¿Y por qué no donar también el marcapasos?


Todos estamos concienciados con el problema de las listas de espera para transplante, especialmente en España donde – por primera vez y sin que sirva de precedente – contamos con el modelo a seguir gracias a la solidaridad de los ciudadanos y a la magnífica red tejida por la seguridad social. Pero… ¿Has pensado alguna vez en qué hacer con el marcapasos de tu abuelo – o de tu padre – cuando él ya no esté?

Bien, pues debes saber que esos aparatos son muy costosos, y que en muchos casos podrían seguir funcionando una temporadita más larga en otro cuerpo. ¿Por qué no enviar entonces el marcapasos a un país en vías de desarrollo? Me temo que la ley no permite el reciclado en estos casos.

Por cierto, por si no lo sabéis, las baterías de estos aparatos son peligrosas, especialmente si cometes la imprudencia de pasar al difunto al interior del horno crematorio con el aparatito aún en su interior. Y es que aunque pueda sonar macabro, el descanso eterno de tu ser querido comenzará de forma explosiva, porque un marcapasos dentro de un horno puede llegar a estallar poniendo en riesgo a los operarios de la funeraria. Un estudio de 2002 mostró que “casi la mitad de los crematorios en el Reino Unido habían experimentado explosiones con marcapasos en aquel año. El primer caso reportado data de 1976, y la explosión provocó un agujero de 1,27 cms de profundidad y la anchura de un dedo en las paredes del crematorio. Por eso ahora las funerarias se ocupan de que ningún aparatito de estos se les cuele al crematorio.

Pero volvamos al tema principal de este artículo. Según puedo leer, en la actualidad tanto en EE.UU. como en la Unión Europea existen leyes que prohíben la reutilización de prótesis usadas (como los marcapasos), pero debido al alto precio de estos aparatos (4.000 USD un marcapasos, y hasta 20.000 USD un DAI o desfibrilador automático implantable), algunas ONGs británicas como Pace4Life se encargan de recoger estos artilugios, comprobar su funcionamiento y (si son viables) enviarlos a la India.

En Estados Unidos, existe un proyecto llamado My heart is your heart que busca hacer lo mismo. Un estudio realizado por este proyecto, mostró datos de 75 casos de pacientes que recibieron un DAI de segunda mano, en los que no hubo casos de infección ni de problemas de funcionamiento. En base a este estudio, han solicitado a la FDA (la Sanidad Estadounidense) que se permita el reciclado de instrumentos cardíacos.

Por lo que puedo leer en los comentarios a este artículo de 2010 publicado en el mundo, en España las funerarias retiran los marcapasos (para evitar explosiones) antes de la incineración y los almacenan en gran número. Nadie sabe que hacer con ellos. Con suerte se puede encontrar empresas que los retiran como si fueran pilas usadas, pero a causa de la legislación no se les da un uso médico posterior, lo cual es bastante triste. ¿No creéis?

Una pena que en España seamos ejemplo en donación de corazones, y dejemos que se pudran aparatos que podrían otorgar una segunda juventud (nunca mejor dicho) ayudando a un corazón que de otro modo no podría permitírselo. ¿No habrá llegado el momento de que nazca un proyecto solidario en nuestro país, que se encargue de hacer llegar los dispositivos viables a quien los necesite?

Me enteré leyendo BBC future.

PD: Los defensores de esta idea en México tienen su propia página en Facebook.

Así es un hormiguero por dentro

Imagen de previsualización de YouTube

Anthill Art es un artista que transforma las intrincadas construcciones subterráneas de las colonias de hormigas en esculturas de aluminio. El método es aparentemente sencillo, se vierte aluminio fundido por la boca del hormiguero (con sus habitantes dentro) y se deja enfriar. Una vez endurecido, se desentierra la estructura de toda una ciudad de insectos en la que el propio hormiguero actuó como molde, se limpia la tierra sobrante a manguerazos, y se pone a la venta el resultado. (El artista dice que sus obras pueden mostrarse en clase de biología).

El vídeo que muestra todo el proceso es de finales del año pasado (lo cual en internet lo convierte ya en algo “viejuno”) pero a mi me ha dejado patidifuso igualmente. Por lo que puedo leer en algunos medios, mucha gente ha criticado los métodos del artista por destructivos, sin embargo algunos alérgicos a estos bichos se lo agradecen. Por cierto, en el vídeo superior, la colonia “horneada” pertenece a hormigas de fuego, famosas por sus dolorosas picaduras.

