Resucitan virus de 700 años a partir de heces congeladas de caribú

A comienzos de este año, un equipo internacional de investigadores resucitó a un virus de gran tamaño de 32.000 años de edad. Ahora, han logrado recuperar más material genético viral, aunque esta vez lo han “rescatado” de heces congeladas de caribú (el reno americano). Durante más de 5 milenios, el caribú ha pastado y ramoneado libremente por las laderas de las Montañas Selwyn, Canadá. Durante el breve y cálido verano, estos animales se congregan en los parches de hielo subártico para escapar del calor y las picaduras de los insectos, lo cual ha ido “alfombrando” de heces estas zonas con capas y capas sucesivas recubiertas de hielo.

Tras perforar el hielo y extraer una columna que contenía deposiciones de caribús acumuladas durante miles de años (véase imagen), los científicos recuperaron el genoma completo de un virus ADN , y el genoma parcial de un virus ARN a partir de heces congeladas datadas en 700 años de antigüedad.

Tras secuenciar genéticamente los virus se logró identificar el genoma del virus ARN, que resultó ser un miembro del género Cripavirus, que infecta habitualmente a los insectos. En cambio, el genoma del virus ADN resultó ser más misterioso. No se parecía a ningún virus de los que se hubiese secuenciado hasta la fecha, aunque se apreciaba un parentesco lejano con los Geminovirus, una especie de virus que infecta a las plantas.

Una vez que los investigadores reconstruyeron este último virus y se lo introdujeron a un ejemplar de Nicotiana benthamiana (planta emparentada con el tabaco y vulnerable a un amplio rango de virus), el virus resucitó con éxito e infectó tanto a las hojas inoculadas, como las nuevas que brotaron posteriormente.

Los investigadores sugieren que los virus presentes en las heces de caribú podían haberse originado en plantas comidas por el animal y en insectos que resultaron atraídos por sus heces. A medida que los hielos del ártico se derriten por el cambio climático, algunos de estos virus antiguos, que permanecen latentes enterrados en el hielo, podrían volver al medio ambiente. Dado que algunos de ellos son infecciosos, los expertos quieren estar preparados y de ahí que se realicen trabajos como el comentado.

El paper acaba de publicarse en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Me enteré leyendo Science.

Milpiés y lémures, una historia de adicción animal

Hace unos años bromeaba yo en este post con los colocones que los gatos se pillan comiendo nébeda. Sin duda, los mininos son unos aprendices en comparación con los lemures, esos elegantes primates exclusivos de Madagascar que pasan de las drogas blandas y le dan directamente al ácido.

Como podéis ver por el extracto del vídeo de National Geographic que os incluyo, a los lémures les gusta estimular con mordisquitos a cierta especie de milpies arborícola venenoso (milpiés de patas rojas africano), para que segregue sustancias químicas repelentes (toxinas corrosivas) ricas en ácido cianhídrido. Estas sustancias son útiles para que el milpies repela a enemigos de su tamaño, y el lémur lo sabe. Por ello, se frota el pelaje con el invertebrado, para que de ese modo los compuestos químicos que exuda le sirvan de insecticida natural. ¡Todo un repelente gratis para mosquitos y garrapatas!

¿El problema? Entre esas sustancias se encuentra el cianuro, que ejerce todo su efecto tóxico sobre el lémur, o si lo preferís, le hace pillarse un colocón de muy señor mío. Esto parece haber generado una especie de adicción entre los lémures, que buscan desesperados más y más milpiés con los que frotarse y embriagarse, hasta que prácticamente no pueden más.

Tranquilos, muchos milpiés sobreviven a la experiencia, por lo que no faltarán “camellos” para que los lémures sigan usando su particular insecticida-anfetamínico. ¿Estará así de loco el rey Julien de tanto mordisquear milpiés?

William Hope, el timador que engañó a Conan Doyle

De todos es conocida la pasión de los británicos por los fantasmas. Cualquier pueblecito, por pequeño que sea, debe contar con alguna mansión encantada en los alrededores cuyas historias aterrorizan a los chiquillos y hacen las delicias de las abuelas. De hecho, estoy por apostar que existe alguna especie de ley no escrita, que obliga a toda “village” deseosa de entrar en las guías de viajes, a contar con al menos una “centenary tavern” y una “enchanted mansion” entre sus lindes. Y es que la cosa no es de ahora, el amor por los espíritus viene de larga tradición, palabra esta última que también adoran los súbditos de su majestad Isabel II.

