¿Qué hacemos con el virus de la viruela: destruirlo o conservarlo?


Se estima que durante el siglo XX murieron unos 300 millones de personas a causa del virus de la viruela. Luego se desarrolló una cura, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró erradicada la enfermedad en 1979. Desde entonces, las únicas muestras vivas del variola virus, el causante de la viruela, se encuentran aisladas en el CDC de Atlanta (EE.UU.) y en Rusia, donde reposan a buen recaudo desde hace 45 años.

¿Deberíamos destruir esas muestras y declarar extinto el virus? Hay quien opina que deberíamos hacerlo, para salvaguardar al mundo de un posible error de confinamiento o de un robo con la intención de emplearlo en un ataque terrorista. Otros en cambio creen que merece la pena conservarlo por su potencial en investigación y para elaborar vacunas.

¿Pero de verdad necesitamos seguir fabricando vacunas para una enfermedad que ya no ataca a los humanos? El último caso de contagio natural fue diagnosticado en 1977, y a día de hoy el riesgo de que este virus reaparezca es minúsculo. No obstante, los científicos desconocen con exactitud el tiempo que el virus puede sobrevivir en tejidos muertos.

En anteriores ocasiones, los científicos han logrado revivir virus antiguos siempre que encuentren especímenes preservados bajo condiciones medioambientales ideales. Por ello, no podemos descartar la posibilidad de sacar a la luz formas vivas del variola virus a partir de momias congeladas o de antiguas muestras de tejido.

Puede parecer que tales cosas no pasan, pero lo cierto es que de tanto en tanto salta alguna alarma. En 2011, por ejemplo, trabajadores de la construcción en Nueva York desenterraron el cuerpo de una mujer muerta por viruela en el siglo XIX. Inmediatamente se llamó al CDC, solo para confirmar que el cadáver no suponía un riesgo para los humanos. Recientemente, una pequeña escama de viruela conservada en una carta de 1876 y expuesta en un museo de Virginia (EE.UU.) dio un buen susto a la comunidad, aunque igualmente resultó ser inocua.

¿Tu que votarías si pidieran tu opinión al respecto? Ahí va mi respuesta: conservarlas guardadas bajo siete llaves. Conviene recordar que de tanto en tanto el virus de la viruela del mono (pariente de la variedad que atacaba a los humanos) contagia a algún hombre en África. Si bien ocurre rara vez, en caso de mutación de este virus (llamado monkeypox virus) podríamos necesitar experimentar con su primo extinto, el variola virus.

A finales de este mes las autoridades de la OMS se reunirán para decir qué hacer con las muestras de este virus que aún se conservan.

En Smithsonian Magazine , hay un interesante debate en el que los defensores de la destrucción del virus y los que abogan por mantenerlo como seguro para un hipotético rebrote exponen sus puntos de vista (en inglés).

Me enteré leyendo Neatorama.

Las cinco formas más efectivas de curar las verrugas

En la web de consultas pediátricas Parenting.com he leído una respuesta interesante sobre el tratamiento de las verrugas en bebés, una de las dudas más consultadas también para adultos, así que me he propuesto traducirla.

El texto comienza con la pregunta de una lectora sobre el mejor modo de tratar una gran verruga que su hijo de dos años y medio tiene en la mano. Esta es la respuesta a cargo de una reconocida pediatra estadounidense:

Las verrugas, que son provocadas por el virus del paoploma humano son increiblemente comunes. No son nada serio para a veces pueden ser incómodas (dependiendo del lugar en el que salgan) y embarazosas para otros niños. Un bebé probablemente no les preste mucha antención. Aunque a menudo desaparecen por si solas, existen formas de acelerar el proceso tanto en casa como en la consulta del doctor.

1 Ácido salicílico. Ampliamente disponible en farmacias, tanto en soluciones cremosas que pueden extenderse sobre la verruga, como en pequeñas apósitos que pueden colocarse sobre la verruga y fijarse con vendas o esparadrapos. Funcionan bastante bien, pero incluso usándolas a diario, se puede tardar meses en hacer desaparecer la verruga. Frotar ligeramente la verruga con una lima para uñas antes de aplicar el tratamiento puede ayudar. Intentad poner la medicina únicamente sobre la verruga, y parad durante unos días si aparece sonrojación o irritación en la piel que la rodea.

