¿Se pueden diferenciar las huellas dactilares de los gemelos idénticos?

¿Nunca os habéis preguntado si los gemelos idénticos comparten también las huellas dactilares? La verdad es que perdí la oportunidad de hacerle la pregunta este fin de semana a dos de los mejores especialistas forenses de España: Miguel Botella y Paco Exteberria, durante el fabuloso evento Naukas 14 Bilbao, así que he tenido que buscarme la vida en internet para encontrar la respuesta.

Y la respuesta es “sí y no”. Me explico, las huellas de los gemelos idénticos tienden a parecerse asombrosamente pero no son exactamente iguales, de modo que los especialistas no tienen mayores problemas en distinguir unas de otras. Tal y como cuenta Cecil Adams en esta interesante columna, los científicos aman las huellas dactilares de los gemelos idénticos, porque los ven como un escenario de debate perfecto para discutir sobre el viejo clásico: “nature vs nurture”, que en román paladín viene a significar: ¿Somos como somos por nuestros genes, o por el modo en que nos moldea el ambiente? La respuesta que nos da el estudio de las huellas dactilares de los gemelos homocigóticos, viene a ser claramente: “un poco de todo“.

La foto que ilustra este post corresponde a las quintillizas Dionne, nacidas en 1934 y toda una celebridad en su época ya que su caso fue el primero en que todas sobrevivieron y alcanzaron la edad adulta. Por lo que puedo leer, para los expertos en criminalística estadounidense, el nacimiento de estas niñas fue una especie de regalo divino y como tal, no perdieron la oportunidad de estudiarlas al detalle. Al comparar las huellas dactilares y de las palmas de las manos de las cinco hermanas, descubrieron que si bien el “conteo de surcos general” (es decir, los patrones de líneas, curvas, espirales, etc) eran, en efecto, impresionantemente similares, lo cierto era que cada una de las cinco niñas poseía huellas únicas debido a ciertas diferencias en los detalles.

Adams cita en su artículo a un experto en huellas dactilares llamado James Cowger, quien sostiene rotundamente que: “Hasta ahora no existen evidencias de que la disposición de las minucias (detalles mínimos en el dibujo como el perfil de los extremos de las rugosidades, la forma en que se bifurcan, etc.) se vean influenciadas de algún modo por la genética”. Así pues, presumiblemente estas diferencias menores pero cruciales surgen a causa de eventos locales aleatorios durante el desarrollo fetal (hacia el 7º mes de gestación).

Una vez resuelta la duda ya lo sabes, si estabas pensando cargarle a tu hermano gemelo un crimen cometido por ti, piénsatelo bien. Los del CSI no van a caer en el engaño.

Me enteré en una de mis web favoritas: StraightDope.com.

Así eran los jarabes para la tos hace un siglo

Hubo en tiempo en que las farmacias eran lo más parecido a un coffee-shop, y si no fijaos en la etiqueta de un centerario jarabe para la tos llamado “One Night” (Una noche). Su composición es de esas que meten miedo: alcohol (menos de un 1%), cannabis (es decir marihuana), cloroformo y morfina.

Supongo que para tranquilizar, la etiqueta decía que estos ingredientes se habían combinado “hábilmente” con otros varios (que no aparecían en la composición). Pero vamos, en vista de los que si aparecen mejor no saber cuales eran los otros ¿hojas de coca? ¿hongos alucinógenos? Apuesto a que Pocholo habría simulado tener tos a todas horas de haber nacido hace 100 años. ¡En Magaluf sería trending topic!

Claro que la pregunta es…. ¿el jarabe para la tos se llamaba “One Night” porque nadie llegaba a la segunda ingesta? En fin, a pesar de que conozco a algún amigo que se ha metido cosas peores un sábado noche, yo es imaginarme a un niño recibiendo una cucharadita de este sirope y se me ponen los pelos como escarpias.

Investigando por ahí, veo que estas tropelías han sido bastante comunes antes del establecimiento de controles médicos serios obligatorios. Sin ir más lejos, mi compañero Aberrón nos habló hace años de los medicamentos radioactivos que se anunciaban libremente en los EE.UU. o Alemania durante la década de 1920 o 1930. No os perdáis su ¡La radioactividad os sienta tan bien!.