Con estos mimbres, no me ha sorprendido nada enterarme de la fulgurante carrera que a comienzos del siglo XX tuvo un carpintero llamado William Hope. Se ve que el noble oficio de la ebanistería no le aportaba al pobre William demasiados chelines, así que se tuvo que buscar la vida para ganarse los cuartos de otro modo. A su alrededor, veía gente que lloraba a sus muertos, familias enteras desesperadas por una señal sobrenatural proveniente de sus difuntos que les dijera: “tranquilos, estoy en paz, he visto la luz”. Y claro, ante semejante nicho de mercado inexplorado, no es raro que el antiguo carpintero se decidiera, a cambio de una módica cantidad de libras esterlinas, a facilitar a las familias pruebas fotográficas de que sus parientes estaban “fine, thanks” allá en el más allá.

En 1905, la carrera del autoproclamado “fotógrafo de espíritus” estaba en su punto álgido. El truco era sencillo, pedía a los familiares una imagen del muerto con la excusa de poder contactar con él. Más tarde le hacía un retrato al familiar que quería ponerse en contacto con el difunto y empleaba el viejo truco (por aquel entonces novedosos) de la doble exposición, para hacer aparecer a ambos en el mismo negativo.

Supongo que el hombre haría luego un poco de teatro, preparando una especie de sesión de “ouija” en compañía de la familia del difunto, durante la cual Hope hablaría con el muerto, resolvería temas de testamentos inconclusos, pronunciaría despedidas no dichas, etc. Para rematar el acto, el punto fuerte era la presentación de la foto del difunto entre aquellos vivos que lo amaron. Siendo los británicos tan creyentes en estas cosas sobrenaturales, el negocio era imparable.

Tanto era así que el propio Sir Arthur Conan Doyle (creador del personaje paradigma del escepticismo: Sherlock Holmes), era un fan convencido del trabajo de William Hope, cuyas imágenes inspiraron por cierto su obra The Case for Spirit Photography, hoy una rara pieza para todos los coleccionistas de artículos “místicos”. Y es que para desgracia de Doyle, una vez que en 1922 se demostró que el trabajo de William Hope era un fraude, el conocido escritor (y espiritista) se vio obligado a retirar del mercado un libro en el que, como podéis imaginar, defendía ardientemente que la conexión con los espíritus era posible a través de la fotografía.

Las fotos de Hope que ilustran este post son solo dos entre muchas, os recomiendo que veáis la galería que han preparado en Dangerous Minds.

La cura para la diabetes tipo 1 podría ser inminente

La cura para la diabetes podría ser inminente, una vez que los científicos han descubierto cómo fabricar enormes cantidades de células productoras de insulina, lo cual (para algunos) supone un avance tan significativo como el que supusieron los antibióticos.

Por primera vez, la Universidad de Harvard ha conseguido fabricar los millones de células beta necesarias para realizar su trasplante. El hallazgo podría significar el fin de las inyecciones de insulina diarias para las 400.000 personas en Gran Bretaña que viven con diabetes tipo 1. (En España, según cifras de 2011, había diagnosticadas 250.000 personas con esta enfermedad).

Este logro supone la culminación a 23 años de investigación realizada por el profesor de Harvard Doug Melton, que ha estado intentando encontrar una cura para la enfermedad desde que su hijo Sam fue diagnosticado con diabetes tipo 1 siendo un bebé.

“Ahora estamos a un solo paso pre-clínico de alcanzar la línea de meta,” dijo el profesor Melton.

Preguntado por la reacción de sus hijos, dijo: “Creo que como todos los niños, siempre asumieron que cuando yo les dije que iba a lograrlo, lo haría”. Fue gratificante saber que podemos hacer algo que siempre creímos que era posible.”

Las células beta derivadas de las células madre están actualmente siendo sometidas a ensayos en modelos animales, incluyendo primates no humanos, donde aún siguen produciendo insulina después de varios meses tras el transplante, dijo el profesor Melton.

