¿Cuál es la diferencia entre un virus y un retrovirus?

• Los retrovirus son un grupo de virus que posee características especiales que no se ven en los virus.

• Los virus contiene material genético en forma de ADN o ARN, mientras que los retrovirus sólo contienen ARN.

• Si el virus tiene ADN, inserta este ácido nucléico en la célula huésped haciendo que este se integre directamente en su genoma durante el ciclo lítico, mientras que un retrovirus emplea ARN como su material genético, por lo que antes de insertar sus genes en el genoma del huesped debe convertir su ARN en ADN.

• Por tanto, los virus emplean un proceso de transcripción normal, mientras que los retrovirus emplean un proceso de transcripción inversa.

• La segunda generación de retrovirus puede ser diferente de la primera debido a la inexactitud del proceso de transcripción inversa. Sin embargo la mayor parte de la segunda generación de virus resulta similar genéticamente a la primera. Este es así porque el proceso de transcripción normal que emplean los virus es más preciso que el de transcripción inversa empleado por los retrovirus.

• Debido a la gran variación genética en la segunda generación de los retrovirus, es más dificil encontrar tratamientos para las enfermedades causadas por ellos que para las provocadas por los virus. Por ejemplo, el VIH (que es un retrovirus) no tiene un tratamiento específico, mientras que las enfermedades virales como la rabia o la gripe si tienen tratamiento.

Me enteré leyendo Differencebetween.com.

Un mausoleo en el parking del centro comercial

En 1820, James M. Crowley compró un terreno de 200 hectáreas en lo que hoy es Decatur, estado de Georgia, EE.UU. y se estableció con su familia. Pocos años después James falleció, y su familia le enterró en lo alto de una pequeña colina del terreno que adquirió. A su muerte, las 200 hectáreas pasaron a manos de sus herederos, los cuales como es natural, fueron con el paso del tiempo uniéndose al patriarca en su descanso eterno, conformando de este modo un pequeño cementerio familiar.

Los años fueron pasando y la propiedad de los Crowley fue viéndose parcelada con las sucesivas reparticiones entre más y más parientes. Finalmente, en 1960, una gran porción del terreno restante fue adquirida por la cadena de supermercados Avondale Mall… el gran problema es que en ese terreno se encontraba la pequeña colina-mausoleo de los Crowley.

Sin embargo aquello no fue obstáculo para la venta. Los constructores se comprometieron a dejar intacto el lugar, por lo que a pesar de excavar con todo tipo de maquinaria pesada el terreno a su alrededor, para nivelarlo y poder construir el gran aparcamiento que el supermercado necesitaba, cumplieron su palabra.

Ahora, a 3,6 metros de altura sobre el suelo circundante y ocultas a la mirada de quienes aparcan para hacer sus compras, existe un pequeño promontorio rodeado de piedras en cuya parte superior perduran trece lápidas. Allí reposan otros tantos cuerpos enterrados aún en sus criptas y tierras originales. Para que os hagáis una idea del aspecto real que tiene el mausoleo, lo mejor es que echéis un vistazo a esta galería.

Si el inmortal Gustavo Adolfo Becquer viviera y leyera hoy este post, seguramente se sentiría conmovido por el puñetero destino de los Crowley y construiría una nueva Leyenda defendiendo la supervivencia del romanticismo en los tiempos del capitalismo.

Si queréis visitar el lugar, lo más seguro es que no tengás problemas de aparcamiento.

Me enteré leyendo AtlasObscura.com.

Las futuras alergias primaverales podrían ser de pesadilla

A medida que se acerca el invierno, aquellos que sufren de alergia estacional prefieren cruzar los dedos a la espera de que sea frío y lluvioso, ya que la mayor parte de los alérgenos que viajan por el aire (como el polen) desaparecen por completo en buena parte del mundo con estas condiciones.