Por no recordar la salvaje cirugía cerebral que se hacía con los enfermos de esquizofrenia o depresión, cuyo nombre aún provoca terror: lobotomía. Por lo que he podido leer hubo médicos que la recomendaban incluso a los aquejados de migrañas severas. Afortunadamente aquella locura se detuvo en la primera mitad del siglo XX con la aparición de la clorpromazina. Algo muy parecido sucedió con el electroshock, felizmente superado. Aquello si que era medicina “energizante”.

A finales del siglo XIX, Freud el padre de la psiquiatría, usaba y recetaba libremente la cocaína a sus pacientes y amigos como un tónico para curar la depresión y la impotencia sexual. Él era cocainómano, y creía que no existía una dosis máxima mortal. Por desgracia uno de sus pacientes le salió “contestón” y le dio por morirse de sobredosis. Aunque habrá quien piense que la cosa funcionó, porque el enfermo no necesitó mas psiquiatras desde aquella mortal receta.

Sin retrotraerse tanto en el tiempo, en la década de los 60 en España, era habitual recetar a los niños desganados aquel vino dulce con extracto de quinina llamada Kina, e incluso el popular Sansón. Después de un chupito, comer no se si comerían mejor pero sin duda cualquier cosa pasaba a ser más apetecible… si el plato dejaba de moverse. Yo siempre comí de marvilla y no necesité ni Kina ni Sansón, una lástima haberme perdido la experiencia.

¿A donde voy a parar? Pues nada, que creo que por fin lo he comprendido. Tras este breve repaso por estos “terroríficos” productos, que una vez estuvieron bien vistos y que se empleaban legalmente en nuestros ambulatorios y boticas, ya entiendo que algunos farmaceúticos de hoy en día no tengan miedo ninguno a preparar o vender productos homeopáticos. Después de todo, saben que lo que venden es agua, efecto placebo, una dilución de “nada”. Y eso la verdad, debe dejar sus conciencias tan satisfechas como llenas sus cajas.

Paul Smith: el artista que ‘pinta’ con su máquina de escribir

Imagen de previsualización de YouTube

Tras ver este vídeo de Paul Smith, lo primero que ha venido a mi mente es el eslogan de aquella vieja campaña publicitaria de Aquarius: “el ser humano es extraodinario“. Ahí tenéis a este artista con mayúscula, aquejado de parálisis cerebral desde que nació e incapaz por culpa de los espasmos de expresar su visión del mundo usando pinceles. Eso no le alejó de su objetivo. Paul comenzó a “pintar” con una máquina de escribir cuando era muy joven. Con un solo dedo, aporreando tecla a tecla y empleando solo 10 caracteres simbólicos del viejo teclado QWERTY de su máquina, Paul ha creado cientos de obras de arte a lo largo de su vida.

Puedo imaginar la epifanía que Paul debió sentir cuando le regalaron la máquina. De hecho, si os fijáis en el vídeo superior, hacia el minuto 1:49 aparece brevemente un retrato de su habitación de juventud (curiosamente los pomos de los cajones de su escritorio se representan con símbolos “@”) en el que, como no podía ser de otro modo, la máquina de escribir ocupa el lugar preferente y central. Más tarde llegaron las cintas de color, gracias a las cuales Paul pudo mejorar aún más sus creaciones artísticas.

En la actualidad se encuentra en un asilo de Oregon llamado Rose Haven, en cuyos pasillos se exhiben buena parte de sus obras. A pesar de sus problemas de movilidad, desde esa habitación en su residencia Paul tiene el poder de inspirar a personas de todo el mundo gracias a su talento, paciencia y perseverancia. Allá donde otros solo habrían visto obstáculos insuperables, este hombre se alzó para demostrarnos lo acertado que resulta el viejo adagio: “querer es poder“.

Me enterlé visitando Lost at E minor.

Nota: He cambiado el vídeo por una versión subtitulada en español por la gente de www.lacaramable.com.

Cine y perros de moda, curiosidades del ‘efecto Lassie’

Mi hija, que está en esa dichosa edad de pedir un perro a todas horas, no ha oído hablar nunca de Lassie. De hecho, creo que no ha visto un collie en su vida, pese a que en otro tiempo eran súmamente numerosos. En cambio este verano, en plena visita al Oceanographic de Valencia, reconoció al instante al diminuto pez payaso, apenas uno más de entre los miles de ejemplares pertenecientes a dos docenas de especies de peces tropicales. ¿La razón? Hollywood por supuesto, cuyos productos también parecen envejecer. En Science lo cuentan mucho mejor, y lo llaman “efecto Lassie”.

