Entrevista a Ricardo Amils, Naukas 2013

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El último fin de semana de septiembre, durante el evento Naukas Bilbao 2013 tuve el enorme placer de entrevistar al microbiólogo Ricardo Amils (el mayor experto mundial sobre los extremófilos de Río Tinto) sobre el escenario del paraninfo de la Universidad del País Vasco. Los temas fueron fluyendo de forma natural y el tono didáctico y buen humor de Amils me hizo disfrutar sobremanera de la experiencia. Para aquellos que no pudisteis acudir, deciros que el fantástico equipo de la EITB no solo grabó todo el evento, sino que además ha colgado los vídeos en su web (e incluso en Youtube). Espero que disfrutéis de la entrevista y que entréis en la web de la EITB para ver muchas otras charlas de interés.

Logran ‘recablear’ los nervios de un amputado para que controle una pierna robótica

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De acuerdo, el acabado todavía no es tan perfecto como el de la mano biónico que le implantan a Luke Skywalker tras perderla en mítico combate de sables Jedi con Darth Vader (“Yo soy tu padre”), pero sin duda es lo mejor que he visto hasta la fecha.

Según puedo leer en Nature, el protagonista del vídeo superior es un hombre de 32 años que perdió la pierna derecha en 2009 (desde la rodilla) en un accidente de moto. Aparentemente, este hombre es la primera persona en el mundo capaz de controlar una pierna robótica con su mente. Los responsables de este logro impresionante son el ingeniero biomédico Levi Hargrove (del centro de medicina biónica del Instituto de Rehabilitación de Chicago) y su equipo.

Al contrario que en casos anteriores, el usuario de la pierna robótica no emplea un interruptor por control remoto, ni necesita exagerar las sacudidas de sus músculos para elegir entre varios tipos de movimientos. De hecho, cuando se sienta, no necesita posicionar la pierna en “modo descanso” con sus manos, como ocurre en modelos anteriores.

Lo único que necesita es señales neurológicas. Ellas son las que controlan su rodilla motorizada y su prótesis inferior. Y si estáis pensando que hizo falta implantar electrodos en su cerebro os equivocáis. Lo que han hecho estos científicos es redirigir los nervios que controlaban la pierna real del paciente antes del accidente y conectarlos con unos sensores, embebidos en la pierna robótica, que son capaces de medir los pulsos eléctricos creados por las contracciones de los músculos. El resultado es el que estáis viendo, el hombre ha vuelto a caminar sin ayuda de muletas.

El equipo de Hargrove espera que dentro de tres o cinco años, muchas otras víctimas de amputación puedan beneficiarse de esta prometedora tecnología.

Los datos de este trabajo se han publicado en The New England Journal of Medicine.

Me enteré leyendo Nature.

Cultivando mini-cerebros en el laboratorio

modelando cerebros
Esta agrupación de células neuronales – esa especie de ojo rudimentario que aparece a la izquierda de la imagen – no es mayor que una semilla de manzana y sin embargo podría aportarnos el mejor modelo hasta la fecha de un cerebro humano en desarrollo.

La agrupación, cultivada a partir de células madre embrionales, contiene un número sorprendente de estructuras que recuerdan a los cerebros humanos en sus fases tempranas de desarrollo, entre las que incluyen tejido retinal, córtex cerebral (la capa externa del cerebro) y los plexos coroideos (la cavidad que produce el fluido cerebroespinal)
.
Un grupo de científicos está usando estas estructuras para estudiar la microcefalia, un trastorno en que la cabeza y el cerebro aparecen anormalmente pequeños.

En su estudio, estos científicos reprogramaron células de una persona que padecía este trastorno para convertirlas en las así llamadas células madre pluripotentes inducidas, y luego las utilizaron para cultivar organoides.

Tal y como explicaron en Nature los científicos responsables del estudio, las células derivadas del paciente produjeron un organoide encogido. Ciertas células precursoras maduraron antes de lo normal, provocando que el crecimiento de tejido se detuviera prematuramente. Las semejanzas con un cerebro real, sin embargo, solo llegaron hasta ese punto.