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune que hace que el páncreas deje de producir insulina, que es la hormona que regula los niveles de glucosa en sangre.

Si la cantidad de glucosa en sangre es demasiado alta, con el paso del tiempo puede dañar seriamente a los órganos corporales.

A pesar de que los diabéticos pueden mantener sus niveles de glucosa bajo control general mediante la inyección de insulina, eso no les provee de la puesta a punto necesaria para controlar adecuadamente su metabolismo, lo que puede llevar a la aparición de complicaciones devastadoras como la ceguera o la pérdida de extremidades.

Si bien apenas el 10% de todos los enfermos de diabetes son de tipo 1, este es el tipo más común de diabetes infantil. Sólo en Gran Bretaña existen 29.000 niños diagnosticados.

El equipo de Harvard empleó células madre embrionales para producir células productoras de insulina humana en grandes cantidades. Estas células son equivalentes en casi todos los sentidos a las que producen la insulina de forma natural en las personas no diabéticas.

Chris Mason, profesor de Medicina Regenerativa en la University College de Londres, cree que este hallazgo es “un avance médico potencialmente importante”. En su opinión: “si se demuestra que esta tecnología es escalable y que funciona tanto en la clínica como en la planta de fabricación, el impacto en el tratamiento médico de la diabetes supondrá un cambio en las reglas del juego comparable al que supuso la irrupción de los antibióticos en el tratamiento de las infecciones bacterianas”.

El profesor Anthony Hollander, jefe del Instituto de Biología Integrativa de la Universidad de Liverpool, añadió: “Esta es una investigación fundamental muy emocionante que resuelve un gran obstáculo en el desarrollo de un tratamiento con células madre para la diabetes”. Y añadió: “El estudio proporciona un método muy elegante y convincente para la generación en grandes cantidades de células funcionales productoras de insulina.”

El profesor Mark Dunne, de la Universidad de Manchester, ha comentado: “Por encima de todo, este es un avance importante para las personas que padecen diabetes de tipo 1″.

La profesora Elaine Fuchs, de la Universidad Rockefeller, describió los hallazgos como: “uno de los avances más importantes hasta la fecha en el campo de las células madre”. Y añadió: “durante décadas, los investigadores han intentado generar células beta pancreáticas humanas que pudieran ser cultivadas y que sobrevivieran durante un largo plazo en las condiciones en las que producen insulina.”

El paper sobre el trabajo acaba de publicarse en la revista Cell.

Me enteré leyendo The Telegraph, y lo traduje a petición de algunos amigos con familiares diabéticos. Espero que la noticia les alegre el día.

La asombrosa capacidad de almacenamiento de oxígeno de una sal de cobalto

Un equipo de investigadores de la Universidad del Sur de Dinamarca acaba de sintetizar un material cristalino capaz de capturar y almacenar oxígeno en altas concentraciones. Lo bueno del invento es que además, el oxígeno atrapado en el cristal puede liberarse luego a voluntad simplemente calentándolo durante cinco minutos a una temperatura de 80 grados (o sometiéndole a condiciones bajas de oxígeno).

El cristal es una sal hecha con cobalto y parece capaz de almacenar oxígeno en concentraciones 160 veces más altas que aire que respiramos. De hecho, el paper publicado por los químicos daneses con Christine McKenzie a la cabeza, advierte que “un exceso” de este cristal podría capturar el 99% del oxígeno de una habitación. Esta investigadora, explica además que el cristal viene a funcionar un poco como la hemoglobina de nuestra sangre, que emplea hierro para capturar y liberar oxígeno dentro de nuestro cuerpo.

Vayamos con sus posibles aplicaciones. ¿Recordáis la famosa escena de Abyss, cuando Ed Harris inunda voluntariamente sus pulmones con una solución líquida oxigenada para respirar bajo el agua? Pues eso es lo primero que ha venido a mi mente tras leer la noticia, ya que la propia McKenzie reconoce que bastan unos pocos granos para almacenar el oxígeno necesario para una inspiración.

