mundo al otro lado se movería, aunque de forma imperceptible para el ojo humano (apenas una millonésima de grado). ¿Curioso verdad?
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