Los organoides no poseen ningún vaso sanguíneo por lo que las células que e encontraba en su interior murieron. Alcanzaron un tamaño máximo de tres milímetros de diámetro después de 2 a 3 meses y trras el cuarto mes no desarrollaron ningún tipo nuevo de célula. Por esa razón los organoides no son aún de utilidad para el estudio de trastornos del desarrollo neuronal más complejas como el autismo o la esquizofrenia.

Los investigadores trabajan ahora en formas de fabricar organoides más grandes, pero en su opinión, los obstáculos técnicos a los que se enfrentan harán muy poco probable que estos mini-cerebros sean algún día capaces de realizar funciones cerebrales de alto nivel.

Sea como sea, si en su día Mary Shelley escribió Frankenstein inspirada por los fenómenos eléctricos que Volta dio a conocer al viejo mundo. ¿Qué novela habría escrito a día de hoy después de una noticia tan impactante como esta?

Me enteré leyendo Science.

Historia del cura que hacía pantalones para ranas

rana con calzoncillos

Reconozco que cuando crecí y entendí el misterio de la reproducción sexual (o lo que es lo mismo, cómo entra en contacto la semillita del macho con la de la hembra), me pregunté cómo se habría dado cuenta el primer humano, siendo la cosa tan complicada…

Saber que el sexo estaba relacionado con la reproducción, seguro que fue cosa de cuatro días. La gente se daría cuenta en seguida de que tras los acaloramientos, los empujones, el frenesí y las descargas, venían bebés. ¿Pero cómo saber qué parte del divertido proceso era la clave germinal?

Bien, la respuesta “científica” nos la dio un cura, lo cual no deja de tener su gracia. Pero antes de que empecéis a pensar que el párroco aquel era un hombre de vida disoluta, debo especificar que para tal descubrimiento empleó ranas, y no su propia experiencia.

Esta tarde, navegando por la red, me encontré con la foto que ilustra este post, una rana del todo veraniega. Inmediatamente me acordé de aquel cura, llamado Lazzaro Spallanzani, italiano él, y hombre de curiosidad que pasó a la historia por su experimento.

Corría la década de 1760, y el bueno de Spallanzani descubrió el propósito del sexo realizando ropajes de tafetán, con los que vestía a ejemplares machos de ranas. Imaginamos que aquellos pantalones debían de dar un calor espantoso, pero las ranas machos hacían lo que podían con ellos puestos.

Cuando Spallanzani dejaba a sus machos “vestidos” en compañía de apetitosas hembras, los pobres las montaban y se frotaban con mucho ahínco, pero con escasos frutos reproductivos. Las hembras, ponían huevos sí, pero de aquellos no salían jamás renacuajos.

Solo cuando los machos actuaban “despelotados”, los huevos se fertilizaban. El sentido común del buen párroco determinó que el semen de los machos era condición “sine qua non” para que los renacuajos vieran la luz.

Ahora nos puede parecer un experimento ridículo, pero cabe recordar que en aquella época se creía aún en tonterías como la generación espontánea, o lo que es lo mismo, que de la materia inanimada podían surgir seres vivos.

Con permiso de los antiguos egipcios y romanos, que ya usaban vegijas de animal como “forro protector” (aunque seguramente sin comprender muy bien su mecánica) podemos afirmar que sin proponérselo, el buen párroco italiano había descubierto el principio del anticonceptivo, lo cual puede dar lugar a tal cantidad de chistes que prefiero dejarlo aquí ya que como sabéis lo que vino después es historia.

La “increíble” historia de la estatuilla egipcia que giraba sola

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Esta noticia cumple todos los requisitos para llamar la atención de los fanáticos de programas de chorras-misterios como el presentado por Friker. Habla de una estatuilla egipcia de 3.800 años de antiguedad y 30 centímetros de alto, expuesta en una vitrina del museo de Manchester, que se pasaba el día rotando (sin motor) de forma lenta pero segura, aunque a un ritmo imperceptible para el observador. Vamos, que los visitantes tan pronto se la encontraban el lunes mirando al frente, como la hallaban el jueves dándoles la espalda, sin que aparentemente nada ni nadie mediase en el movimiento, claro.