2 Cinta adhesiva. Coloca una porción de cinta sobre la verruga y cámbiala diariamente. Puede sonar un poco extraño pero lo cierto es que funciona tan bien como el ácido salicílico.

3 Ajo. Hay estudios que sugieren que frotarse un diente de ajo cada noche sobre la verruga y luego cubrirla con un vendaje puede ayudar a que desaparezca más rápido.

4 Congelación (crioterapia). El doctor puede usar un poco de algodón empapado en nitrógeno líquido, o algo parecido, para congelar la verruga. Normalmente es indoloro, pero a menudo hay que repetir el tratamiento y no es necesariamente más efectivo que el ácido salicílico o las otras terapias caseras.

5 Cantaridina. Este es otro líquido que debe aplicar un doctor y que en esencia quema la verruga. Existen otros tratamientos, como aplicar cremas con otros compuestos químicos sobre las verrugas, e incluso extraerlas con la ayuda de un láser o con cirugía, pero lo cierto es que normalmente no son necesarios.

Respuesta a cargo de Claire McCarthy, M.D., profesora asistente de pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.

Me enteré leyendo parenting.com.

Si tu perro se pone malo por comer chocolate no lo arregles con ibuprofeno

Mi hija está en esa terrible edad en la que conseguir un perrito lo es todo en su vida. Lo ha intentado de todas las maneras, negociando obtener mejores notas (y eso que ya son buenas) e incluso con extorsión sentimental regada de sentidas lágrimas, que me hacen sentir como un dictador garciamarquiano. Le he comentado mil veces la enorme responsabilidad que supone tener un animal en un piso, pero nada sirve para quitarle la idea de la cabeza. Dice estar dispuesta a levantarse un domingo de tormenta a las 7 a.m. para sacarle a hacer pipí y popó, cosa que no acabo de creerme claro. No obstante, creo que ya tengo la estrategia perfecta para hacer pasar al dichoso cachorrito de Yorkshire al reino del olvido: hoy voy a intentar hacerla recapacitar diciéndole que vivir con un perro nos obligaría a vivir sin chocolate (otra de sus grandes pasiones). Ya os contaré si me funciona y se le pasa el capricho.

¿Pero entonces es cierto eso de que darle chocolate a un perro es tan peligroso?

Mi admirado Cecil Adams me saca de dudas en Straightdope. En efecto, el chocolate es después del veneno para ratas y ¡ojo al dato! el ibuprofeno, la tercera causa más común de envenenamiento en perros en los Estados Unidos. ¿La razón? principalmente dos alcaloidoes presentes en este dulce: la cafeína y la teobromina. Estos dos compuestos pueden provocar alteraciones erráticas en el ritmo cardíaco de tu perro, y lo que es peor… en dosis grandes incluso pueden matarlo.

Reconozco que lo que más me ha sorprendido de la respuesta de Adams (de hecho casi más que la confirmación de la “toxicidad” del chucho-chocolate) es conocer la pasión que despierta entre nuestros amigos peludos el ibuprofeno (recordemos, uno de los 40 medicamentos más vendidos en España). Al parecer este conocido analgésico tiene un olor y un sabor irresistible para los cánidos. En EE.UU. las aspirinas, el ibuprofeno, y otros fármacos que aquí se venden sin receta, pueden comprarse directamente en los supermercados en grandes frascos (p.e. véase oferta de un frasco de 750 pastillas de ibuprofeno por menos de 13 eur). Cuando un perro tiene acceso a uno de estos grandes frascos y consigue abrirlo, se comen todo el contenido, vomitan sus tripas y mueren.

Tranquilos, aquí en España las grajeas vienen protegidas una a una, formando tabletas, y además las cantidades son más pequeñas por lo que el riesgo de envenenamiento en perros es casi inapreciable. Sin embargo, conviene recordar que con niños y con perros en casa, lo mejor es guardar los medicamentos (y por si acaso el chocolate) en un lugar elevado y bien cerrado.

¿Está Internet acabando con la religión?

En Techology Review, acabo de leer una interesante reseña sobre el trabajo de Allen B. Downey, científico computacional en la Escuela Olin de Ingeniería de Massachusetts.