Si lo piensas, este hombre podía ganarse la vida también como erradicador de plagas. Primero te cobra por librar tu jardín de las incómodas hormigas de fuego, y más tarde vende la escultura a buen precio. Es un win-win en toda regla. (Mientras no te cruces con defensores de la naturaleza).

Si queréis más información sobre el artista, aquí tenéis su web y también su página en Facebook.

¿Por qué se nos pone la ‘piel de gallina’?

Los anglosajones usan el término “goosebumps” (literalmente bultos de ganso) a esa reacción de la piel producida por el frío, la excitación o el miedo, que nosotros llamamos simplemente “piel de gallina”. Podríamos discutir sobre el acierto o no de usar ganso (y no gallina) en la expresión sajona, pero ese no es el motivo de este post *.

* No me resisto a decir que particularmente creo que tiene más sentido nuestra “piel de gallina”, porque pese a que la similitud visual con la piel desplumada de ambas aves es idéntica, lo cierto es que los gansos son conocidos por su agresividad, mientras en ambos idiomas se emplea “chicken” y “gallina” como sinónimo de cobardía.

Pero vamos al quid de la cuestión ¿por qué reacciona así nuestra piel? Aunque pueda parecerte una majadería (salvo que seas El Sevilla) lo cierto es que humanos y chimpancés tenemos aproximadamente el mismo número de pelos corporales. Lo que sucede es que nuestros pelos carecen ya de utilidad porque son tan finos que prácticamente se han vuelto invisibles.

Existe todo un debate científico abierto sobre el por qué perdimos nuestro vello (hablé de ello en este mismo blog ya en 2009) pero lo cierto es que ninguna de las teorías propuestas hasta la fecha parece imponerse por goleada a las otras, y aunque esta es mi hipótesis favorita, mejor dejarlo para otra ocasión.

Volvamos al asunto de la piel de gallina. Como adivinaréis, la reacción se trata de un remanente heredado de nuestros predecesores evolutivos. Cuando nuestros ancestros peludos se enfadaban, asustaban, o sentían frío, involuntariamente se producía el tensionamiento de unos diminutos músculos situados alrededor de las bases de cada pelo, lo cual hacía que el pelo se les erizase (hoy en día sigue sucediéndoles a nuestros primos los grandes simios).

Esto tenía varias ventajas, les hacía parecer más grandes de cara al enfrentamiento con un rival, pero también (en caso de frío) hacía que entrase más aire en el pelaje, mejorando de este modo el aislamiento térmico del cabello. Como los humanos ya no tenemos pelo corporal capaz de erectarse (aunque la sensación sí que permanece) todo lo que observamos es ese peculiar “granulado” de la piel al que hemos dado en llamar piel de gallina.

El dato lo obtuve por cierto de un artículo genial en The Guardian que me inspiró varios posts para Naukas, entre ellos el enlazado anteriormente sobre el número de pelos en humanos y chimpancés, pero también estos otros dos:

* ¿De verdad tienes los años que crees tener?

* ¿Se puede vivir sin bacterias?

Espero que al leerlos, se te quede por el asombro – y como diría el gran Johan Crruyff – la “gallina de piel” .

La India envía una nave a Marte por el 75% del presupuesto de Gravity

Últimamente veo cierta corriente por parte de los defensores de invertir en investigación espacial (entre los que me encuentro) de poner en contexto las cifras que se manejan, con la sana intención de rebatir las críticas de la marea humana de “ahorradores”. Me refiero a esos que siempre se echan las manos a la cabeza por lo carísimo que resulta todo lo que tenga que ver con abandonar el campo gravitatorio terrestre.

Ayer mismo publicaba yo en Yahoo! (hacia el final de un artículo sobre el centavo de 1909 que hay en Marte) una mención al blog Cost More Than Space, donde uno puede ubicar en su contexto cifras macroeconómicas que – aisladas y carentes de comparaciones – pueden asustar a más de uno. ¿Sabías por ejemplo que en 2012, el gobierno estadounidense se gastó 219,5 millones de dólares en manufacturar monedas de 1 centavo? Monedas que (un poco como nos pasa a nosotros con los céntimos) son despreciadas por su poco valor y suelen acabar depositadas en rincones fácilmente olvidables. Si comparas esa cifra con los 165 millones de dólares que le costó a la NASA fabricar y lanzar el telescopio espacial de rayos-X NuSTAR, vas viendo por donde van los tiros.