¿Fuerzas telequinésicas, un Caballero Jedy en la plantilla del museo con ganas de tomarle el pelo al público, una prueba más del poder de Isis, la maldición de una momia Derviche? Nada de eso me temo, aunque la verdad es que el vídeo a cámara rápida que han grabado los responsables del museo es ciertamente “molón”.

En el Independent cuentan la historia de Campbell Price, el egiptólogo del museo, que cree que la institución puede ser víctima de una antigua maldición, ya que él es el único que tiene la llave de la vitrina donde la estatuilla se va “de gira”.

Y es que el pobre hombre estaba anonadado, puesto que cada día tenía que recolocar la dichosa estatuilla discotequera. Para resolver el misterio ubicó una cámara que tomase una instantánea de la figurilla cada cierto tiempo, y con ello creó el vídeo time-lapse que ilustra este post. Así fue como se dio cuenta de que la estatuilla, que por cierto fue encontrada en el interior de un sarcófago acompañando a una momia egipcia, se pasaba el día (pero no la noche) girando por sus propios medios.

Y aquí viene lo bueno (y “para-anormal”). Al parecer para los antiguos egipcios, si la momia resultaba destruida, entonces el doliente podía tomar la estatua como vaso en el que introducir su espíritu. ¿Sería eso acaso lo que provocaba el movimiento? Cuesta creerlo, pero para este hombre esa debía ser la explicación (supongo que lo hace de forma interesada, de lo contrario estamos ante un caso de estupidez supina).

Obviamente el fenómeno no tiene nada que ver con maldiciones milenarias. Tal y como explican en io9, lo más probable es que el movimiento se deba al diferencial de fricción. Cuando dos superficies lisas diferentes (la planta de la estuilla y la estantería de cristal) se frotan la una contra la otra bajo ciertas fuerzas (en este caso a medida que los pasos de los viandantes crean vibraciones sobre el suelo del museo) ambas superficies tienden a resbalar la una sobre la otra. Eso explicaría que el en vídeo, la estatua se eche “a dormir” por la noche, en ausencia de visitantes.

Conociendo a los británicos, y a su afición por las historias de fantasmas, es lógico que los responsables del museo no crean la explicación física y científica, y estén encantados con la alternativa (mucho más “espiritual”) del egiptólogo Frikeriano. Si yo fuera el mandamás del Museo de Manchester lo despedía fulminantemente, pero claro, a lo mejor las visitas (y los donativos) se han disparado desde que la lisa superficie de la estatua gira “misteriosamente”. ¡Habemus negocio!

Tendría gracia que las maldiciones egipcias se solucionasen revistiendo estanterías de cristal con un poco de parafina ¿verdad? Los surferos lo hacen constantemente para no caerse tan fácilmente de la tabla. Y es que… con perdón, menuda mierda de misterio que se arregla con un quítame allá esa fricción. En fin, si en Belmez tenemos “caras” en la pérfida Albión no van a ser menos.

Me enteré leyendo The Independent.

La cerveza a mi me pirra y se la pido al Dron-Birra

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Drones que sueltan zambombazos por control remoto, drones paparazzi que te espían cuando sales de la ducha, drones que te persiguen por la M40 vigilando que no te saltes el límite de velocidad. ¡Me temo que en unos añitos acabaremos todos hasta los co-drones de los drones! Y es que el futuro de nuestra intimidad tiene mala pinta con tanto avioncito robot. Que ya lo veo venir, que en plena siesta veraniega te pegas una palmada en la jeta creyendo que el molesto run-run ese es de un mosquito, y a lo mejor te acabas de cargar a un RoboBee enviado por hacienda para mirar si guardas “Bárcenas” debajo de tu cama.

Menos mal que hoy mismo le he encontrado por fin una utilidad a esto de los drones. Al parecer este verano en Sudáfrica, los organizadores de un festival de música llamado OppiKoppu van a probar el primer sistema de entrega aérea de birra en el mundo.

La idea, como podéis ver en el vídeo, es equipar un octo-rotor manejado por control remoto con una bodega con apertura automática y capacidad para una lata. La cosa, claro está, depende de un paracaídas acoplado a la lata. De este modo logramos que la cerveza baje sin abrirle la cabeza al joven que tenga la desgracia de pasar por abajo.

