De cerebros jóvenes y viejos


Hacerse viejo es un asco, los médicos empiezan a quitarte cosas, el cuerpo se empeña en negarte otras por si solo, y según dicen – pasados los 45 – el cerebro empieza su lenta e inexorable “cuesta abajo”. Mis hijos consiguen recordar el nombre de los hoteles en los que pasamos cada verano, e incluso los nombres de los padres de los amigos que allí hicieron. Yo en cambio tengo que hacer esfuerzos para recordar el nombre de la ciudad.

Con 43 recién cumplidos, me agobia eso de sentir que “voy pa vieyu” (como decimos en Asturias) ya que por otra parte mantengo invariable mi sentido de la curiosidad. Leo mucho, escribo casi a diario y en general siento que mi cerebro tal vez se haga más lento, pero no menos poderoso. Me niego a asumir eso que el lingüista alemán Michael Ramscar publicó hace unos años sobre el declive cognitivo que comienza a los 45 (su trabajo giraba en torno al vocabulario).

Cierto, a veces me cuesta rescatar la palabra que busco en el interior de mi enmarañado cableado cerebral, pero por otro lado encuentro interesantísima la conversación de algunas “personas mayores” como el tristemente desaparecido Jose Luis Sampedro. Así que eso de que pasada cierta edad, nuestros sesos empiezan a “caducar” como que no… si hace falta incluso emplearé la manida herramienta de autoconsuelo que sostiene que el buen vino mejora con la edad.

Y bueno, en esas que me encuentro hoy con un interesante artículo en National Geographic que viene un poco a calmar mis temores.

El artículo se centra en el propio Michael Ramscar, que tenía 45 años cuando publicó aquel trabajo antes citado sobre el declive, pasada esa edad crítica, en el manejo y riqueza del vocabulario de una persona. Ramscar, no debió quedar muy contento con sus conclusiones, que le atañían personalmente, por lo que siguió estudiando el asunto desde otro punto de vista. “¿Quién tiene mejor memoria, los jóvenes que recuerdan todo y saben muy poco, o los viejos que aprendieron un montón y olvidaron un poco?” Y luego añade “¿No será que los científicos que investigan sobre la memoria, hacen las preguntas equivocadas?”

Los resultados de su nuevo trabajo, titulado “El mito del declive cognitivo, dinámicas no lineales de aprendizaje a lo largo de toda una vida”, acaban de publicarse en la revista Topics in Cognitive Science. El paper argumenta que las cabezas mayores y más sabias (y libres de enfermedades degenerativas como el Alzheimer) podrían estar tan llenas de conocimiento, que simplemente hace falta un poco más de tiempo para encontrar en ellas la información almacenada. En el fondo tiene sentido. Cualquier informático sabe que encontrar direcciones de memoria en un disco semi-vacío, para extraer los datos allí almacenados, es un proceso que se hace más lento a medida que el disco se va llenando de bits.

Más adelante, en el mismo artículo, otros científicos sostienen que el trabajo de Ramscar está muy bien y es bienvenido, pero que a pesar de que entienden su rebeldía y negación a considerarse inferior intelectualmente a los más jóvenes, lo cierto es que físicamente un cerebro se hace más lento por el mero hecho de envejecer. En algunas áreas, estudios realizados con herramientas de visionado por resonancia, prueban claramente que incluso los cerebros sanos muestran señales de “encogimiento” en zonas relacionadas con el aprendizaje, el razonamiento y la memoria.

Algunos pensaréis que el segundo trabajo de Ramscar, motivado por insatisfacción personal con el primero, podría tener un tufillo a mala ciencia. ¿Habrá por casualidad partido de las conclusiones deseadas, para luego encontrar las evidencias que las soportan? No tiene esa pinta el paper, pero confieso que a mi este lingüista que se niega a envejecer me ha conquistado, aunque sospecho que esto tiene que ver con esos 43 añazos que acaban de caerme encima. Me gustaría creer, y perdonad si parezco presuntuoso, que la sabiduría seguirá creciendo en mi interior (como la fuerza en los Jedi) y que esta ganancia me ayudará a compensar el impepinable declive físico de mi mollera, cuyo inicio podría estar ya a la vuelta de la esquina.