Y curiosamente hoy mismo acabo de enterarme, leyendo el veterano y venerable blog Boing Boing, de que los indios acaban de lanzar a Marte un satélite orbitador de Marte llamado Mangalyaan cuyo presupuesto fue de solo 75 millones de dólares. ¡Eso es simplemente el 75% del presupuesto que Hollywood asignó a la producción Gravity, dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón!

Pero claro, estas cifras no servirán para convencer a quienes tienen como prioridad en la vida hacer del cortoplazismo y de la demagogia su bandera. Te responderán indefectiblemente con un: “¿No sería mejor dar de comer a los hambrientos, antes que invertir esas millonadas en el espacio?” Y lo dirán fijando su fiera mirada en ti, pretendiendo hacerte sentir como un nazi inhumano disfrazado de divulgador.

Me pregunto donde estarán estos cuando el envejecido sol se lleve por delante a la Tierra, y la raza humana (o en lo que la evolución nos haya convertido) alcance su supervivencia expandiéndose por la galaxia.

Nota añadida el 19/02/2014: Por lo que veo no sirve de nada quejarse, esta es la reacción al titular del artículo por parte de un usuario de twitter que ni siquiera se había molestado en ver de qué iba el texto.

De chigres y bufetes (palabras que ya no son lo que eran)


Resulta curioso pensar que el término chigre, asociado en Asturias automáticamente con una sidrería de las de solera, con serrín en el suelo y mozos escanciando culines “como Dios manda” detrás de la barra, tenga en realidad un origen marinero. Y es que al parecer, en los barcos existe un artilugio llamado “chigre” que consta de una especie de molinete que gira a mano (con la ayuda de una manivela) que se usa para enrollar cabos, o a modo de polea para subir trastos a bordo. Si lo preferís, podéis pensar en una especie de cabrestante manual, para visualizar el aparato.

Bien, los primeros abrebotellas que aparecieron en las sidrerías, contaban con una manivela que a algún marinero debió recordarle la propia del chigre del barco, y por eso empezaron a llamar “chigres” a aquellos artilugios de descorche. Finalmente y por extensión, el aparato para abrir las botellas terminó dando nombre a toda la sidrería, de ahí que ahora en Asturias nadie – salvo los pescadores o los amantes de la historia tabernaria regional, que habeilos haylos – haya oído hablar alguna vez del aparejo náutico que dio nombre a nuestras tradicionales sidrerías.

La cosa tiene su gracia porque suelo ir a Casa Lin todas las semanas a tomar un caldín de marisco, especialmente ahora en invierno “que ye cuando más apetez”, y hasta hoy nunca había visto el aparato que os muestro en la foto, sin duda uno de los chigres más antiguos de Asturias. Sobre él, un cartel colgado en la pared desde hace probablemente varios lustros explica el origen marinero de la palabra chigre. Yo hasta hoy me tenía por observador, pero está claro que voy por el mundo como un burro con orejeras.

Cambiando completamente de tercio, otro caso curioso de palabra con acepciones diferentes cuyo significado inicial parece haber desparecido ya del habla popular, es el del fuelle empleado para soplar aire y avivar las brasas en las chimeneas. A ese aparato, realizado normalmente con madera y cuero, se le denominaba en muchas zonas del interior de España el bufete, debido al ruido o “bufido” que hacía cuando se le usaba para oxigenar el fuego. La RAE sigue conservando esta acepción:

bufete2. (De bufar).|1. m. ant. Fuelle (|| para lanzar aire).

Pues bien, según puedo leer en una vieja crónica del diario “La Opinión” de La Coruña, en algunos pueblos de Aragón la socarronería popular dió en aplicar al culo el término “bufete”, debido probablemente a la “ruidosa” similitud de nuestro particular fuelle trasero cuando se esfuerza en “lanzar aire”.

Para mi desternille, la crónica gallega antes citada cuenta la historia de un mozo aragonés que tras hacer la mili como escribiente, llegó a Madrid recomendado por uno de sus mandos para empezar a trabajar en un conocido despacho de abogados de la capital. Las crónicas dicen que su futuro jefe, tras enseñarle su despacho le encomendó ordenar sus papeles y realizar ciertas tareas sencillas propias de un escribiente de la época.

Eso sí“, le comentó el abogado al maño para concluir, “todos los días, antes de salir, tendrás que limpiarme un poco el bufete“.

Eso se lo va a limpiar su abuela“, dijo el aragonés antes de marcharse destemplado dando un gran portazo.