Ya en los tiempos de Bogart quedó patente que las películas eran capaces de incitarnos a beber o a fumar. Ahora, los científicos han descubierto que también nos hacen comprar perros. Pero ojo, no cualquier perro. Si la estrella se llama Lassie los collies se venden como churros, con Rintintín llegó la moda de los pastores alemanes, con Beethoven la de los San Bernardo y así sucesivamente. Parece obvio pero… ¿cuánto tarda en disiparse la moda?

Para dar respuesta a esta última pregunta, ya contamos con un estudio científico riguroso. Y es que un equipo de psicólogos estadounidenses acaba de publicar en PLOS One los resultados de su investigación sobre las influencias de 87 películas “con perro” en la venta de mascotas de esa misma raza, y el tiempo en que la moda tarda en disiparse. Para ello echaron mano de la base de datos de la AKC (American Kennel Club -> el club de criadores caninos estadounidenses) que mantiene registros de 65 millones de perros.

¿Conclusiones? El incremento en la popularidad de una raza provocada por un film de éxito (y por tanto las ventas) dura hasta diez años. Como ejemplo citan a la clásica Lassie, cuya película de 1943 “Lassie vuelve a casa” provocó un aumento del 40% en el registro de perros de esa raza en la base de datos de la AKC. Mas drástico aún; tras la película de 1959 “The Shaggy Dog“, el alta en el registro de pastores ingleses en los archivos de la AKC se duplicó.

No obstante, hoy en día el efecto de las películas en los gustos a la hora de comprar mascotas se ha desvanecido un tanto, tal vez por la competencia de la televisión, o de internet, pero también por el hartazgo del exceso de oferta. Hasta 1940, se estrenaba a lo sumo una película al año protagonizada por un perro, pero hoy en día cada año llegan a la cartelera más de siete. Además, estoy por apostar que la concienciación de la sociedad hacia el rescate de perros abandonados en las perreras, sea cual sea su raza, también ha contribuído a alterar la tendencia.

Afortunadamente, la atenuación del “efecto Lassie” es algo deseable. Parece ser que el aumento repentino en la popularidad de una raza no trajo nada bueno a los criadores caninos, que se veían obligados a sobre-criar a sus ejemplares para satisfacer la demanda provocada por la moda. Esto hizo que los criterios de selección habitual “se relajaran”, haciendo llegar al mercado perros con toda clase de trastornos heredados de sus explotados progenitores.

Me enteré leyendo Science Shots.

Comed fruta ‘corazones’


Por fin de regreso tras unas agradables vacaciones veraniegas en el Mediterráneo, me encuentro ante la disyuntiva de elegir un tema sobre el que hablar. ¿Y qué mejor que la propia experiencia? Lo cierto es que durante el viaje de vuelta, me propuse buscar información sobre un fenómeno que me sucede cada vez que viajo: la des-regulación del tracto digestivo. No se a vosotros, pero a mi me cuesta dos o tres días retomar “mi juego de tronos” habitual. Vamos, que siempre empiezo enfadado con el señor Roca… ya me entendéis.

¿Por qué? Bien, según leo por ahí el problemilla puede venir del estrés (que no es mi caso), del cambio en la alimentación (que tampoco, porque básicamente he comido como en casa) o de la falta de agua. ¡Bingo! A pesar de que en Valencia he bebido lo mismo que en casa, el calor allí no es igual al de Asturias, ergo mi cuerpo absorbía más agua, ergo quedaba menos para el intestino… y de ahí el “taponcito”. Nada que no arreglase un poco más de agua de la cuenta, y unos zumitos de fruta en el desayuno gracias a mi atenta esposa.

Con todo esto he pensado: genial, ya tengo tema para hablar en mi columna de hoy: la fruta y su fabulosa influencia en todos los aspectos de la salud. Sin duda algo estamos haciendo mal cuando nuestros niños prefieren una pieza de bollería industrial a una nectarina o a unas deliciosas peras de agua, y por desgracia creo que serán ellos quienes lo paguen más adelante.