Downey ha estudiado las respuestas de casi 9.000 personas a las Encuesta Social General (GSS) estadounidense, un sistema de consulta estadística muy respetado que viene recogiendo de forma regular las tendencias demográficas en EE.UU. desde 1972. Algunas de las preguntas a los encuestados tienen que ver con la religión en la que fueron educados en su niñez, así como con las creencias religiosas que se profesan durante la edad adulta.

Tras comparar los datos de la década de 1990 con la de 2010, Downey comprobó que el porcentaje de estadounidenses que no tenían preferencia por ninguna religión (o lo que es lo mismo que no profesaban ninguna) se había más que doblado en apenas dos décadas. Los ateos habían pasado de representar a un 8% de la población en 1990 a un 18% en 2010. Eso implicaba un aumento de 25 millones de personas. ¿Cómo era posible? ¿Dónde estaban las causas?

Según puedo leer, los factores identificados son varios. De hecho Downey cree haber encontrado respuestas que justifican el 50% del descenso de religiosidad experimentado por EE.UU. en dos décadas, pero sigue sin encontrar explicación para la otra mitad.

El autor incluso cuantifica estos factores. Un 25% del descenso en la fe (cualquiera que sea) se debe a la reducción en el número de niños que se educan en colegios religiosos. Es un hecho probado que los niños educados en colegios laicos son más proclives a no tener creencias religiosas cuando alcanzan la edad adulta.

Otro 5% de la explicación al aumento en el ateísmo en aquel país se debe, en opinión del autor, al aumento en el porcentaje de alumnos que alcanzan la universidad. En 1980 solo un 17,4% de la población recibía enseñanza superior, en la década del 200 el porcentaje era del 27,2%. Parece que el contacto con un amplio grupo de personas educadas de forma diversa y con distintos puntos de vista, parece aumentar el número de descreídos. Es fácil imaginar que aquellos que se crían en comunidades pequeñas y homogéneas, en las que es más complicado tener acceso a puntos de vista diversos (y eso es bastante común en la usualmente religiosa América profunda) tienen más dificultades para disentir.

Y ahora viene lo bueno. En opinión de Dawney existe una correlación entre el descenso estadístico observado en la religiosidad de los estadounidenses, y el aumento en el uso de internet que se ha vivido durante estas últimas décadas. Si en los 80 el uso de internet era prácticamente cero en los hogares norteamericanos, en 2010 el 53% de la población pasaba al menos 2 horas semanales navegando (el 25% de la población navegaba al menos 7 horas semanales).

Obviamente correlación no implica causalidad, eso es algo que no hay que perder de vista, pero lo cierto es que parece bastante intuitivo imaginar que internet ha tenido algo que ver, y es que la red de redes ha dado la oportunidad de escapar de la homogeneidad local y compartir puntos de vista diversos (también en religión) a todo aquel que haya podido permitirse un dispositivo electrónico una conexión a la red. Por eso Dawney no duda en explicar el 20% del descenso en la religiosidad en base a la influencia directa de internet en la vida de los estadounidenses.

¿Cómo identificar al resto de los factores (el otro 50%)? El autor cree que los nacidos más tarde, de algún modo, están expuestos a alguna otra influencia que acrecienta su ateísmo, pero ni siquiera se atreve a especular cuál podría ser su naturaleza. ¿Alguna idea al respecto?

Podéis consultar el trabajo de Allen Downey en este enlace.

Me enteré leyendo Techology Review.

Columpios que te iluminan el lunes


Ahí los tenéis, una empresa patria con sede en Madrid llamada Ecosistema Urbano triunfando en Holanda a pesar del gol de Iniesta en el Soccer City y a pesar también de la leyenda negra del Duque de Alba, con la que al parecer aún asustan a los nenes en los Países Bajos cuando se portan mal (el equivalente a nuestro hombre del saco, vamos).