Sin embargo, para las generaciones venideras, el invierno podrá alterar este rol de “salvador” del alérgico y convertirse simplemente en la calma que precede a una tormenta insufrible. Esto es al menos lo que se desprende de un estudio publicado ayer mismo en la revista PLOS One, en el que se detalla la extremadamente factible posibilidad de que el incremento en la producción de polen (y por tanto el riesgo de exposición a los alérgenos) se eleve un 202% durante el próximo siglo.

Christine Rogers, científica especializada en salud medioambiental de la Universidad de Massachusetts en Amherst, afirma que la causa principal que provocará este cambio problemático, es el futuro aumento de los niveles de CO2 que se espera en todo el mundo. Y es que a pesar de los esfuerzos llevados a cabo por los gobiernos de las naciones que más contaminan, el alza en los niveles de carbono parece inevitable al menos durante el próximo siglo.

En una reciente nota de prensa, Rogers afirmó: “Las implicaciones del incremento de CO2 en la salud de los humanos están claras. La estimulación que el CO2 provocará en el aumento de producción de polen, hará que las concentraciones áreas de este alérgeno se incrementen notablemente, aumentando a su vez el riesgo de exposición de aquellos que padecen reacciones adversas”.

Así que ya sabéis, si sois de los que al llegar la primavera os aferráis al anti-histamínico y al clínex mientras se os hincha la cara como una calabaza, rezad para que el invierno sea durillo. Y eso sí, a largo plazo id pensando en pasar la primavera en el Antártico, tal vez sea buen momento para meterse en la hipoteca de un iglú. Eso, u os compráis una de estas burbujas para ir al parque de paseo (la ventaja es que no necesitarás paraguas).

Me enteré leyendo Nature World News.

Yo Robot… polluelo de pingüino emperador

Intentar conseguir buenas imágenes de algunos animales, famosos por su timidez como los pingüinos emperadores, es algo muy complicado incluso con la ayuda cámaras rodantes accionadas por control remoto. Sin embargo para Yvon Le Maho y su equipo de biólogos de la Universidad de Estrasburgo en Francia, no hay nada imposible.

Se disfraza a la cámara de polluelo, se le equipa con un sistema de reproducción de sonido capaz de imitar el peculiar graznido de estas aves, y se envía al robot a la colonia a ver si hay suerte. ¡Bingo! Las imágenes conseguidas son espectaculares, lo más parecido a estar acurrucado entre el plumón de la guardería infantil de pingüinos.

Por lo que leo en la CBC antes de disfrazar a la cámara como a un polluelo, en cuanto el robot se acercaba rodando a la colonia el ritmo cardíaco de las aves se disparaba y salían huyendo. Según los autores de las imágenes, el engaño era tan convicente que los adultos cantaban frecuentemente a la cámara, lo que para el equipo de biólogos equivale a un: “Hey chico raro. ¿Eres lo bastante bueno como para jugar con mi hijo?“.

Curiosamente, si la cámara-polluelo no respondía con otro canto, los adultos se quedaban bastante decepcionados. Esa fue una de las razones por la que añadieron gorjeos de todo tipo al robot. Según leo, urdir el engaño no fue nada fácil, ya que necesitaron crear hasta cinco prototipos diferentes (variando diversos aspectos, como el color del plumaje) hasta que dieron con el “espía” perfecto.

Por cierto, uno de los aspectos recogidos por el estudio de estas aves tiene que ver con su ritmo cardíaco, de ahí que los biólogos supieran el efecto que causaba el robot cuando llegaba.

El trabajo científico acaba de publicarse en Nature.

¿Bugres inmortales?

En Asturias perdemos el sentido por un buen bugre (o bogavante). Cuanto más grande el bicho mejor sabrá. ¿Pero sabéis que en realidad las langostas y los bogavantes no dejan de crecer nunca? Acabo de descubrir la historia de una langosta de 10 kgs y 140 años que fue rescatada en Nueva York de las vitrinas de un restaurante especializado en marisco por un defensor de los animales (que tuvo que pagar por su libertad, claro). Al parecer, el comprador-rescatador de “George” (en la foto) lo liberó luego en una reserva marina de Maine, un lugar desde el que seguramente nos enterrará a todos.