Cosas de la edad supongo…

¿Sabías que el color de ojos de los renos cambia por navidad?

En estas fechas navideñas, días después de que Santa y sus renos hayan visitado a vuestros pequeños, acabo de descubrir una cosa muy interesante sobre estos nórdicos cuadrúpedos. Puede que lo de que a Rudolph se le ilumine la nariz cuando encabeza el tiro del trineo cargado de regalos sea un mito, pero… ¿sabías que los renos tienen los ojos dorados cuando los días en Laponia son luminosos, y que estos se vuelven azules cuando llegan las largas noches? .

Sería precioso achacar este asombroso cambio a la magia de la navidad, pero va a ser que no. Según he podido leer en un estudio publicado a comienzos de año en el Proceedings of the Royal Society B, este cambio de color se da en el tepetum lucidum, que es una capa de tejido situada en la parte posterior del ojo de los renos (y de otros muchos animales vertebrados).

Esta capa refleja la luz visible hacia atrás, justo hacia la retina del cérvido. De hecho, este fenómeno se ve también en los ojos de los gatos y los perros cuando al hacerse de noche, parecen brillar en la oscuridad. En los días de verano, el tejido ocular de los renos se “pinta” de oro, que es el color común para los ungulados. Pero luego, cuando llega la oscuridad de las largas noches de invierno, el tono de los ojos se vuelve azul para capturar el máximo de luz posible aumentando su reflexión. Sin embargo este cambio tiene también su inconveniente. La agudeza visual de los renos se reduce, y en la noche apenas distinguen formas borrosas. Eso si, cuando al otro lado del bosque puede haber una manada de lobos hambrientos, el cambio de no ver nada en absoluto a ver las cosas con poca claridad puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

¿Será este fenómeno el origen del “luminoso” mito de Rudolph y sus colegas tirando del trineo de Papa Noel? Puede que sí, aunque a mi siempre me han gustado más los camellos de los Reyes Magos. No obstante, estas no son fechas para discutir ¿verdad? Lo mejor es desearos a todos un feliz año nuevo para el 2014.

Me enteré leyendo Popular Science. (El dibujo que ilustra el post corresponde a la portada de este precioso libro troquelado de 1939).

Kjell Sandved y su alfabeto mariposa

Alfabeto mariposa por Kjell Sandved

Maravillado me he quedado al contemplar la belleza, y el laborioso trabajo que hay detrás, de esta especie de fuente tipográfica natural, donde cada caracter que veis estaba oculto entre los sinuosos y elegantes patrones de las alas de multitud de mariposas y polillas. El autor de esta preciosa iniciativa es un nonagenario fotógrafo noruego especializado en naturaleza, llamado Kjell Sandved, quien según puedo leer tardó 24 años en encontrar los 36 caracteres (las 26 letras del alfabeto inglés más los 10 dígitos) que podáis ver en la foto. A él le gusta llamarlo el alfabeto mariposa, y por lo que veo se ha montado una web comercial donde puedes encargar una impresión de tu nombre a unos 3,75 USD la letra.

Me enteré leyendo Mymodernmet.com.

De onomásticas blogueras, tetas, leches y quesos “humanos”

Daniel Angerer, su mujer, el niño y el queso de las sobrasLa verdad es que no actualizo mi blog muy a menudo, pero esta tarde tenía marcada la fecha en el calendario porque el blog cumple en unas horas 7 años, y no era cuestión de dejar pasar la onomástica.

Bien, pasado el momento Loreal, empecemos con el contenido. Acabo de pasarme por Straight Dope a echar un vistacito. Los que me leéis sabéis que siento debilidad por este consultorio científico dirigido por un borde cachondo como pocos, Cecil Adams.

A Adams lo que más le gusta es reírse a la cara de sus lectores, lo cual no es complicado vistas las preguntas que le llegan, aunque luego hay que reconocer que el tío se documenta y responde con rigor y abnegación cristiana (sea lo que sea eso). La preguntita destacada de hoy se las traía: ¿Alguien ha hecho queso alguna vez con leche materna humana?