Y es que como digo en el título de este post, hay palabras que ya no son lo que eran…

Los calvos más cerca de recuperar su exhuberancia capilar

Era cuestión de tiempo dar con el avance definitivo, porque la “solución Berlusconi” no estaba al alcance de todo el mundo. Supuestos remedios mágicos contra la calvicie los ha habido desde el inicio de los tiempos, y en todas las ocasiones se trataba de un sacaperras con el que timaban al pobre hombre de frente despejada. Tras pagar por uno, dos, o incluso tres engaños, al final todos acababan por asumir su alopecia y dedicarse a otra cosa. Pero ahora no, ahora parece que va en serio y que la solución definitiva podría venir de ese santo grial de la medicina que – si cumplen las expectativas – serán las células madre.

Por lo que leo en Popular Science, un equipo de científicos de la Universidad de Pennsylvania y del Instituto Tecnológico de New Jersey acaban de anunciar un avance hacia una solución perfecta para la calvicie: hacer crecer de nuevo el cabello natural empleando para ello muestras de piel.

Para este trabajo, los científicos tomaron muestras de células epidérmicas de un donante humano y las transformaron en un tipo particular de célula que la gente pierde cuando llega el otoño permanente a su cabellera, las así llamadas células madre epiteliales (CMA para abreviar). Esta es la primera vez que se logra convertir células adultas (de piel en este caso) en CMA. Una vez conseguidas estas últimas, los científicos las transfirieron a la piel de varios ratones, que más tarde lograron hacer crecer el cultivo de células epidérmicas humanas (con sus folículos pilosos). Fue cuestión de esperar un poco, y el cabello humano comenzó a brotar de los injertos aplicados a los ratones.

Para recorrer el camino que va de células epidérmicas a células madre epiteliales hubo que seguir dos pasos. El primer logro, convertir las células de piel en células madre pluripotentes o CMP (las que se encuentran en los embriones) se consiguió por primera vez en 2004, aunque desde entonces hasta ahora las técnicas se han refinado mucho. El segundo paso es el que han logrado ahora los científicos de las dos universidades estadounidenses citadas anteriormente, convertir las CMP en CMA, para lo cual tuvieron que controlar ciertos compuestos químicos llamados factores de crecimiento, cuando las células se alimentaban.

Entonces… ¿está el fin de la calvicie a la vuelta de la esquina? Bueno, mucho más cerca si, pero al parecer existe una segunda clase de células epidérmicas que se pierden cuando comienza la alopecia, y de momento nadie ha logrado descubrir cómo devolverlas a su lugar. ¿Lo lograrán las células madre de nuevo? Confiemos en la ciencia.

De cerebros jóvenes y viejos


Hacerse viejo es un asco, los médicos empiezan a quitarte cosas, el cuerpo se empeña en negarte otras por si solo, y según dicen – pasados los 45 – el cerebro empieza su lenta e inexorable “cuesta abajo”. Mis hijos consiguen recordar el nombre de los hoteles en los que pasamos cada verano, e incluso los nombres de los padres de los amigos que allí hicieron. Yo en cambio tengo que hacer esfuerzos para recordar el nombre de la ciudad.

Con 43 recién cumplidos, me agobia eso de sentir que “voy pa vieyu” (como decimos en Asturias) ya que por otra parte mantengo invariable mi sentido de la curiosidad. Leo mucho, escribo casi a diario y en general siento que mi cerebro tal vez se haga más lento, pero no menos poderoso. Me niego a asumir eso que el lingüista alemán Michael Ramscar publicó hace unos años sobre el declive cognitivo que comienza a los 45 (su trabajo giraba en torno al vocabulario).

Cierto, a veces me cuesta rescatar la palabra que busco en el interior de mi enmarañado cableado cerebral, pero por otro lado encuentro interesantísima la conversación de algunas “personas mayores” como el tristemente desaparecido Jose Luis Sampedro. Así que eso de que pasada cierta edad, nuestros sesos empiezan a “caducar” como que no… si hace falta incluso emplearé la manida herramienta de autoconsuelo que sostiene que el buen vino mejora con la edad.

Y bueno, en esas que me encuentro hoy con un interesante artículo en National Geographic que viene un poco a calmar mis temores.