Las cifras sobre el influjo benefactor de la ingesta de fruta diaria son de las que hacen pensar muy mucho. Según un reciente estudio realizado en China, con una muestra estadística de casi medio millón de participantes, el consumo diario de fruta puede reducir el riesgo de muerte (no accidental) en nada más y menos que un 32%. No solo eso, si nos centramos en las enfermedades cardiovasculares (la principal causa de muerte en España en 2012 con un 30,3% de incidencia) vemos que la reducción del riesgo de fallecimiento que se obtiene simplemente comiendo fruta cada día llega al 40%.

Estamos en septiembre, y con el nuevo curso llegan los tradicionales buenos propósitos. “Estos kilitos que me he traído del viaje deben desaparecer, tengo que empezar a moverme más”. Bien, cambiar de hábitos alimenticios y de estilo de vida se antoja fundamental para cuidar nuestro corazón, pero hasta el momento toda la información científica que apoyaba esta afirmación llegaba de países occidentales, donde el sedentarismo y el sobrepeso se han convertido casi en una epidemia. Sin embargo, el nuevo estudio China Kadoorie Biobank viene de Asia, de ahí su importancia. Durante siete años se hizo un seguimiento a 451.681 participantes (que no tenían historial de enfermedades cardiovasculares o hipertensión) repartidos en 10 áreas diferentes de China, cinco rurales y cinco urbanas.

En la web de Business-Standard leo declaraciones de uno de los investigadores participantes en el estudio, el doctor Huaidong Du, de la Universidad de Oxford.

“Durante los siete años que duró el estudio se dieron 19.300 casos de cardiopatía isquémica (CI) y 19.689 infartos. Un 18% de los participantes consumía fruta a diario, mientras que un 6,3% jamás la consumió. La media diario de consumo de los participantes fue de 1,5 porciones (150 gramos).”

Los datos indicaron que aquellos que consumieron fruta redujeron el riesgo de enfermedad cardiovascular, con respecto a quienes no la comían, entre el 25% y el 40%.

Según el doctor Du, parece claro que comer fruta fresca cada día reduce todos los tipos de enfermedad cardiovascular (en particular los infartos hemorrágicos). Y no solo eso, lo cierto es que “cuanta más fruta comes, mayor es la reducción del riesgo”. De regalo, los investigadores descubrieron que aquellos que consumían fruta a menudo tenían una presión sanguínea significativamente más baja.

¿Es o no es como para salir corriendo a la frutería?

Por cierto, los resultados de la investigación se han dado a conocer estos días en Barcelona durante un congreso de la Sociedad Europea de Cardiología.

Más cerca del implante de nuevas neuronas con las que remplazar a las que perdemos

Durante mi adolescencia tardía, enamorado ya sin remedio de la ciencia ficción gracias a la saga “Fundación” de Asimov, y a novelas como “Contacto” de Sagan, “El Juego de Ender” de Scott Card, “2001 Una Odisea Espacial” de C. Clarke y otras muchas obras maestras, llegué por casualidad a un librito pequeño que cogía polvo en mi sección favorita de la biblioteca. Se trataba de una novela de 1966 lamada “Flores para Algernon” y su autor era un estadounidense desconocido para mi, Daniel Keyes. No os voy a relatar la trama porque entre otras cosas existen versiones para televisión que probablemente ya hayáis visto, y si no siempre podréis leerla descargando la obra en castellano y en formato PDF desde este enlace (animaos, apenas llega a las 200 páginas).

Simplemente diré que en esa obra la ciencia consigue, de forma fugaz, convertir a un hombre que padecía un severo retraso mental en todo un genio. Algernón, un ratón con quien también se realiza el experimento en paralelo (y amigo del humano) consigue así mismo resultados sorprendentes. Hoy, tras leer una esperanzadora noticia relacionada con neuronas y ratones, ha sido inevitable que me acordara de la obra de Keyes que tanto me gustó y que tan utópica e inalcanzable se me figuraba por aquel entonces.