Eso si, dado que los cristales son algo peligroso y difícil de tragar, lo lógico es que el empleo de estas sales dependa de dispositivos externos al cuerpo. Imagino gafas de bucear sin tubos de conexión a la bombona, que incluirían un repositorio de este cristal oxigenado y una pequeña resistencia eléctrica que lo fuera calentando poco a poco liberando su preciada carga gaseosa. ¿Cuánto tiempo podrían durar las inmersiones? Añádase cristal al gusto. ¡Lástima que Cousteau no esté vivo para verlo!

Y ahora ya un poco más alejado de mi pasión sci-fi, estos cristales podrían venir estupendamente para alimentar de oxígeno en altas concentraciones a las pilas de combustible, uno de los dispositivos llamados a revolucionar el parque móvil jubilando a los motores de explosión (siempre que la famosa economía de hidrógeno termine por hacerse realidad).

Así mismo, todos hemos visto a personas que padecen enfermedades crónicas de las vías respiratorias pasear con sus pesadas bombonas a cuestas. Estos cristales de cobalto podrían reducir mucho el volumen de sus equipos de respiración asistida, dándoles una mejor calidad de vida.

¡A ver en que queda la cosa!

El estudio acaba de publicarse en Chemical Science.

Me enteré leyendo Popular Science.

PD. La imagen que ilustra el post corresponde a una obra de Jason De Caires Taylor, famoso por sus conjuntos escultóricos sumergidos y de quien ya os hablé en mi post Evolución silenciosa, un museo sumergido.

¿Se pueden diferenciar las huellas dactilares de los gemelos idénticos?

¿Nunca os habéis preguntado si los gemelos idénticos comparten también las huellas dactilares? La verdad es que perdí la oportunidad de hacerle la pregunta este fin de semana a dos de los mejores especialistas forenses de España: Miguel Botella y Paco Exteberria, durante el fabuloso evento Naukas 14 Bilbao, así que he tenido que buscarme la vida en internet para encontrar la respuesta.

Y la respuesta es “sí y no”. Me explico, las huellas de los gemelos idénticos tienden a parecerse asombrosamente pero no son exactamente iguales, de modo que los especialistas no tienen mayores problemas en distinguir unas de otras. Tal y como cuenta Cecil Adams en esta interesante columna, los científicos aman las huellas dactilares de los gemelos idénticos, porque los ven como un escenario de debate perfecto para discutir sobre el viejo clásico: “nature vs nurture”, que en román paladín viene a significar: ¿Somos como somos por nuestros genes, o por el modo en que nos moldea el ambiente? La respuesta que nos da el estudio de las huellas dactilares de los gemelos homocigóticos, viene a ser claramente: “un poco de todo“.

La foto que ilustra este post corresponde a las quintillizas Dionne, nacidas en 1934 y toda una celebridad en su época ya que su caso fue el primero en que todas sobrevivieron y alcanzaron la edad adulta. Por lo que puedo leer, para los expertos en criminalística estadounidense, el nacimiento de estas niñas fue una especie de regalo divino y como tal, no perdieron la oportunidad de estudiarlas al detalle. Al comparar las huellas dactilares y de las palmas de las manos de las cinco hermanas, descubrieron que si bien el “conteo de surcos general” (es decir, los patrones de líneas, curvas, espirales, etc) eran, en efecto, impresionantemente similares, lo cierto era que cada una de las cinco niñas poseía huellas únicas debido a ciertas diferencias en los detalles.

Adams cita en su artículo a un experto en huellas dactilares llamado James Cowger, quien sostiene rotundamente que: “Hasta ahora no existen evidencias de que la disposición de las minucias (detalles mínimos en el dibujo como el perfil de los extremos de las rugosidades, la forma en que se bifurcan, etc.) se vean influenciadas de algún modo por la genética”. Así pues, presumiblemente estas diferencias menores pero cruciales surgen a causa de eventos locales aleatorios durante el desarrollo fetal (hacia el 7º mes de gestación).

Una vez resuelta la duda ya lo sabes, si estabas pensando cargarle a tu hermano gemelo un crimen cometido por ti, piénsatelo bien. Los del CSI no van a caer en el engaño.

Me enteré en una de mis web favoritas: StraightDope.com.