Pues resulta que sí. Miradle en la foto. ¡Qué cara de felicidad! No es para menos. Es un chef neoyorquino de cierto éxito, con local en la zona pija de Chelsea, y que responde al nombre de Daniel Angerer. La vida le sonríe. Está casado con una hermosa mujer, que le ha dado un bebé pelón (casi como el propio papá) y que viene equipada con dos glándulas mamarias que – ahí está la clave – producen un exceso de alimento para enanos. Y claro…. están los tiempos como para tirar, mirusté.

Por eso al bueno de Angerer se le ocurrió aprovechar esa “leche que no has de beber” para hacer un postre a base de queso humano. En realidad la idea no se le ocurrió ahora, sino en 2010, pero una cosa tan genial merece la pena seguir siendo tomada en consideración. Por cierto, si tienes conocimientos de cocina y una mujer con superavit lácteo cerca, aquí tienes la receta del postre, a la que en un alarde de originalidad ha llamado: “Mommy’s Milk”. Mejor eso que irte al restaurante en Chelsea porque el niño ya ha crecido, la teta se ha secado, y según puedo leer además Sanidad le pidió en su día (supongo que al poco de hacerse famoso con el postrecito) que cesara en su empeño, por lo que el “Mommy’s Milk” ya no está en la carta.

Por lo que leo en un artículo de la época publicado en el New York Post, un crítico de cocina describió al postre (que por cierto también aparece en la foto familiar) como: “bastante blando, ligeramente dulce. Lo que resulta desagradable es su inesperada textura, extrañamente blanda, elástica, como la de la panna cotta“.

En cambio la donante de la leche creía que el queso no estaba del todo mal, sobre todo si se le maridaba con una buena copa de Riesling (vino blanco alemán). Una pena que el niño no haya tenido ocasión de probar el postre una vez adulto, me atrevo a apostar que la receta habría triunfado seguro, porque ya se sabe que como lo que prepara mamá no hay nada.

En fin, nunca he sido muy fan de los requesones con miel, ni de las leches poco fermentadas. Eso sí, adoro el queso en todas su variedades, cuanto más curado mejor. En España tenemos la fortuna de poder acceder a posiblemente la mejor selección de quesos del mundo. Entre otros: Manchego, Idiazábal, Cabrales, Torta del Casar, etc. Y sabéis qué, este hombre podría haberse ahorrado el experimento viniendo aquí y pidiendo una buena ración de Tetilla Gallego. ¡Dónde va a parar la diferencia, leches!

¿Qué tecnología usaría un tricorder?

Spock con el Tricorder en las manos

Uno de los lectores de la web del Instituto de Astobiología de la NASA (NAI), preguntaba el otro día si sería posible construir un dispositivo tipo “tricorder” que pudiera detectar vida en otros planetas mediante un sistema portáil. ¿Cómo funcionaría algo así? Se preguntaba. ¿Mediante espectroscopia láser? ¿Usaría eso que hemos dado en llamar lab on a chip?

Os dejo con la respuesta que recibió de uno de los expertos a cargo de la sección.

Un “tricorder”, tal y como aparece en “Star Trek”, es un dispositivo tecnológico multipropósito usado por los exploradores humanos. La exploración espacial humana a día de hoy no nos ha llevado aún más allá de la luna, aunque ya hay en proceso planes iniciales para misiones humanas a Marte. Solo cuando los humanos seamos capaces de poner un pie en la superficie de otro mundo habrá necesidad de un dispositivo portátil similar al tricorder para que los exploradores puedan usarlo como detector de vida a medida que visitan otros planetas.

Dicho eso, la tecnología que podría ir dentro de un dispositivo como ese ya tiene análogos reales con los instrumentos científicos que montamos sobre los vehículos de exploración robótica planetaria de hoy en día. La misión robótica MSL (Curiosity), que se lleva a cabo en Marte ahora mismo, por ejemplo, incluye una buscador de señales químicas en las rocas y el suelo que podría indicar si Marte es, o fue, habitable para la vida presente o pasada.