Vayamos al grano. En AlphaGalileo publicaron ayer una nota de prensa de la Université de Luxembourg sobre un trabajo realizado por científicos del Centro Luxemburgo para Sistemas de Biomedicina (LCSB) de dicha universidad. Lo que ha hecho esta gente es tomar células de la piel de los ratones, reprogramarlas hasta formar con ellas neuronas, e implantarlas luego en el cerebro de los ratones donantes. Seis meses después de su implantación, las neuronas eran plenamente operativas y se habían integrado en el cerebro con total éxito, creando sinapsis con sus vecinas. El resultado es una novedad porque hablamos de la implantación de neuronas duraderas y estables funcionando en el cerebro como si siempre hubieran estado allí. Esto deja una ventana abierta a futuras terapias que tal vez nos permitan reemplazar en humanos, a aquellas neuronas perdidas en la batalla contra el Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas.

Obviamente el camino hasta llegar a un logro semejante va a ser muy largo, pero en unas décadas tal vez podamos contar con munición de calidad para suplir las bajas neuronales causadas por las demencias, y “renovar” nuestro cerebro con células propias, procedentes de cualquier tipo de tejido, a las que previamente induciremos a convertirse en neuronas. ¡Adiós a los problemas de rechazo o de falta de donantes! La técnica de producir neuronas en discos de petri directamente a partir de células de piel (sin usar para ello células madre) es muy reciente, siendo la primera vez que se logró hace ahora tres años, agosto de 2011.

Volviendo al trabajo del que hablamos, conviene decir además que los ratones con los que se experimentó esta técnica no mostraron efectos adversos, incluso seis meses después de que se les implantaran estas neuronas inducidas en el hipocampo y en varias regiones de su cortex cerebral. De hecho, como digo los resultados mostraron que las nuevas neuronas mostraban una actividad normal y que se habían integrado con toda normalidad en la compleja red neuronal del roedor gracias a nuevas sinapsis.

No se vosotros, pero si algún día conseguimos replicar este experimento en humanos enfermos con total éxito… ¿No habrá quién plantee probar a hacer algo así también en humanos sanos, para ver si conseguimos crear genios experimentalmente? Si algún día llega ese momento, recomendaría al conejillo de indias bípedo que se ofreciese como voluntario, que se leyese antes a Keyes y su “Flores para Algernón” para extrar las pertinentes lecciones.

El trabajo, dirigido por los profesores Jens Schwamborn y Kathrin Hemmer acaba de ser aceptado para publicación en la revista Stem Cell Reports.

Me enteré leyendo AlphaGalileo.

Un simple análisis de sangre podría detectar el cáncer

Uno de los grandes problemas que tienen los cánceres es que son muy difíciles de diagnositicar en etapas tempranas. Para descartar su irrupción, muchas veces los médicos someten a los pacientes sospechosos de padecer este mal a toda una batería de pruebas invasivas y costosas (pensad en una colonoscopia o en una biopsia por ejemplo).

Bien, todo eso podría llegar a cambiar si se confirmaran los prometedores resultados de un test expertimental para la detección de tumores (en el trabajo se habla únicamente de melanoma, y cáncer de colon y pulmón) que acaban de hacerse públicos en la revista online FASEB Journal (editada por la Federación Estadounidense de Sociedades para la Experimentación Biológica).

Básicamente, el test consiste en un análisis de sangre centrado en los glóbulos blancos, o linfocitos, que una vez extraídos son expuestos a rayos ultravioleta, una acción cuyas peligrosas consecuencias para el ADN, generando mutaciones dañinas, todos conocemos. La prueba se denomina técnicamente LGS (acrónimo inglés para “Sensibilidad del Genoma del Linfocito“).

Debemos el estudio a un equipo de investigadores británicos de la Universidad de Bradford liderado por la profesora Diana Anderson. Tal y como ella acaba de declarar en la web Doxcole.com:

“Los glóbulos blancos son parte del sistema natural de defensa de nuestro cuerpo. Sabemos que cuando los linfocitos se encuentran combatiendo al cáncer o a otras enfermedades, se ven sometidos a estrés. Eso me llevó a preguntarme si no habría alguna manera de ver y medir esa tensión, en caso de que expusiésemos a los glóbulos blancos a algo que les añadiese más estrés: la radiación ultravioleta. Al hacerlo, descubrimos que las personas con cáncer poseen un ADN mucho más sencillo de dañar cuando se le aplica luz UV, de modo que nuestro test mide realmente la sensibilidad a los daños del ADN de una célula (es decir de su genoma)”.