Así eran los jarabes para la tos hace un siglo

Hubo en tiempo en que las farmacias eran lo más parecido a un coffee-shop, y si no fijaos en la etiqueta de un centerario jarabe para la tos llamado “One Night” (Una noche). Su composición es de esas que meten miedo: alcohol (menos de un 1%), cannabis (es decir marihuana), cloroformo y morfina.

Supongo que para tranquilizar, la etiqueta decía que estos ingredientes se habían combinado “hábilmente” con otros varios (que no aparecían en la composición). Pero vamos, en vista de los que si aparecen mejor no saber cuales eran los otros ¿hojas de coca? ¿hongos alucinógenos? Apuesto a que Pocholo habría simulado tener tos a todas horas de haber nacido hace 100 años. ¡En Magaluf sería trending topic!

Claro que la pregunta es…. ¿el jarabe para la tos se llamaba “One Night” porque nadie llegaba a la segunda ingesta? En fin, a pesar de que conozco a algún amigo que se ha metido cosas peores un sábado noche, yo es imaginarme a un niño recibiendo una cucharadita de este sirope y se me ponen los pelos como escarpias.

Investigando por ahí, veo que estas tropelías han sido bastante comunes antes del establecimiento de controles médicos serios obligatorios. Sin ir más lejos, mi compañero Aberrón nos habló hace años de los medicamentos radioactivos que se anunciaban libremente en los EE.UU. o Alemania durante la década de 1920 o 1930. No os perdáis su ¡La radioactividad os sienta tan bien!.

Por no recordar la salvaje cirugía cerebral que se hacía con los enfermos de esquizofrenia o depresión, cuyo nombre aún provoca terror: lobotomía. Por lo que he podido leer hubo médicos que la recomendaban incluso a los aquejados de migrañas severas. Afortunadamente aquella locura se detuvo en la primera mitad del siglo XX con la aparición de la clorpromazina. Algo muy parecido sucedió con el electroshock, felizmente superado. Aquello si que era medicina “energizante”.

A finales del siglo XIX, Freud el padre de la psiquiatría, usaba y recetaba libremente la cocaína a sus pacientes y amigos como un tónico para curar la depresión y la impotencia sexual. Él era cocainómano, y creía que no existía una dosis máxima mortal. Por desgracia uno de sus pacientes le salió “contestón” y le dio por morirse de sobredosis. Aunque habrá quien piense que la cosa funcionó, porque el enfermo no necesitó mas psiquiatras desde aquella mortal receta.

Sin retrotraerse tanto en el tiempo, en la década de los 60 en España, era habitual recetar a los niños desganados aquel vino dulce con extracto de quinina llamada Kina, e incluso el popular Sansón. Después de un chupito, comer no se si comerían mejor pero sin duda cualquier cosa pasaba a ser más apetecible… si el plato dejaba de moverse. Yo siempre comí de marvilla y no necesité ni Kina ni Sansón, una lástima haberme perdido la experiencia.

¿A donde voy a parar? Pues nada, que creo que por fin lo he comprendido. Tras este breve repaso por estos “terroríficos” productos, que una vez estuvieron bien vistos y que se empleaban legalmente en nuestros ambulatorios y boticas, ya entiendo que algunos farmaceúticos de hoy en día no tengan miedo ninguno a preparar o vender productos homeopáticos. Después de todo, saben que lo que venden es agua, efecto placebo, una dilución de “nada”. Y eso la verdad, debe dejar sus conciencias tan satisfechas como llenas sus cajas.

Paul Smith: el artista que ‘pinta’ con su máquina de escribir

Imagen de previsualización de YouTube

Tras ver este vídeo de Paul Smith, lo primero que ha venido a mi mente es el eslogan de aquella vieja campaña publicitaria de Aquarius: “el ser humano es extraodinario“. Ahí tenéis a este artista con mayúscula, aquejado de parálisis cerebral desde que nació e incapaz por culpa de los espasmos de expresar su visión del mundo usando pinceles. Eso no le alejó de su objetivo. Paul comenzó a “pintar” con una máquina de escribir cuando era muy joven. Con un solo dedo, aporreando tecla a tecla y empleando solo 10 caracteres simbólicos del viejo teclado QWERTY de su máquina, Paul ha creado cientos de obras de arte a lo largo de su vida.