En teoría podrás pedir una birra a la organización a través de tu whatssap (por ejemplo). No tengo claro como arreglar lo del pago, pero resuelto este problema tendrás que enviarles las coordenadas que marque el GPS de tu smartphone para que sepan donde estás. Tras eso simplemente te quedas esperando a que el helicóptero de juguete pase sobre ti y te haga la entrega aérea.

Me encanta la tecnología, pero me vais a perdonar con esta idea del Dron-Birra. Me confieso del todo escéptico, tanto en el precio del servicio (¿te devolverán pasta si retornas el paracaídas?) como en la exactitud con la que se realice la entrega. Porque en medio de un concierto multitudinario, con 50.000 jabatos pegando botes al compás del chunda-chunda, alguien ve una lata de cerveza bajando en paracaídas y ríete tu de las carreras de San Fermín que se pueden formar para pillarla.

Eso sí, como diría Gila: “Me habéis matado a 5.000 chavales por una lata de Heineken, pero lo que me he reído…”.

Me enteré leyendo Popular Science.

Un par de bemoles (o el escaso sentido del humor de la NASA)

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Traducir no es una ciencia exacta, yo prefiero compararla con una suerte de interpretación. Una de esas expresiones anglosajonas difíciles de traducir al castellano de forma literal, y que por tanto depende mucho de su contexto, es “the right stuff”, que podríamos hacer equivalente a: “lo que hay que tener”, “como debe ser”, “en su justa dosis” o incluso en plan cañí: “con un par de bemoles”. ¿A qué viene este desbarre?

Bien, una de las mejores películas de todos los tiempos sobre la carrera espacial se tituló en castellano “Elegidos para la gloria”, crimen incomprensible para una obra titulada simplemente “The Right Stuff”. No recuerdo las veces que la he visto (a pesar de superar alegremente las 3 horas de metraje) pero si recuerdo lo mucho que me impresionó la claustrofóbica escena en que Fred Ward (que interpretaba a Virgil “Gus” Grissom) abandona la cápsula Liberty Bell 7 tras la explosión de la escotilla (podéis verla aquí a partir del minuto cinco).

Grissom, un auténtico héroe de la historia espacial que perdió la vida junto a Ed White y Roger Chaffee durante unas pruebas de lanzamiento previas al Programa Apolo (prueba que en honor a los fallecidos terminó de hecho siendo conocida como Apolo 1) siempre afirmó que la escotilla explotó sin que él la manejara, pese a que los ingenieros de la NASA sostenían que eso era materialmente imposible. Liberty Bell 7, nombre elegido por Grissom para bautizar a la cápsula de la misión Mercury-Redstone 4, se perdió en el océano aquel año de 1961 por la inundación provocada tras la apertura de la escotilla, y permaneció hundida hasta que fue recuperada en 1999 en una expedición financiada por Discovery Channel.

Durante todos estos años, el debate sobre si Grissom activó la escotilla manualmente presa del terror (algo impensable para alguien “elegido para la gloria”) o si se debió a un hecho fortuito causado por un fallo en el diseño, ha seguido vivo y coleando. He llegado a recordar todo este asunto por un post que acabo de publicar en Astronomía para Terrícolas, en el que se recuerda la guerra posterior entre Grissom y la NASA, a base de puñaladas humorísticas.

Al parecer el nombre de cada cápsula era elegido por el comandante de la misión, de modo que ese “Liberty Bell 7″ (un recuerdo al mitificado símbolo de la independencia estadounidense localizado en Philadelphia) se lo debemos como os había adelantado al propio Grissom, quien por cierto tuvo ocasión de volver a elegir nombre cuando le asignaron el mando de la primera tripulación de una nave Gemini.

Fue entonces cuando aprovechó la oportunidad para seguir defendiendo su honorabilidad en el suceso de la Liberty Bell 7. Por ello, Grissom eligió muy astutamente un nombre con el que honrar a la heroína del hundimiento del Titanic Margaret Brown (conocida popularmente como “la insumergible Molly Brown”) proponiendo dicho mote (“The Unsinkable Molly Brown“) para la Gemini.