A simple vista puede pareceros (con razón) un simple tío-vivo, carrusel, caballito sin caballos, o como diríamos en Asturias un “marea-guajes”, pero tras los vistosos colores, columpios, cuerdas, poleas y armatostes giratorios varios, este cachivache es un generador de energía. Confieso que más de una vez pensé, viendo a un hamster correr como loco sin moverse del sitio, aquello de… ¡qué pena que no haya algo así, pero a tamaño natural, para el mocoso hiperactivo de la casa! Y si encima le añades una dinamo para que todos esos giros y energía mecánico-infantil se transforme en algo útil, y no se pierda en forma de entropía como lágrimas en la lluvia (o en desgaste de patio como diría Gila), pues mejor que mejor.

Tranquilos, la poquita energía generada por los niños al girar la estructura o tirar de las cuerdas, no pasa a la red eléctrica, ya que en ese caso seguro que aparecería por aquí un apostol del buenrollismo alertando del peligro de explotación infantil y pidiendo mi cabeza. En lugar de eso se almacena en una batería situada bajo el suelo del parque, y luego se usa para enceder leds de colores encastrados en el carrusel. Sin duda eso debe hacer el juego nocturno más divertido aún.

La verdad es que la idea me ha parecido genial, especialmente para enseñar unas nociones de física elemental a los niños de la que se cansan un ratillo entre risas. Y… ¡Qué coño! que me ha sorprendido gratamente saber que se le ha ocurrido a uno de casa. A esto si lo llamo yo Marca España.

PD. Si te pasas por el área de juegos para niños de Governeursplein en Dordrecht, date un par de vueltas a mi salud.

La foto la encontré en Inhabitat, una web conocida por su activismo ecológico.

La India busca váter

Manolo, un buen colega, trabaja de comercial en el gremio de los saneamientos. Cuando nos juntamos los amigos frente a unas copas, y comienza el inevitable reparto de estopa indiscriminada (todos contra todos), es muy común que a Manolo siempre le caiga algún: “tu calla vende-váteres”. Él, en cambio, siempre se defiende adoptando un aire muy digno y aclarando que lo que él vende son “Inodoros”.

Es curioso el poder de engaño de las palabras, algunas resultan mucho más limpias que otras aunque se traten de sinónimos. En fin, si Manolo algún día viajase a la India se podría forrar, porque por lo que acabo de leer en NBC News, lo de aliviarse en cuclillas al aire libre es una costumbre tan enraizada en aquel exótico país, como lo es aquí criticar a la corrupta clase política mientras se le pide al fontanero, codazo cómplice mediante, que no nos haga factura.

En fin, la fundación Bill y Melinda Gates está tratando de ayudar – mediante una especie de concurso que ellos financian cuya intención es la de reinventar el váter – a los más desfavorecidos en el subcontinente indio, y lo cierto es que la dificultad de este loable desafío está a la altura de los más grandes a los que se haya enfrentado la humanidad.

Y no solo lo digo por lo difícil que debe resultar hacer cambiar de hábitos a poblaciones enteras sumidas en la pobreza más absoluta y con bajos niveles de educación, es que además muchas veces los que padecen esta injusta situación viven en zonas rurales azotadas por la sequía y sin fuentes de agua salubre en los alrededores. Como vemos, sin váteres (perdón, inodoros), sin agua y sin costumbres higiénicas establecidas ni conocimientos sobre sus nefastas consecuencias, el trabajo por delante va a hacerse muy cuesta arriba.

Si os fijáis en la imagen que ilustra este post, por ejemplo, encontraréis que se trata de “instrucciones para usar un váter indio”… tal es el desconocimiento muchas veces por aquellos lares. Ahí van algunos datos muy duros sobre el problema de saneamiento en la India, datos que seguramente os harán entender mejor su dimensión:

* Para el Banco Mundial, los costes anuales provocados por una pobre sanitarización en el mundo ascienden a 260.000 millones de dólares. Solo a la India le corresponden 54.000 millones de esta factura.

* En la India, los 640 millones de habitantes que tienen por costumbre defecar al aire libre producen una impresionante cantidad diaria de heces de 72.000 toneladas (el equivalente a 10 Torres Eiffel, o a 1.800 ballenas jorobadas).

* Defecar al aire libre es tan aceptable que muchos indios lo hacen en las aceras o en los descampados.

* Cada año, en la India mueren 700.000 niños por diarreas. La mayoría de los casos podrían evitarse si se contase con mejores medidas sanitarias.