Puedo imaginar la epifanía que Paul debió sentir cuando le regalaron la máquina. De hecho, si os fijáis en el vídeo superior, hacia el minuto 1:49 aparece brevemente un retrato de su habitación de juventud (curiosamente los pomos de los cajones de su escritorio se representan con símbolos “@”) en el que, como no podía ser de otro modo, la máquina de escribir ocupa el lugar preferente y central. Más tarde llegaron las cintas de color, gracias a las cuales Paul pudo mejorar aún más sus creaciones artísticas.

En la actualidad se encuentra en un asilo de Oregon llamado Rose Haven, en cuyos pasillos se exhiben buena parte de sus obras. A pesar de sus problemas de movilidad, desde esa habitación en su residencia Paul tiene el poder de inspirar a personas de todo el mundo gracias a su talento, paciencia y perseverancia. Allá donde otros solo habrían visto obstáculos insuperables, este hombre se alzó para demostrarnos lo acertado que resulta el viejo adagio: “querer es poder“.

Me enterlé visitando Lost at E minor.

Nota: He cambiado el vídeo por una versión subtitulada en español por la gente de www.lacaramable.com.

Cine y perros de moda, curiosidades del ‘efecto Lassie’

Mi hija, que está en esa dichosa edad de pedir un perro a todas horas, no ha oído hablar nunca de Lassie. De hecho, creo que no ha visto un collie en su vida, pese a que en otro tiempo eran súmamente numerosos. En cambio este verano, en plena visita al Oceanographic de Valencia, reconoció al instante al diminuto pez payaso, apenas uno más de entre los miles de ejemplares pertenecientes a dos docenas de especies de peces tropicales. ¿La razón? Hollywood por supuesto, cuyos productos también parecen envejecer. En Science lo cuentan mucho mejor, y lo llaman “efecto Lassie”.

Ya en los tiempos de Bogart quedó patente que las películas eran capaces de incitarnos a beber o a fumar. Ahora, los científicos han descubierto que también nos hacen comprar perros. Pero ojo, no cualquier perro. Si la estrella se llama Lassie los collies se venden como churros, con Rintintín llegó la moda de los pastores alemanes, con Beethoven la de los San Bernardo y así sucesivamente. Parece obvio pero… ¿cuánto tarda en disiparse la moda?

Para dar respuesta a esta última pregunta, ya contamos con un estudio científico riguroso. Y es que un equipo de psicólogos estadounidenses acaba de publicar en PLOS One los resultados de su investigación sobre las influencias de 87 películas “con perro” en la venta de mascotas de esa misma raza, y el tiempo en que la moda tarda en disiparse. Para ello echaron mano de la base de datos de la AKC (American Kennel Club -> el club de criadores caninos estadounidenses) que mantiene registros de 65 millones de perros.

¿Conclusiones? El incremento en la popularidad de una raza provocada por un film de éxito (y por tanto las ventas) dura hasta diez años. Como ejemplo citan a la clásica Lassie, cuya película de 1943 “Lassie vuelve a casa” provocó un aumento del 40% en el registro de perros de esa raza en la base de datos de la AKC. Mas drástico aún; tras la película de 1959 “The Shaggy Dog“, el alta en el registro de pastores ingleses en los archivos de la AKC se duplicó.

No obstante, hoy en día el efecto de las películas en los gustos a la hora de comprar mascotas se ha desvanecido un tanto, tal vez por la competencia de la televisión, o de internet, pero también por el hartazgo del exceso de oferta. Hasta 1940, se estrenaba a lo sumo una película al año protagonizada por un perro, pero hoy en día cada año llegan a la cartelera más de siete. Además, estoy por apostar que la concienciación de la sociedad hacia el rescate de perros abandonados en las perreras, sea cual sea su raza, también ha contribuído a alterar la tendencia.

Afortunadamente, la atenuación del “efecto Lassie” es algo deseable. Parece ser que el aumento repentino en la popularidad de una raza no trajo nada bueno a los criadores caninos, que se veían obligados a sobre-criar a sus ejemplares para satisfacer la demanda provocada por la moda. Esto hizo que los criterios de selección habitual “se relajaran”, haciendo llegar al mercado perros con toda clase de trastornos heredados de sus explotados progenitores.