El artículo se centra en el propio Michael Ramscar, que tenía 45 años cuando publicó aquel trabajo antes citado sobre el declive, pasada esa edad crítica, en el manejo y riqueza del vocabulario de una persona. Ramscar, no debió quedar muy contento con sus conclusiones, que le atañían personalmente, por lo que siguió estudiando el asunto desde otro punto de vista. “¿Quién tiene mejor memoria, los jóvenes que recuerdan todo y saben muy poco, o los viejos que aprendieron un montón y olvidaron un poco?” Y luego añade “¿No será que los científicos que investigan sobre la memoria, hacen las preguntas equivocadas?”

Los resultados de su nuevo trabajo, titulado “El mito del declive cognitivo, dinámicas no lineales de aprendizaje a lo largo de toda una vida”, acaban de publicarse en la revista Topics in Cognitive Science. El paper argumenta que las cabezas mayores y más sabias (y libres de enfermedades degenerativas como el Alzheimer) podrían estar tan llenas de conocimiento, que simplemente hace falta un poco más de tiempo para encontrar en ellas la información almacenada. En el fondo tiene sentido. Cualquier informático sabe que encontrar direcciones de memoria en un disco semi-vacío, para extraer los datos allí almacenados, es un proceso que se hace más lento a medida que el disco se va llenando de bits.

Más adelante, en el mismo artículo, otros científicos sostienen que el trabajo de Ramscar está muy bien y es bienvenido, pero que a pesar de que entienden su rebeldía y negación a considerarse inferior intelectualmente a los más jóvenes, lo cierto es que físicamente un cerebro se hace más lento por el mero hecho de envejecer. En algunas áreas, estudios realizados con herramientas de visionado por resonancia, prueban claramente que incluso los cerebros sanos muestran señales de “encogimiento” en zonas relacionadas con el aprendizaje, el razonamiento y la memoria.

Algunos pensaréis que el segundo trabajo de Ramscar, motivado por insatisfacción personal con el primero, podría tener un tufillo a mala ciencia. ¿Habrá por casualidad partido de las conclusiones deseadas, para luego encontrar las evidencias que las soportan? No tiene esa pinta el paper, pero confieso que a mi este lingüista que se niega a envejecer me ha conquistado, aunque sospecho que esto tiene que ver con esos 43 añazos que acaban de caerme encima. Me gustaría creer, y perdonad si parezco presuntuoso, que la sabiduría seguirá creciendo en mi interior (como la fuerza en los Jedi) y que esta ganancia me ayudará a compensar el impepinable declive físico de mi mollera, cuyo inicio podría estar ya a la vuelta de la esquina.

Cosas de la edad supongo…

¿Sabías que el color de ojos de los renos cambia por navidad?

En estas fechas navideñas, días después de que Santa y sus renos hayan visitado a vuestros pequeños, acabo de descubrir una cosa muy interesante sobre estos nórdicos cuadrúpedos. Puede que lo de que a Rudolph se le ilumine la nariz cuando encabeza el tiro del trineo cargado de regalos sea un mito, pero… ¿sabías que los renos tienen los ojos dorados cuando los días en Laponia son luminosos, y que estos se vuelven azules cuando llegan las largas noches? .

Sería precioso achacar este asombroso cambio a la magia de la navidad, pero va a ser que no. Según he podido leer en un estudio publicado a comienzos de año en el Proceedings of the Royal Society B, este cambio de color se da en el tepetum lucidum, que es una capa de tejido situada en la parte posterior del ojo de los renos (y de otros muchos animales vertebrados).

Esta capa refleja la luz visible hacia atrás, justo hacia la retina del cérvido. De hecho, este fenómeno se ve también en los ojos de los gatos y los perros cuando al hacerse de noche, parecen brillar en la oscuridad. En los días de verano, el tejido ocular de los renos se “pinta” de oro, que es el color común para los ungulados. Pero luego, cuando llega la oscuridad de las largas noches de invierno, el tono de los ojos se vuelve azul para capturar el máximo de luz posible aumentando su reflexión. Sin embargo este cambio tiene también su inconveniente. La agudeza visual de los renos se reduce, y en la noche apenas distinguen formas borrosas. Eso si, cuando al otro lado del bosque puede haber una manada de lobos hambrientos, el cambio de no ver nada en absoluto a ver las cosas con poca claridad puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

¿Será este fenómeno el origen del “luminoso” mito de Rudolph y sus colegas tirando del trineo de Papa Noel? Puede que sí, aunque a mi siempre me han gustado más los camellos de los Reyes Magos. No obstante, estas no son fechas para discutir ¿verdad? Lo mejor es desearos a todos un feliz año nuevo para el 2014.