* En muchos lugares de la India el problema no es que no existan retretres públicos, sino que nadie quiere limpiarlos. En una sociedad de castas, existe cierto estigma sobre quién debe hacer esta tarea, ya que muchos consideran que solo los más bajos entre los más bajos deben hacerlo.

Al hilo de este último problema, leo sobre la feliz idea de una compañía del estado sureño de Kerala llamada Eram Scientific Solutions, que ha creado un modelo de retrete automatizado que se auto-limpia al introducir una moneda. Con 450 prototipos de este sistema diseminados por toda la India y ya en funcionamiento, los ingenieros eléctricos que lo han diseñado buscan ahora técnicos de mantenimiento y según puedo leer: “ahora si que están orgullosos de sus trabajos”.

La anécdota me ha recordado de nuevo al (denigrante pero afectuoso) chistecito que le hacemos a Manolo y a su digna respuesta, y es que por mucho que el trabajo que Eram ofrece consista esencialmente en fregar retretes, es comprensible que uno esté mucho más dispuesto a convertirse en “técnico en mantenimiento de sistemas higiénicos electrónicos automatizados”.

Siempre me gustó el dicho de Borges que sostenía que “la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”. Irónicamente, en este otro caso parece que es la propia dignidad la que está conduciendo a la victoria.

Grosseteste, el hombre del medievo que imaginó el Big Bang

Ayer fue un día grande para los que encontramos belleza en la ciencia, para los que terminamos reconfortados con el ingenio que el hombre demuestra al explicar poco a poco el misterio de un cosmos sumamente complejo, con medios casi siempre escasos. No voy a tratar de explicar el hallazgo del “fósil” de las primeras ondas gravitacionales que sacudieron al universo primigenio, ni el empuje casi definitivo que ello supone para la teoría inflacionista (para ello recomiendo leer esta entrada en Cuentos Cuánticos) pero sin embargo no puedo obviar la histórica ocasión sin dejar un recuerdo en esta especie de diario que me acompaña desde hace tantos años. La física será distinta a partir de ahora, y gracias a los datos obtenidos desde el Laboratorio Dark Sector, en pleno polo sur, a lo mejor en unos años encontramos la esquiva y perseguida Teoría del todo.

Ayer, tras horas y horas de lecturas fascinadas para acabar de entender la importancia de las ya famosas microondas con polarización-B, me maravillé con un detalle poético del sacedorte belga que un poco empezó todo esto, George Lemaître, quien lejos de bautizar al acto de destrucción y nacimiento que dio origen al universo, con el nombre por el que lo conocemos hoy en día: Big Bang, se refería a aquel histórico instante (precedido de ningún instante) con la poética expresión de “el día sin ayer“.

Lo del “Big Bang” actual se lo debemos por cierto al astrónomo británico Fred Hoyle, quien lo empleó por primera vez en 1949 durante una radioentrevista en la BBC. Según puedo leer, Hoyle empleó ese término de forma despectiva – “Gran Explosión” – pues no encajaba con su teoría (más tarde falseada) de universo estacionario.

Pero si todo este maremagnun informativo sobre un universo inflacionario, que creció a velocidades superlumínicas durante los primeros instantes de su existencia (apostad a un próximo Nobel de Física para Andrei Linde) me ha dejado fascinado, el pasado ha tenido un guiño soprendente al presentarme un nombre que desconocía por completo: Robert Grosseteste.

Aunque no lo creáis, siete siglos antes de que Lemaître propusiera su “día sin ayer”, este estudioso inglés escribió un tratado llamado en latín “De Luce” (Sobre la luz) en el que exploraba la naturaleza de la materia y el cosmos. En aquel documento, Grosseteste describió ideas que no parecen propias del siglo XIII, ni de la edad media.

“El nacimiento del Universo en una explosión y la cristalización de la materia para formar estrellas y planetas en un conjunto de esferas anidadas alrededor de la Tierra”.