Este laboratorio rodante está equipado con taladradores y palas para recoger muestras, que luego se introducen en cámaras que permiten analizar la composición del material en función a su masa (mediante un espectrómetro), de sus compuestos volátiles (empleando un cromatógrafo de gas) o de señales inducidas por láser (mediante un espectrómetro de láser).

El Curiosity hasta incluye un instrumento que dispara un láser a una roca distante y le permite observar su composición química desde lejos. Los científicos comparan luego los resultados de estos análisis químicos con su conocimiento del ambiente terrestre, para entender si estos ambientes marcianos son, o no, consistentes con la presencia de biología (buscando por ejemplo compuestos orgánicos como el carbono, aminoácidos u otros restos de vida).

Aunque no podemos predecir cómo será la tecnología que emplearemos en el futuro, al menos podemos estar seguros de que las técnicas que empleamos en la exploración robótica de Marte, hoy en día, serán de utilidad en futuras misiones de exploración humana en el Sistema Solar.

Respuesta a cargo del Dr. Jacob Haqq-Misra, Blue Marble Space Institute of Science.

Me enteré consultando mi sección favorita de la web del NAI, Pregúntale a un astrobiólogo

Entrevista a Ricardo Amils, Naukas 2013

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El último fin de semana de septiembre, durante el evento Naukas Bilbao 2013 tuve el enorme placer de entrevistar al microbiólogo Ricardo Amils (el mayor experto mundial sobre los extremófilos de Río Tinto) sobre el escenario del paraninfo de la Universidad del País Vasco. Los temas fueron fluyendo de forma natural y el tono didáctico y buen humor de Amils me hizo disfrutar sobremanera de la experiencia. Para aquellos que no pudisteis acudir, deciros que el fantástico equipo de la EITB no solo grabó todo el evento, sino que además ha colgado los vídeos en su web (e incluso en Youtube). Espero que disfrutéis de la entrevista y que entréis en la web de la EITB para ver muchas otras charlas de interés.

Logran ‘recablear’ los nervios de un amputado para que controle una pierna robótica

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De acuerdo, el acabado todavía no es tan perfecto como el de la mano biónico que le implantan a Luke Skywalker tras perderla en mítico combate de sables Jedi con Darth Vader (“Yo soy tu padre”), pero sin duda es lo mejor que he visto hasta la fecha.

Según puedo leer en Nature, el protagonista del vídeo superior es un hombre de 32 años que perdió la pierna derecha en 2009 (desde la rodilla) en un accidente de moto. Aparentemente, este hombre es la primera persona en el mundo capaz de controlar una pierna robótica con su mente. Los responsables de este logro impresionante son el ingeniero biomédico Levi Hargrove (del centro de medicina biónica del Instituto de Rehabilitación de Chicago) y su equipo.

Al contrario que en casos anteriores, el usuario de la pierna robótica no emplea un interruptor por control remoto, ni necesita exagerar las sacudidas de sus músculos para elegir entre varios tipos de movimientos. De hecho, cuando se sienta, no necesita posicionar la pierna en “modo descanso” con sus manos, como ocurre en modelos anteriores.

Lo único que necesita es señales neurológicas. Ellas son las que controlan su rodilla motorizada y su prótesis inferior. Y si estáis pensando que hizo falta implantar electrodos en su cerebro os equivocáis. Lo que han hecho estos científicos es redirigir los nervios que controlaban la pierna real del paciente antes del accidente y conectarlos con unos sensores, embebidos en la pierna robótica, que son capaces de medir los pulsos eléctricos creados por las contracciones de los músculos. El resultado es el que estáis viendo, el hombre ha vuelto a caminar sin ayuda de muletas.

El equipo de Hargrove espera que dentro de tres o cinco años, muchas otras víctimas de amputación puedan beneficiarse de esta prometedora tecnología.

Los datos de este trabajo se han publicado en The New England Journal of Medicine.

Me enteré leyendo Nature.

Cultivando mini-cerebros en el laboratorio

modelando cerebros
Esta agrupación de células neuronales – esa especie de ojo rudimentario que aparece a la izquierda de la imagen – no es mayor que una semilla de manzana y sin embargo podría aportarnos el mejor modelo hasta la fecha de un cerebro humano en desarrollo.