Me enteré leyendo Science Shots.

Comed fruta ‘corazones’


Por fin de regreso tras unas agradables vacaciones veraniegas en el Mediterráneo, me encuentro ante la disyuntiva de elegir un tema sobre el que hablar. ¿Y qué mejor que la propia experiencia? Lo cierto es que durante el viaje de vuelta, me propuse buscar información sobre un fenómeno que me sucede cada vez que viajo: la des-regulación del tracto digestivo. No se a vosotros, pero a mi me cuesta dos o tres días retomar “mi juego de tronos” habitual. Vamos, que siempre empiezo enfadado con el señor Roca… ya me entendéis.

¿Por qué? Bien, según leo por ahí el problemilla puede venir del estrés (que no es mi caso), del cambio en la alimentación (que tampoco, porque básicamente he comido como en casa) o de la falta de agua. ¡Bingo! A pesar de que en Valencia he bebido lo mismo que en casa, el calor allí no es igual al de Asturias, ergo mi cuerpo absorbía más agua, ergo quedaba menos para el intestino… y de ahí el “taponcito”. Nada que no arreglase un poco más de agua de la cuenta, y unos zumitos de fruta en el desayuno gracias a mi atenta esposa.

Con todo esto he pensado: genial, ya tengo tema para hablar en mi columna de hoy: la fruta y su fabulosa influencia en todos los aspectos de la salud. Sin duda algo estamos haciendo mal cuando nuestros niños prefieren una pieza de bollería industrial a una nectarina o a unas deliciosas peras de agua, y por desgracia creo que serán ellos quienes lo paguen más adelante.

Las cifras sobre el influjo benefactor de la ingesta de fruta diaria son de las que hacen pensar muy mucho. Según un reciente estudio realizado en China, con una muestra estadística de casi medio millón de participantes, el consumo diario de fruta puede reducir el riesgo de muerte (no accidental) en nada más y menos que un 32%. No solo eso, si nos centramos en las enfermedades cardiovasculares (la principal causa de muerte en España en 2012 con un 30,3% de incidencia) vemos que la reducción del riesgo de fallecimiento que se obtiene simplemente comiendo fruta cada día llega al 40%.

Estamos en septiembre, y con el nuevo curso llegan los tradicionales buenos propósitos. “Estos kilitos que me he traído del viaje deben desaparecer, tengo que empezar a moverme más”. Bien, cambiar de hábitos alimenticios y de estilo de vida se antoja fundamental para cuidar nuestro corazón, pero hasta el momento toda la información científica que apoyaba esta afirmación llegaba de países occidentales, donde el sedentarismo y el sobrepeso se han convertido casi en una epidemia. Sin embargo, el nuevo estudio China Kadoorie Biobank viene de Asia, de ahí su importancia. Durante siete años se hizo un seguimiento a 451.681 participantes (que no tenían historial de enfermedades cardiovasculares o hipertensión) repartidos en 10 áreas diferentes de China, cinco rurales y cinco urbanas.

En la web de Business-Standard leo declaraciones de uno de los investigadores participantes en el estudio, el doctor Huaidong Du, de la Universidad de Oxford.

“Durante los siete años que duró el estudio se dieron 19.300 casos de cardiopatía isquémica (CI) y 19.689 infartos. Un 18% de los participantes consumía fruta a diario, mientras que un 6,3% jamás la consumió. La media diario de consumo de los participantes fue de 1,5 porciones (150 gramos).”

Los datos indicaron que aquellos que consumieron fruta redujeron el riesgo de enfermedad cardiovascular, con respecto a quienes no la comían, entre el 25% y el 40%.

Según el doctor Du, parece claro que comer fruta fresca cada día reduce todos los tipos de enfermedad cardiovascular (en particular los infartos hemorrágicos). Y no solo eso, lo cierto es que “cuanta más fruta comes, mayor es la reducción del riesgo”. De regalo, los investigadores descubrieron que aquellos que consumían fruta a menudo tenían una presión sanguínea significativamente más baja.

¿Es o no es como para salir corriendo a la frutería?

Por cierto, los resultados de la investigación se han dado a conocer estos días en Barcelona durante un congreso de la Sociedad Europea de Cardiología.

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