Por lo que puedo leer, el ensayo en el que se basa el estudio tiene una muestra estadística bastante pequeña: 208 extracciones de sangre realizadas a otros tantos individuos. De ellos, 94 eran personas sanas, mientras las otras 114 muestras se repartieron entre personas con cáncer diagnosticado (58) y enfermos de los que se sospechaba que podían padecer tumoraciones (56).

Tras exponer las muestras (“ciegas” y elegidas al azar) a los rayos UVA, se observaron los daños en forma de trozos de ADN “arrancados” por un campo eléctrico que tiraba de ellos hacia el extremo positivo del campo, lo que causaba una especie de cola similar a la de los cometas en los gráficos. En los tests LGS, cuanto mayor era esa cola más daño había sufrido el ADN. Tras realizar las pertinentes mediciones, se constató la correlación entre los pacientes diagnosticados con cáncer y aquellas gráficas con la “cola” de daños más larga. Tras ellos, las colas intermedias correspondían a las de los pacientes con enfermedades pre-cancerosas (las gráficas en algunos de estos pacientes llegaron incluso a anticipar cánceres que más tarde fueron confirmados por métodos clásicos de diagnóstico). Para concluir, los gráficos con colas más cortas correspondieron a las muestras de sangre tomadas a las personas sanas.

No quisiera sonar demasiado optimista. Obviamente, hablamos aún de ensayos en fase muy temprana y como he dicho la muestra estadística es bastante pequeña, pero los resultados del estudio muestran un nivel de seguridad estadística de P>0,001, esto significa que la posibilidad de que los resultados se debieran al azar es de 1 entre 1000. Hacen falta más pruebas, es cierto, pero sin duda la posibilidad que abre este estudio para universalizar un medio de detección temprana del cáncer es de lo más prometedora, y podría – si se replican los resultados en otros laboratorios – salvar un número enorme de vidas, además de hacer ahorrar ingentes cantidades de dinero a los sistemas sanitarios estatales.

El colmo de un niño pera

En tiempos de mis padres los “niños pijos” no existían, me refiero al término claro, no al concepto. Personas que encajaran en el perfil “posh” las ha habido siempre, pero en aquellos tiempos más que presumir de marcas carísimas (aunque el zapato Castellano lo rompía) lo que se llevaba entre los niños de papá era fardar del rancio abolengo de la familia, especialmente si podía presumirse de los logros militares en África de algún antepasado. Como digo, a aquellos precursores de Tamara Falcó por aquel entonces no se les llamaba niños pijos, sino que se les etiquetaba con una hermosa expresión castellana que lamentablemente ha dejado de circular: “niños peras“.

A mi no me cabe ninguna duda, resulta mucho más bonita una pera que un pijo, salvo que seas Jorge Javier, claro. En fin, sea como sea la expresión “niño pera” murió, y dudo mucho que te topes más con ella, a no ser que trabajes en la hemeroteca de ABC escaneando ejemplares amarillentos del Blanco y Negro. ¡Avisado quedas! Si se te ocurre usarla ahora pocos te entenderán, y el que lo haga pensará de ti que más que viejuno debes ser el verdadero Doctor Who, ya que conoces el secreto del viaje en el tiempo.

¿A qué viene esta barrila arqueo-lingüística? Pues a los chinos, ya veis, que mira que son especiales hasta para comer fruta. ¿Véis la foto de arriba? Aunque parezca mentira lo de la bandeja son dos peras expuestas en un supermercado de Pekín. Apuesto que si en los 60 le hubieras regalado una de estas a cualquier chavalete te habría partido la cara. Especialmente si el elegido luciera atado al pecho y reposando sobre los hombros, un auténtico e “ideal” jersey Burberry a rombos.

Y seguramente ahora te estés preguntando cómo coño hacen los chinos que una pera se parezca a un niño, a un buda, o a Kiko Rivera ¿verdad? Pues la respuesta es: usando moldes. Cuando la pera aún cuelga del árbol y es pequeñita, se le coloca un molde alrededor que va forzando a la fruta, a medida que esta crece, a tomar la apariencia deseada. La paciencia da sus frutos… y ahora además les da forma.