Yo la verdad no me imagino a un paisano astur entrando en un chigre tipo Casa Lin, comprando el bugre más grande del tanque, y diciendo luego al asombrado cocinero: “Esta llévola pa casa, mañana suéltola en Arnao, ¿oyisti?” pero en fin… volvamos con la historia de estos sabrosos crustáceos. Por lo que leo en Cracked, el record del mundo lo ostenta una langosta de 23 kilos capturada en Maine en 1926. No se atreven a ponerle edad al bicho, pero seguramente era más que bicentenario.

Lo más asombroso como veis, es que langostas y bogavantes no sufren con la edad, muy al contrario, cuanto más mayores más ansias de reproducirse, más fuertes y más respetadas. Una vez que alcanzan el tamaño máximo que su caparazón puede albergar, se libran de él, y mudan a uno nuevo que pueda seguir creciendo. ¡Si un depredador mayor no acaba con ellas, casi que podrían vivir para siempre!

Con esta idea en la cabeza, no puedo dejar de imaginar las sorpresas que podríamos encontrar en las profundas aguas abisales. ¿Habrá en el fondo del cañón de Avilés bugres nacidos antes de que Colón zarpara para las Indias? Si bajáis con escafrandra ya me contaréis…

Me enteré leyendo un viejo artículo de Cracked sobre animales inmortales que prefieren pasar desapercibidos.

Resucitan virus de 700 años a partir de heces congeladas de caribú

A comienzos de este año, un equipo internacional de investigadores resucitó a un virus de gran tamaño de 32.000 años de edad. Ahora, han logrado recuperar más material genético viral, aunque esta vez lo han “rescatado” de heces congeladas de caribú (el reno americano). Durante más de 5 milenios, el caribú ha pastado y ramoneado libremente por las laderas de las Montañas Selwyn, Canadá. Durante el breve y cálido verano, estos animales se congregan en los parches de hielo subártico para escapar del calor y las picaduras de los insectos, lo cual ha ido “alfombrando” de heces estas zonas con capas y capas sucesivas recubiertas de hielo.

Tras perforar el hielo y extraer una columna que contenía deposiciones de caribús acumuladas durante miles de años (véase imagen), los científicos recuperaron el genoma completo de un virus ADN , y el genoma parcial de un virus ARN a partir de heces congeladas datadas en 700 años de antigüedad.

Tras secuenciar genéticamente los virus se logró identificar el genoma del virus ARN, que resultó ser un miembro del género Cripavirus, que infecta habitualmente a los insectos. En cambio, el genoma del virus ADN resultó ser más misterioso. No se parecía a ningún virus de los que se hubiese secuenciado hasta la fecha, aunque se apreciaba un parentesco lejano con los Geminovirus, una especie de virus que infecta a las plantas.

Una vez que los investigadores reconstruyeron este último virus y se lo introdujeron a un ejemplar de Nicotiana benthamiana (planta emparentada con el tabaco y vulnerable a un amplio rango de virus), el virus resucitó con éxito e infectó tanto a las hojas inoculadas, como las nuevas que brotaron posteriormente.

Los investigadores sugieren que los virus presentes en las heces de caribú podían haberse originado en plantas comidas por el animal y en insectos que resultaron atraídos por sus heces. A medida que los hielos del ártico se derriten por el cambio climático, algunos de estos virus antiguos, que permanecen latentes enterrados en el hielo, podrían volver al medio ambiente. Dado que algunos de ellos son infecciosos, los expertos quieren estar preparados y de ahí que se realicen trabajos como el comentado.

El paper acaba de publicarse en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Me enteré leyendo Science.