La agrupación, cultivada a partir de células madre embrionales, contiene un número sorprendente de estructuras que recuerdan a los cerebros humanos en sus fases tempranas de desarrollo, entre las que incluyen tejido retinal, córtex cerebral (la capa externa del cerebro) y los plexos coroideos (la cavidad que produce el fluido cerebroespinal)
.
Un grupo de científicos está usando estas estructuras para estudiar la microcefalia, un trastorno en que la cabeza y el cerebro aparecen anormalmente pequeños.

En su estudio, estos científicos reprogramaron células de una persona que padecía este trastorno para convertirlas en las así llamadas células madre pluripotentes inducidas, y luego las utilizaron para cultivar organoides.

Tal y como explicaron en Nature los científicos responsables del estudio, las células derivadas del paciente produjeron un organoide encogido. Ciertas células precursoras maduraron antes de lo normal, provocando que el crecimiento de tejido se detuviera prematuramente. Las semejanzas con un cerebro real, sin embargo, solo llegaron hasta ese punto.

Los organoides no poseen ningún vaso sanguíneo por lo que las células que e encontraba en su interior murieron. Alcanzaron un tamaño máximo de tres milímetros de diámetro después de 2 a 3 meses y trras el cuarto mes no desarrollaron ningún tipo nuevo de célula. Por esa razón los organoides no son aún de utilidad para el estudio de trastornos del desarrollo neuronal más complejas como el autismo o la esquizofrenia.

Los investigadores trabajan ahora en formas de fabricar organoides más grandes, pero en su opinión, los obstáculos técnicos a los que se enfrentan harán muy poco probable que estos mini-cerebros sean algún día capaces de realizar funciones cerebrales de alto nivel.

Sea como sea, si en su día Mary Shelley escribió Frankenstein inspirada por los fenómenos eléctricos que Volta dio a conocer al viejo mundo. ¿Qué novela habría escrito a día de hoy después de una noticia tan impactante como esta?

Me enteré leyendo Science.

Historia del cura que hacía pantalones para ranas

rana con calzoncillos

Reconozco que cuando crecí y entendí el misterio de la reproducción sexual (o lo que es lo mismo, cómo entra en contacto la semillita del macho con la de la hembra), me pregunté cómo se habría dado cuenta el primer humano, siendo la cosa tan complicada…

Saber que el sexo estaba relacionado con la reproducción, seguro que fue cosa de cuatro días. La gente se daría cuenta en seguida de que tras los acaloramientos, los empujones, el frenesí y las descargas, venían bebés. ¿Pero cómo saber qué parte del divertido proceso era la clave germinal?

Bien, la respuesta “científica” nos la dio un cura, lo cual no deja de tener su gracia. Pero antes de que empecéis a pensar que el párroco aquel era un hombre de vida disoluta, debo especificar que para tal descubrimiento empleó ranas, y no su propia experiencia.

Esta tarde, navegando por la red, me encontré con la foto que ilustra este post, una rana del todo veraniega. Inmediatamente me acordé de aquel cura, llamado Lazzaro Spallanzani, italiano él, y hombre de curiosidad que pasó a la historia por su experimento.

Corría la década de 1760, y el bueno de Spallanzani descubrió el propósito del sexo realizando ropajes de tafetán, con los que vestía a ejemplares machos de ranas. Imaginamos que aquellos pantalones debían de dar un calor espantoso, pero las ranas machos hacían lo que podían con ellos puestos.

Cuando Spallanzani dejaba a sus machos “vestidos” en compañía de apetitosas hembras, los pobres las montaban y se frotaban con mucho ahínco, pero con escasos frutos reproductivos. Las hembras, ponían huevos sí, pero de aquellos no salían jamás renacuajos.

Solo cuando los machos actuaban “despelotados”, los huevos se fertilizaban. El sentido común del buen párroco determinó que el semen de los machos era condición “sine qua non” para que los renacuajos vieran la luz.

Ahora nos puede parecer un experimento ridículo, pero cabe recordar que en aquella época se creía aún en tonterías como la generación espontánea, o lo que es lo mismo, que de la materia inanimada podían surgir seres vivos.