Vale, es cierto, el Terracentrismo estropea la frase de una manera innegable (Copérnico no publicaría su obra sobre el heliocentrismo hasta 1543) pero no podéis negar que este hombre fue un precursor. Tal y como Tom McLeish y sus colegas acaban de dejar escrito en un precioso artículo en Nature llamado Historia de un multiverso medieval, el tratado de Grosseteste fue: “el primer intento de describir los cielos y la Tierra usando un conjunto sencillo de leyes físicas”. En cuanto al Big Bang, Grosseteste propuso una explosión inicial de una especie de luz primordial llamada lux, que después expandió el universo hasta formar un enorme esfera que contenía materias más finas.

¡Caray con la edad media!

Me enteré leyendo Nature.

¿Y por qué no donar también el marcapasos?


Todos estamos concienciados con el problema de las listas de espera para transplante, especialmente en España donde – por primera vez y sin que sirva de precedente – contamos con el modelo a seguir gracias a la solidaridad de los ciudadanos y a la magnífica red tejida por la seguridad social. Pero… ¿Has pensado alguna vez en qué hacer con el marcapasos de tu abuelo – o de tu padre – cuando él ya no esté?

Bien, pues debes saber que esos aparatos son muy costosos, y que en muchos casos podrían seguir funcionando una temporadita más larga en otro cuerpo. ¿Por qué no enviar entonces el marcapasos a un país en vías de desarrollo? Me temo que la ley no permite el reciclado en estos casos.

Por cierto, por si no lo sabéis, las baterías de estos aparatos son peligrosas, especialmente si cometes la imprudencia de pasar al difunto al interior del horno crematorio con el aparatito aún en su interior. Y es que aunque pueda sonar macabro, el descanso eterno de tu ser querido comenzará de forma explosiva, porque un marcapasos dentro de un horno puede llegar a estallar poniendo en riesgo a los operarios de la funeraria. Un estudio de 2002 mostró que “casi la mitad de los crematorios en el Reino Unido habían experimentado explosiones con marcapasos en aquel año. El primer caso reportado data de 1976, y la explosión provocó un agujero de 1,27 cms de profundidad y la anchura de un dedo en las paredes del crematorio. Por eso ahora las funerarias se ocupan de que ningún aparatito de estos se les cuele al crematorio.

Pero volvamos al tema principal de este artículo. Según puedo leer, en la actualidad tanto en EE.UU. como en la Unión Europea existen leyes que prohíben la reutilización de prótesis usadas (como los marcapasos), pero debido al alto precio de estos aparatos (4.000 USD un marcapasos, y hasta 20.000 USD un DAI o desfibrilador automático implantable), algunas ONGs británicas como Pace4Life se encargan de recoger estos artilugios, comprobar su funcionamiento y (si son viables) enviarlos a la India.

En Estados Unidos, existe un proyecto llamado My heart is your heart que busca hacer lo mismo. Un estudio realizado por este proyecto, mostró datos de 75 casos de pacientes que recibieron un DAI de segunda mano, en los que no hubo casos de infección ni de problemas de funcionamiento. En base a este estudio, han solicitado a la FDA (la Sanidad Estadounidense) que se permita el reciclado de instrumentos cardíacos.

Por lo que puedo leer en los comentarios a este artículo de 2010 publicado en el mundo, en España las funerarias retiran los marcapasos (para evitar explosiones) antes de la incineración y los almacenan en gran número. Nadie sabe que hacer con ellos. Con suerte se puede encontrar empresas que los retiran como si fueran pilas usadas, pero a causa de la legislación no se les da un uso médico posterior, lo cual es bastante triste. ¿No creéis?

Una pena que en España seamos ejemplo en donación de corazones, y dejemos que se pudran aparatos que podrían otorgar una segunda juventud (nunca mejor dicho) ayudando a un corazón que de otro modo no podría permitírselo. ¿No habrá llegado el momento de que nazca un proyecto solidario en nuestro país, que se encargue de hacer llegar los dispositivos viables a quien los necesite?

Me enteré leyendo BBC future.

PD: Los defensores de esta idea en México tienen su propia página en Facebook.

Así es un hormiguero por dentro

Imagen de previsualización de YouTube

Anthill Art es un artista que transforma las intrincadas construcciones subterráneas de las colonias de hormigas en esculturas de aluminio. El método es aparentemente sencillo, se vierte aluminio fundido por la boca del hormiguero (con sus habitantes dentro) y se deja enfriar. Una vez endurecido, se desentierra la estructura de toda una ciudad de insectos en la que el propio hormiguero actuó como molde, se limpia la tierra sobrante a manguerazos, y se pone a la venta el resultado. (El artista dice que sus obras pueden mostrarse en clase de biología).