Milpiés y lémures, una historia de adicción animal

Hace unos años bromeaba yo en este post con los colocones que los gatos se pillan comiendo nébeda. Sin duda, los mininos son unos aprendices en comparación con los lemures, esos elegantes primates exclusivos de Madagascar que pasan de las drogas blandas y le dan directamente al ácido.

Como podéis ver por el extracto del vídeo de National Geographic que os incluyo, a los lémures les gusta estimular con mordisquitos a cierta especie de milpies arborícola venenoso (milpiés de patas rojas africano), para que segregue sustancias químicas repelentes (toxinas corrosivas) ricas en ácido cianhídrido. Estas sustancias son útiles para que el milpies repela a enemigos de su tamaño, y el lémur lo sabe. Por ello, se frota el pelaje con el invertebrado, para que de ese modo los compuestos químicos que exuda le sirvan de insecticida natural. ¡Todo un repelente gratis para mosquitos y garrapatas!

¿El problema? Entre esas sustancias se encuentra el cianuro, que ejerce todo su efecto tóxico sobre el lémur, o si lo preferís, le hace pillarse un colocón de muy señor mío. Esto parece haber generado una especie de adicción entre los lémures, que buscan desesperados más y más milpiés con los que frotarse y embriagarse, hasta que prácticamente no pueden más.

Tranquilos, muchos milpiés sobreviven a la experiencia, por lo que no faltarán “camellos” para que los lémures sigan usando su particular insecticida-anfetamínico. ¿Estará así de loco el rey Julien de tanto mordisquear milpiés?

William Hope, el timador que engañó a Conan Doyle

De todos es conocida la pasión de los británicos por los fantasmas. Cualquier pueblecito, por pequeño que sea, debe contar con alguna mansión encantada en los alrededores cuyas historias aterrorizan a los chiquillos y hacen las delicias de las abuelas. De hecho, estoy por apostar que existe alguna especie de ley no escrita, que obliga a toda “village” deseosa de entrar en las guías de viajes, a contar con al menos una “centenary tavern” y una “enchanted mansion” entre sus lindes. Y es que la cosa no es de ahora, el amor por los espíritus viene de larga tradición, palabra esta última que también adoran los súbditos de su majestad Isabel II.

Con estos mimbres, no me ha sorprendido nada enterarme de la fulgurante carrera que a comienzos del siglo XX tuvo un carpintero llamado William Hope. Se ve que el noble oficio de la ebanistería no le aportaba al pobre William demasiados chelines, así que se tuvo que buscar la vida para ganarse los cuartos de otro modo. A su alrededor, veía gente que lloraba a sus muertos, familias enteras desesperadas por una señal sobrenatural proveniente de sus difuntos que les dijera: “tranquilos, estoy en paz, he visto la luz”. Y claro, ante semejante nicho de mercado inexplorado, no es raro que el antiguo carpintero se decidiera, a cambio de una módica cantidad de libras esterlinas, a facilitar a las familias pruebas fotográficas de que sus parientes estaban “fine, thanks” allá en el más allá.

En 1905, la carrera del autoproclamado “fotógrafo de espíritus” estaba en su punto álgido. El truco era sencillo, pedía a los familiares una imagen del muerto con la excusa de poder contactar con él. Más tarde le hacía un retrato al familiar que quería ponerse en contacto con el difunto y empleaba el viejo truco (por aquel entonces novedosos) de la doble exposición, para hacer aparecer a ambos en el mismo negativo.

Supongo que el hombre haría luego un poco de teatro, preparando una especie de sesión de “ouija” en compañía de la familia del difunto, durante la cual Hope hablaría con el muerto, resolvería temas de testamentos inconclusos, pronunciaría despedidas no dichas, etc. Para rematar el acto, el punto fuerte era la presentación de la foto del difunto entre aquellos vivos que lo amaron. Siendo los británicos tan creyentes en estas cosas sobrenaturales, el negocio era imparable.