¿Llegará la moda aquí? ¿Veremos algún día en el Mercadona peras con forma de pijo, o manzanas con la cara de Froilanín? Solo Dios lo sabe, pero a lo mejor la idea sirve para que los niños olviden de una vez la bollería y se pasen a la comida sana. Si no es por las buenas, por las malas: “Niño, cómete esa pera antes de que crezca y se te coma a ti”.

Me enteré leyendo Neatorama.

En 20 años descubriremos una nueva Tierra… otra vez


Kevin Hand es un reputado astrobiólogo y científico planetario que trabaja en el archiconocido JPL (Laboratorio de Propulsión a Chorro) de la NASA. Este licenciado en física, nacido a comienzos de la década de los 70 (como yo), es uno de los muchos científicos que sueña con las maravillas que el telescopio espacial James Webb (JWST para abreviar) va a permitirnos descubrir. Hoy sus palabras, y las de sus colegas, han vuelto a emocionarme como cuando tenía 20 años menos. Por desgracia, el cinismo ha aflorado apenas unos minutos más tarde.

Os cuento: ojeando The Register me topé con una especie de artículo-deseo-grupal en el que Hand sostiene algo que he oído ya innumerables veces: “Creo que en las próximas dos décadas descubriremos que no estamos solos en el universo“. Como digo no ha sido el primero, recientemente Seth Shostak afirmó algo más alucinante aún: “en 24 años descubriremos inteligencia extraterrestre“.

Conocí a Shostak en persona hace años y se puede decir que ya está en el ocaso de su carrera (nació unos 30 años antes que Kevin Hand) por lo que he visto decrecer su entusiasmo a medida que se cargaba de años. Hand en cambio es savia nueva, pertecene a la última generación de científicos ilusionados ante tal perspectiva histórica. Tal vez por eso me ha enganchado su optimismo, pero es que además no está solo.

Sara Seager, es profesora de ciencias planetarias y física en el MIT, también de la generación nacida a comienzos de los 70, e igualmente optimista ante el inminente fin de la soledad cósmica de la raza humana. Esto es lo que ha dicho: “En algún momento del futuro cercano, la gente será capaz de apuntar a una estrella y decir, ‘esa estrella tiene un planeta como la Tierra’“.

Matt Mountain se aproxima a los sesenta, y es en la actualidad director del Intituto de Ciencia en Telescopios Espaciales (STScl). Él también está ansioso y encantado de ser testigo de la época que le ha tocado vivir. Estas son sus palabras: “Imagínense el momento en que nos encontremos con posibles señales de vida. Imagínense ese momento en el que el mundo se despierta y la raza humana se da cuenta de que su larga soledad en el tiempo y el espacio podría haber finalizado; la posibilidad de que ya no estemos solos en el universo.”

Por lo que veo el JWST, que tiene previsto su lanzamiento para 2018, les tiene a todos fascinados. Este telescopio se situará en el punto de Lagrange L2, mucho más allá de la óbita de la Luna y será capaz de sondear las atmósferas de los exoplanetas lejanos que orbiten otros soles.

Entre las demás novedades interesantes en el campo de la búsqueda de exoplanetas que veremos en los próximos años, debería de incluirse al propuesto Telescopio de Inspección de Infrarrojo de Amplio Campo (WFIRST-AFTA), cuyo lanzamiento se prevé para principios de la próxima década, y al satéite TESS, diseñado para cazar exoplanetas mediante el método del tránsito, cuyo lanzamiento está previsto para 2017.

Ante semejante batería de nuevos instrumentos en proyecto, es normal que el gran jefe de la NASA, Charles Bolden, afirme emocionado: “Es muy poco probable, en la inmensidad sin límites del universo, que los humanos estemos solos“.

De verdad, de verdad, que deseo que todos estos científicos acierten, que yo lo vea, y que tu (querido lector) también. Deseo fervientemente que dentro de 20 años este eterno logro a punto de conseguirse se haga realidad, y que dejemos de una vez de hacer brindis al sol (o a la exo-estrella de turno). Solo pido, en fin, que nuestro entusiasmo no se apague poco a poco por el camino, como se le apagó la juventud al antes citado Seth Shostak, que hace 20 años afirmaba cosas similares a lo que ahora dicen Hand, Seager, Mountain y Bolden.