La NASA no encajó bien el golpe, no quería referencias “insumergibles” en sus cápsulas y obligó a Grissom a elegir otro nombre. Grissom propuso entonces llamarla simplemente “Titanic“. Podemos imaginar el rifirrafe que el piloto de pruebas y los ingenieros tuvieron al respecto. Al final, la bronca se zanjó llamando a la nave “Molly Brown” a secas, tras lo cual la NASA acabó con la costumbre de permitir a los comandantes bautizar a sus cápsulas. ¡Eso es tener poco sentido del humor!

Nunca sabremos qué fue lo que le pasó a la escotilla de la cápsula Mercury-Redstone 4, pero de lo que no cabe duda es que Virgil “Gus” Grissom tenía un buen par de bemoles…. o si lo preferís “the right stuff”.

La primera cámara portatil para grabar escenas en movimiento era un rifle

Rifle Fotográfico de Étienne-Jules Marey
Un poco de historia fotográfica nunca viene mal. Lo que veis sobre estas líneas es una ilustración de la primera cámara portátil para grabar escenas en movimiento y se lo debemos a un científico francés llamado Étienne-Jules Marey, quien lo diseñó en 1882. Lo curioso como veis, es que tiene forma de arma por lo que no extraña que su autor lo llamara simplemente Fusil Fotográfico.
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La cámara de Marey fue diseñada para tomar imágenes de aves en vuelo. A la vertiginosa (para la época) velocidad de 12 tomas por segundo, las imágenes se captaban en un plato circular de gelatina. Cada uno de las exposiciones duraba 1/720 segundos, y servían para que el autor pudiera estudiar el movimiento de animales, insectos, aves e incluso humanos.

Para operarla, simplemente había que apuntar con el arma hacia el objetivo, enfocar correctamente (para lo cual había que alterar la longitud del cañón) y tras eso, literalmente “disparar” 12 exposiciones en rápida sucesión. Al ser mucho más ligera, pequeña y manejable que una càmara estática, Marey era capaz de tomar imágenes mientras seguía el rumbo de las aves.

Según puedo leer, en la Borgoña francesa se conserva una de estas cámaras en el Museo Étienne-Jules Marey, junto a algunas de las placas originales, que aún se pueden hacer girar para contemplar la animación.

Me enteré en Petapixel.

¿Qué importancia tendría encontrar evidencias de vida en Marte?

Julia deMarinesLa joven aunque sobradamente preparada Julia DeMarines contesta desde la tribuna “pregúntale a un astrobiólogo” de la web del Instituto de Astrobiología de la NASA, con la misma solvencia científica que su superior, el mítico David Morrison, pero con un pelín más de gracia. Como muestra un botón, tras una interesante pregunta de un lector.

Pregunta: Imaginemos que se encuentran evidencias de vida en Marte, bien sea por encontrar fósiles o vida actual. ¿Qué importancia tendría y cómo afectaría a las futuras misiones espaciales de la NASA?

Respuesta: Encontrar pruebas de la presencia de vida en Marte afectaría a todo el mundo en modos diversos. Algunos no lo encontrarían interesante en absoluto, otros encontrarían la noticia amenazante por motivos religiosos, y algunos otros sentirían que el hallazgo sería el más importante de la historia.

Ciertamente, desde el punto de vista científico, encontrar vida en Marte provocaría algunas preguntas interesantes. Las más importante tendría que ver con la determinación del origen de esa vida, para saber si de algún modo compartiría un ancestro común con las formas de vida terrestres.

Si estuviera relacionada con la vida en la Tierra, el siguiente gran paso (si fuera posible) sería determinar quién sembró las semillas en quién. ¿Se originó la vida en la Tierra y desde aquí viajo a Marte gracias al impacto de un meteorito? ¿Sucedió lo contrario y la vida llegó hasta nuestro planeta azul desde el vecino Marte? Si las formas de vida terrestres tuvieran en realidad un origen extraterrestre, la noticia haría ciertamente que muchos girasen la cabeza asombrados.

La astrobología es el estudio de la vida en el universo, y en lo que compete a este campo de la ciencia, el hecho de encontrar formas de vida que no se han originado en la Tierra implicaría de inmediato doblar nuestra colección de datos, ya que el único ejemplo conocido hasta la fecha es el de nuestro mundo.