Tanto era así que el propio Sir Arthur Conan Doyle (creador del personaje paradigma del escepticismo: Sherlock Holmes), era un fan convencido del trabajo de William Hope, cuyas imágenes inspiraron por cierto su obra The Case for Spirit Photography, hoy una rara pieza para todos los coleccionistas de artículos “místicos”. Y es que para desgracia de Doyle, una vez que en 1922 se demostró que el trabajo de William Hope era un fraude, el conocido escritor (y espiritista) se vio obligado a retirar del mercado un libro en el que, como podéis imaginar, defendía ardientemente que la conexión con los espíritus era posible a través de la fotografía.

Las fotos de Hope que ilustran este post son solo dos entre muchas, os recomiendo que veáis la galería que han preparado en Dangerous Minds.

La cura para la diabetes tipo 1 podría ser inminente

La cura para la diabetes podría ser inminente, una vez que los científicos han descubierto cómo fabricar enormes cantidades de células productoras de insulina, lo cual (para algunos) supone un avance tan significativo como el que supusieron los antibióticos.

Por primera vez, la Universidad de Harvard ha conseguido fabricar los millones de células beta necesarias para realizar su trasplante. El hallazgo podría significar el fin de las inyecciones de insulina diarias para las 400.000 personas en Gran Bretaña que viven con diabetes tipo 1. (En España, según cifras de 2011, había diagnosticadas 250.000 personas con esta enfermedad).

Este logro supone la culminación a 23 años de investigación realizada por el profesor de Harvard Doug Melton, que ha estado intentando encontrar una cura para la enfermedad desde que su hijo Sam fue diagnosticado con diabetes tipo 1 siendo un bebé.

“Ahora estamos a un solo paso pre-clínico de alcanzar la línea de meta,” dijo el profesor Melton.

Preguntado por la reacción de sus hijos, dijo: “Creo que como todos los niños, siempre asumieron que cuando yo les dije que iba a lograrlo, lo haría”. Fue gratificante saber que podemos hacer algo que siempre creímos que era posible.”

Las células beta derivadas de las células madre están actualmente siendo sometidas a ensayos en modelos animales, incluyendo primates no humanos, donde aún siguen produciendo insulina después de varios meses tras el transplante, dijo el profesor Melton.

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune que hace que el páncreas deje de producir insulina, que es la hormona que regula los niveles de glucosa en sangre.

Si la cantidad de glucosa en sangre es demasiado alta, con el paso del tiempo puede dañar seriamente a los órganos corporales.

A pesar de que los diabéticos pueden mantener sus niveles de glucosa bajo control general mediante la inyección de insulina, eso no les provee de la puesta a punto necesaria para controlar adecuadamente su metabolismo, lo que puede llevar a la aparición de complicaciones devastadoras como la ceguera o la pérdida de extremidades.

Si bien apenas el 10% de todos los enfermos de diabetes son de tipo 1, este es el tipo más común de diabetes infantil. Sólo en Gran Bretaña existen 29.000 niños diagnosticados.

El equipo de Harvard empleó células madre embrionales para producir células productoras de insulina humana en grandes cantidades. Estas células son equivalentes en casi todos los sentidos a las que producen la insulina de forma natural en las personas no diabéticas.

Chris Mason, profesor de Medicina Regenerativa en la University College de Londres, cree que este hallazgo es “un avance médico potencialmente importante”. En su opinión: “si se demuestra que esta tecnología es escalable y que funciona tanto en la clínica como en la planta de fabricación, el impacto en el tratamiento médico de la diabetes supondrá un cambio en las reglas del juego comparable al que supuso la irrupción de los antibióticos en el tratamiento de las infecciones bacterianas”.