Me enteré leyendo Popular Science. (El dibujo que ilustra el post corresponde a la portada de este precioso libro troquelado de 1939).

Kjell Sandved y su alfabeto mariposa

Alfabeto mariposa por Kjell Sandved

Maravillado me he quedado al contemplar la belleza, y el laborioso trabajo que hay detrás, de esta especie de fuente tipográfica natural, donde cada caracter que veis estaba oculto entre los sinuosos y elegantes patrones de las alas de multitud de mariposas y polillas. El autor de esta preciosa iniciativa es un nonagenario fotógrafo noruego especializado en naturaleza, llamado Kjell Sandved, quien según puedo leer tardó 24 años en encontrar los 36 caracteres (las 26 letras del alfabeto inglés más los 10 dígitos) que podáis ver en la foto. A él le gusta llamarlo el alfabeto mariposa, y por lo que veo se ha montado una web comercial donde puedes encargar una impresión de tu nombre a unos 3,75 USD la letra.

Me enteré leyendo Mymodernmet.com.

De onomásticas blogueras, tetas, leches y quesos “humanos”

Daniel Angerer, su mujer, el niño y el queso de las sobrasLa verdad es que no actualizo mi blog muy a menudo, pero esta tarde tenía marcada la fecha en el calendario porque el blog cumple en unas horas 7 años, y no era cuestión de dejar pasar la onomástica.

Bien, pasado el momento Loreal, empecemos con el contenido. Acabo de pasarme por Straight Dope a echar un vistacito. Los que me leéis sabéis que siento debilidad por este consultorio científico dirigido por un borde cachondo como pocos, Cecil Adams.

A Adams lo que más le gusta es reírse a la cara de sus lectores, lo cual no es complicado vistas las preguntas que le llegan, aunque luego hay que reconocer que el tío se documenta y responde con rigor y abnegación cristiana (sea lo que sea eso). La preguntita destacada de hoy se las traía: ¿Alguien ha hecho queso alguna vez con leche materna humana?

Pues resulta que sí. Miradle en la foto. ¡Qué cara de felicidad! No es para menos. Es un chef neoyorquino de cierto éxito, con local en la zona pija de Chelsea, y que responde al nombre de Daniel Angerer. La vida le sonríe. Está casado con una hermosa mujer, que le ha dado un bebé pelón (casi como el propio papá) y que viene equipada con dos glándulas mamarias que – ahí está la clave – producen un exceso de alimento para enanos. Y claro…. están los tiempos como para tirar, mirusté.

Por eso al bueno de Angerer se le ocurrió aprovechar esa “leche que no has de beber” para hacer un postre a base de queso humano. En realidad la idea no se le ocurrió ahora, sino en 2010, pero una cosa tan genial merece la pena seguir siendo tomada en consideración. Por cierto, si tienes conocimientos de cocina y una mujer con superavit lácteo cerca, aquí tienes la receta del postre, a la que en un alarde de originalidad ha llamado: “Mommy’s Milk”. Mejor eso que irte al restaurante en Chelsea porque el niño ya ha crecido, la teta se ha secado, y según puedo leer además Sanidad le pidió en su día (supongo que al poco de hacerse famoso con el postrecito) que cesara en su empeño, por lo que el “Mommy’s Milk” ya no está en la carta.

Por lo que leo en un artículo de la época publicado en el New York Post, un crítico de cocina describió al postre (que por cierto también aparece en la foto familiar) como: “bastante blando, ligeramente dulce. Lo que resulta desagradable es su inesperada textura, extrañamente blanda, elástica, como la de la panna cotta“.

En cambio la donante de la leche creía que el queso no estaba del todo mal, sobre todo si se le maridaba con una buena copa de Riesling (vino blanco alemán). Una pena que el niño no haya tenido ocasión de probar el postre una vez adulto, me atrevo a apostar que la receta habría triunfado seguro, porque ya se sabe que como lo que prepara mamá no hay nada.

En fin, nunca he sido muy fan de los requesones con miel, ni de las leches poco fermentadas. Eso sí, adoro el queso en todas su variedades, cuanto más curado mejor. En España tenemos la fortuna de poder acceder a posiblemente la mejor selección de quesos del mundo. Entre otros: Manchego, Idiazábal, Cabrales, Torta del Casar, etc. Y sabéis qué, este hombre podría haberse ahorrado el experimento viniendo aquí y pidiendo una buena ración de Tetilla Gallego. ¡Dónde va a parar la diferencia, leches!

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