El vídeo que muestra todo el proceso es de finales del año pasado (lo cual en internet lo convierte ya en algo “viejuno”) pero a mi me ha dejado patidifuso igualmente. Por lo que puedo leer en algunos medios, mucha gente ha criticado los métodos del artista por destructivos, sin embargo algunos alérgicos a estos bichos se lo agradecen. Por cierto, en el vídeo superior, la colonia “horneada” pertenece a hormigas de fuego, famosas por sus dolorosas picaduras.

Si lo piensas, este hombre podía ganarse la vida también como erradicador de plagas. Primero te cobra por librar tu jardín de las incómodas hormigas de fuego, y más tarde vende la escultura a buen precio. Es un win-win en toda regla. (Mientras no te cruces con defensores de la naturaleza).

Si queréis más información sobre el artista, aquí tenéis su web y también su página en Facebook.

¿Por qué se nos pone la ‘piel de gallina’?

Los anglosajones usan el término “goosebumps” (literalmente bultos de ganso) a esa reacción de la piel producida por el frío, la excitación o el miedo, que nosotros llamamos simplemente “piel de gallina”. Podríamos discutir sobre el acierto o no de usar ganso (y no gallina) en la expresión sajona, pero ese no es el motivo de este post *.

* No me resisto a decir que particularmente creo que tiene más sentido nuestra “piel de gallina”, porque pese a que la similitud visual con la piel desplumada de ambas aves es idéntica, lo cierto es que los gansos son conocidos por su agresividad, mientras en ambos idiomas se emplea “chicken” y “gallina” como sinónimo de cobardía.

Pero vamos al quid de la cuestión ¿por qué reacciona así nuestra piel? Aunque pueda parecerte una majadería (salvo que seas El Sevilla) lo cierto es que humanos y chimpancés tenemos aproximadamente el mismo número de pelos corporales. Lo que sucede es que nuestros pelos carecen ya de utilidad porque son tan finos que prácticamente se han vuelto invisibles.

Existe todo un debate científico abierto sobre el por qué perdimos nuestro vello (hablé de ello en este mismo blog ya en 2009) pero lo cierto es que ninguna de las teorías propuestas hasta la fecha parece imponerse por goleada a las otras, y aunque esta es mi hipótesis favorita, mejor dejarlo para otra ocasión.

Volvamos al asunto de la piel de gallina. Como adivinaréis, la reacción se trata de un remanente heredado de nuestros predecesores evolutivos. Cuando nuestros ancestros peludos se enfadaban, asustaban, o sentían frío, involuntariamente se producía el tensionamiento de unos diminutos músculos situados alrededor de las bases de cada pelo, lo cual hacía que el pelo se les erizase (hoy en día sigue sucediéndoles a nuestros primos los grandes simios).

Esto tenía varias ventajas, les hacía parecer más grandes de cara al enfrentamiento con un rival, pero también (en caso de frío) hacía que entrase más aire en el pelaje, mejorando de este modo el aislamiento térmico del cabello. Como los humanos ya no tenemos pelo corporal capaz de erectarse (aunque la sensación sí que permanece) todo lo que observamos es ese peculiar “granulado” de la piel al que hemos dado en llamar piel de gallina.

El dato lo obtuve por cierto de un artículo genial en The Guardian que me inspiró varios posts para Naukas, entre ellos el enlazado anteriormente sobre el número de pelos en humanos y chimpancés, pero también estos otros dos:

* ¿De verdad tienes los años que crees tener?

* ¿Se puede vivir sin bacterias?

Espero que al leerlos, se te quede por el asombro – y como diría el gran Johan Crruyff – la “gallina de piel” .

Patrocinadores

Twitter

  • No public twitter messages

Flickr

  • Una foto de Flickr
  • Una foto de Flickr
  • Una foto de Flickr
  • Una foto de Flickr
  • Una foto de Flickr
  • Una foto de Flickr
  • Una foto de Flickr
  • Una foto de Flickr
  • Una foto de Flickr