Si piensas en ello, todo lo que sabemos de la vida en el universo viene de la Tierra. Si tuviésemos otra muestra de vida (vida que encontró un camino evolutivo distinto) el potencial de adquirir un enorme caudal de conocimiento sobre la vida en el universo sería inmenso.

Un descubrimiento así nos daría esperanzas ya que probablemente no estaríamos solos en el cosmos. En mi opinión, la NASA alteraría sus prioridades de financiación dedicándole recursos al estudio en profundidad de esta evidencia de vida. Dependiendo del dinero y la tecnología de la que dispusiésemos en ese momento, los siguientes pasos podrían encaminarse en destinar más esfuerzos a la construcción de rovers y módulos de aterrizaje más sofisticados, diseñar una misión que pudiera recoger muestras y traerlas de vuelta a la Tierra, o incluso llegar tan lejos como para financiar misiones tripuladas a Marte.

Tengamos esperanza en el futuro, un descubrimiento así haría que las naciones de la Tierra se uniesen y colaborasen en la financiación e investigación, ya que cualquiera de las misiones antes mencionadas supone un gasto enorme para un solo país.

¡Gracias por tu pregunta Jon! Me gustaría acabar preguntándote cómo reaccionarías tu ante un descubrimiento de la importancia y naturaleza de la que nos hablas. ¿No harías un pequeño bailecito “Yipi-Yupi-Hurra-Flípalo-tío-hay-vida-en-Marte”? Yo creo que en mi caso si que lo haría, pero ¡eh! … allá cada cual con sus cosas.

Julia DeMarines (1 de febrero de 2013).

Publicado originalmente (en inglés) en la web de la NASA.

El barco que navegó brevemente hacia el cielo

explosion nuclear 1946
Entre 1946 y 1958, los Estados Unidos realizaron en el Océano Pacífico hasta 20 pruebas nucleares en una pequeña isla llamada Atolón Bikini, perteneciente a las Islas Marshall, estado independiente desde 1990. Los habitantes indígenas fueron previamente desalojados por el ejército estadounidense, y aunque algunos intentaron regresar a comienzos de la década de los 70, la radiactividad imperante en la zona obligó a su evacuación.

Antes de la primera explosión en 1946, la zona era usada por el ejército estadounidense como cementerio de buques, lo cual supongo que tuvo su influencia a la hora de elegir ese atolón como el lugar idóneo para la realización de pruebas nucleares destinadas, entre otras cosas, a comprobar los efectos de las armas nucleares sobre los buques de guerra.

Por tal motivo se realizaron dos detonaciones en una operación llamada Crossroads, la primera de las cuales se realizó a una altura de 160 metros sobre los buques. Hoy en día en cambio, casi todo el mundo recuerda la segunda – asociada a una bomba llamada Baker – ya que fue la primera prueba nuclear submarina realizada en la historia. Debido a las peculiaridades de una detonación nuclear bajo el agua, las fotografías realizadas durante la prueba Baker resultan fácilmente identificables, y ciertamente impactantes tanto por el devastador poder que revelan, como por la belleza casi onírica de la física que hay tras ellas.

Pero centrémonos en la foto que ilustra este post, que en realidad es un detalle aumentado de la base del hongo, extraido de esta espectacular instantánea tomada desde una distancia de 5,6 kilómetros con respecto al punto de la deflagración. El artefacto Baker, de 23 kilotones (por tanto bastante más potente que Little Boy, la tristemente famosa bomba de Hiroshima, de 16 kilotones) explosionó el 25 de julio a una profundidad de 27 metros.

Para darnos idea de la potencia, señalar que la mancha negra que se ve a la derecha de la columna de agua y arena, es en realidad un barco enorme flotando completamente por los aires. La explosión elevó dos millones de toneladas de agua (el contenido de 800 piscinas olímpicas) hacia el cielo en un instante, creando una columna de 1800 metros de alto y 600 metros de ancho. El grosor de los “muros” de esa columna era de más de 90 metros.

La esperanza de vida de todos los que participaron en el ensayo se redujo una media de tres meses, y la historia habló posteriomente de aquella prueba como “el primer desastre nuclear del mundo”. Mejor no pedirle su opinión a los ex-nativos.

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Si quieres ver más fotos de aquel histórico día puedes visitar este post en Petapixel.

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