El profesor Anthony Hollander, jefe del Instituto de Biología Integrativa de la Universidad de Liverpool, añadió: “Esta es una investigación fundamental muy emocionante que resuelve un gran obstáculo en el desarrollo de un tratamiento con células madre para la diabetes”. Y añadió: “El estudio proporciona un método muy elegante y convincente para la generación en grandes cantidades de células funcionales productoras de insulina.”

El profesor Mark Dunne, de la Universidad de Manchester, ha comentado: “Por encima de todo, este es un avance importante para las personas que padecen diabetes de tipo 1″.

La profesora Elaine Fuchs, de la Universidad Rockefeller, describió los hallazgos como: “uno de los avances más importantes hasta la fecha en el campo de las células madre”. Y añadió: “durante décadas, los investigadores han intentado generar células beta pancreáticas humanas que pudieran ser cultivadas y que sobrevivieran durante un largo plazo en las condiciones en las que producen insulina.”

El paper sobre el trabajo acaba de publicarse en la revista Cell.

Me enteré leyendo The Telegraph, y lo traduje a petición de algunos amigos con familiares diabéticos. Espero que la noticia les alegre el día.

La asombrosa capacidad de almacenamiento de oxígeno de una sal de cobalto

Un equipo de investigadores de la Universidad del Sur de Dinamarca acaba de sintetizar un material cristalino capaz de capturar y almacenar oxígeno en altas concentraciones. Lo bueno del invento es que además, el oxígeno atrapado en el cristal puede liberarse luego a voluntad simplemente calentándolo durante cinco minutos a una temperatura de 80 grados (o sometiéndole a condiciones bajas de oxígeno).

El cristal es una sal hecha con cobalto y parece capaz de almacenar oxígeno en concentraciones 160 veces más altas que aire que respiramos. De hecho, el paper publicado por los químicos daneses con Christine McKenzie a la cabeza, advierte que “un exceso” de este cristal podría capturar el 99% del oxígeno de una habitación. Esta investigadora, explica además que el cristal viene a funcionar un poco como la hemoglobina de nuestra sangre, que emplea hierro para capturar y liberar oxígeno dentro de nuestro cuerpo.

Vayamos con sus posibles aplicaciones. ¿Recordáis la famosa escena de Abyss, cuando Ed Harris inunda voluntariamente sus pulmones con una solución líquida oxigenada para respirar bajo el agua? Pues eso es lo primero que ha venido a mi mente tras leer la noticia, ya que la propia McKenzie reconoce que bastan unos pocos granos para almacenar el oxígeno necesario para una inspiración.

Eso si, dado que los cristales son algo peligroso y difícil de tragar, lo lógico es que el empleo de estas sales dependa de dispositivos externos al cuerpo. Imagino gafas de bucear sin tubos de conexión a la bombona, que incluirían un repositorio de este cristal oxigenado y una pequeña resistencia eléctrica que lo fuera calentando poco a poco liberando su preciada carga gaseosa. ¿Cuánto tiempo podrían durar las inmersiones? Añádase cristal al gusto. ¡Lástima que Cousteau no esté vivo para verlo!

Y ahora ya un poco más alejado de mi pasión sci-fi, estos cristales podrían venir estupendamente para alimentar de oxígeno en altas concentraciones a las pilas de combustible, uno de los dispositivos llamados a revolucionar el parque móvil jubilando a los motores de explosión (siempre que la famosa economía de hidrógeno termine por hacerse realidad).

Así mismo, todos hemos visto a personas que padecen enfermedades crónicas de las vías respiratorias pasear con sus pesadas bombonas a cuestas. Estos cristales de cobalto podrían reducir mucho el volumen de sus equipos de respiración asistida, dándoles una mejor calidad de vida.

¡A ver en que queda la cosa!

El estudio acaba de publicarse en Chemical Science.

Me enteré leyendo Popular Science.

PD. La imagen que ilustra el post corresponde a una obra de Jason De Caires Taylor, famoso por sus conjuntos escultóricos sumergidos y de quien ya os hablé en mi post Evolución silenciosa, un museo sumergido.

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