Con permiso de los antiguos egipcios y romanos, que ya usaban vegijas de animal como “forro protector” (aunque seguramente sin comprender muy bien su mecánica) podemos afirmar que sin proponérselo, el buen párroco italiano había descubierto el principio del anticonceptivo, lo cual puede dar lugar a tal cantidad de chistes que prefiero dejarlo aquí ya que como sabéis lo que vino después es historia.

La “increíble” historia de la estatuilla egipcia que giraba sola

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Esta noticia cumple todos los requisitos para llamar la atención de los fanáticos de programas de chorras-misterios como el presentado por Friker. Habla de una estatuilla egipcia de 3.800 años de antiguedad y 30 centímetros de alto, expuesta en una vitrina del museo de Manchester, que se pasaba el día rotando (sin motor) de forma lenta pero segura, aunque a un ritmo imperceptible para el observador. Vamos, que los visitantes tan pronto se la encontraban el lunes mirando al frente, como la hallaban el jueves dándoles la espalda, sin que aparentemente nada ni nadie mediase en el movimiento, claro.

¿Fuerzas telequinésicas, un Caballero Jedy en la plantilla del museo con ganas de tomarle el pelo al público, una prueba más del poder de Isis, la maldición de una momia Derviche? Nada de eso me temo, aunque la verdad es que el vídeo a cámara rápida que han grabado los responsables del museo es ciertamente “molón”.

En el Independent cuentan la historia de Campbell Price, el egiptólogo del museo, que cree que la institución puede ser víctima de una antigua maldición, ya que él es el único que tiene la llave de la vitrina donde la estatuilla se va “de gira”.

Y es que el pobre hombre estaba anonadado, puesto que cada día tenía que recolocar la dichosa estatuilla discotequera. Para resolver el misterio ubicó una cámara que tomase una instantánea de la figurilla cada cierto tiempo, y con ello creó el vídeo time-lapse que ilustra este post. Así fue como se dio cuenta de que la estatuilla, que por cierto fue encontrada en el interior de un sarcófago acompañando a una momia egipcia, se pasaba el día (pero no la noche) girando por sus propios medios.

Y aquí viene lo bueno (y “para-anormal”). Al parecer para los antiguos egipcios, si la momia resultaba destruida, entonces el doliente podía tomar la estatua como vaso en el que introducir su espíritu. ¿Sería eso acaso lo que provocaba el movimiento? Cuesta creerlo, pero para este hombre esa debía ser la explicación (supongo que lo hace de forma interesada, de lo contrario estamos ante un caso de estupidez supina).

Obviamente el fenómeno no tiene nada que ver con maldiciones milenarias. Tal y como explican en io9, lo más probable es que el movimiento se deba al diferencial de fricción. Cuando dos superficies lisas diferentes (la planta de la estuilla y la estantería de cristal) se frotan la una contra la otra bajo ciertas fuerzas (en este caso a medida que los pasos de los viandantes crean vibraciones sobre el suelo del museo) ambas superficies tienden a resbalar la una sobre la otra. Eso explicaría que el en vídeo, la estatua se eche “a dormir” por la noche, en ausencia de visitantes.

Conociendo a los británicos, y a su afición por las historias de fantasmas, es lógico que los responsables del museo no crean la explicación física y científica, y estén encantados con la alternativa (mucho más “espiritual”) del egiptólogo Frikeriano. Si yo fuera el mandamás del Museo de Manchester lo despedía fulminantemente, pero claro, a lo mejor las visitas (y los donativos) se han disparado desde que la lisa superficie de la estatua gira “misteriosamente”. ¡Habemus negocio!

Tendría gracia que las maldiciones egipcias se solucionasen revistiendo estanterías de cristal con un poco de parafina ¿verdad? Los surferos lo hacen constantemente para no caerse tan fácilmente de la tabla. Y es que… con perdón, menuda mierda de misterio que se arregla con un quítame allá esa fricción. En fin, si en Belmez tenemos “caras” en la pérfida Albión no van a ser menos.

Me enteré leyendo The Independent.

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