De lo contrario llegaríamos a una nueva paradoja temporal, como la del chiste que los físicos hacen sobre la consecución de la fusión nuclear. Por si no lo sabéis, dar con un método de generación energéica económicamente viable y basado en fusión, lleva toda la vida a sólo dos décadas de convertirse en realidad. El día que se consiga acabaremos con el doble problema energético-ecológico que amenaza con llevarse por delante a este sí, el único mundo plenamente habitable que conocemos hoy por hoy en el cosmos.

Si no logramos arreglar esto último, encontrar una Tierra-2 dejará de ser un mero ejercicio filosófico con el que entretener a nuestros astrónomos y pasará a ser una necesidad acuciante de la que podría depender nuestra supervivencia como especie.

Explican el secreto de la avispa esmeralda para convertir a las cucarachas en zombies

Durante décadas, los científicos han tratado de entender la compleja y macabra relación entre la avispa esmeralda parasitaria Ampulex compressa y su víctima mucho más grande, la cucaracha doméstica común Periplaneta americana.

A primera vista, esta relación parásito-presa se parece mucho a cualquier otra: la avispa hembra pica a la cucaracha, pone un huevo en su abdomen, y una vez eclosiona, la hambrienta larva se alimenta de la cucaracha. Sin embargo, aunque la mayoría de los insectos parásitos tienden simplemente a paralizar a sus víctimas con una picadura venenosa, en cambio la avispa esmeralda manipula el comportamiento de la cucaracha transformándola, en esencia, en una esclava zombi.

Tras dos picaduras, la cucaracha conserva físicamente la capacidad de caminar, pero queda totalmente despojada de la facultad de iniciar el movimiento por su propia voluntad. La avispa, ahora cansada después de haber administrado dos aguijonazos, recupera su energía cortando los extremos de las antenas de la cucaracha, y bebiendo su sangre. Una vez revitalizada, prende a la cucaracha por lo que queda de sus antenas y esta, al igual que un niño obediente al que su madre lleva de la mano al colegio en su primer día de clase, acata sumisa las órdenes de la avispa y la sigue hasta su nido.

Mientras tanto, la avispa introduce un huevo en la cucaracha, que eclosiona a los tres o cuatro días. La larva encastrada de avispa mastica un camino hacia el interior del abdomen de la cucaracha, donde procede a comerse los órganos internos en un orden preciso. Esto asegura que la víctima dócil se mantega con vida durante los siguientes cuatro días, hasta que la larva finalmente forma un capullo en su interior.

Con el tiempo, la avispa completamente desarrollada emerge del cuerpo del anfitrión y continúa el ciclo vicioso. A pesar de todo, la cucaracha estupefacta, no muestra ningún deseo de forcejear, huir o luchar, incluso cuando está siendo devorada viva desde el interior, pese ser físicamente capaz de moverse.

¿Cómo controlar a una cucaracha?

Esta relación avispa-cucaracha se documentó por primera vez en la década de 1940, pero hasta hace bien poco los científicos no fueron capaces de entender cómo hace exactamente la avispa para manipular el comportamiento de la cucaracha de una forma tan precisa.

La primera picadura, administrada en una masa de tejido nervioso situada en el tórax de la cucaracha, contiene grandes cantidades de ácido gamma amino butírico (GABA), y otros productos químicos complementarios llamados taurina y beta-alanina. El GABA es un neurotransmisor que bloquea la transmisión de señales entre los nervios motores, y, en unión a las otras dos sustancias químicas, paraliza temporalmente las patas delanteras de la cucaracha. Esto evita que la cucaracha escape mientras la avispa inflige la segunda picadura, más tóxica, directamente en el cerebro de la cucaracha.

Es esta segunda picadura la que convierte a la cucaracha en un zombi, y contiene lo que Frederic Libersat y sus colegas de la Universidad Ben Gurion llaman un “cóctel neurotóxico“. El veneno del segundo aguijonazo bloquea los receptores de otro neurotransmisor llamado octopamina, que está implicado en la iniciación de movimientos espontáneos y complejos tales como caminar.

Libersat ha demostrado que las cucarachas no aguijoneadas por avispas, a las que se les inyecta un compuesto similar a la octopamina, muestran un cambio conductual que las incita a caminar más. En cambio, aquellas a las que se les inyecta una sustancia química que bloquea la octopamina, muestran una reducción en la marcha espontánea, al igual que sucede con las víctimas de la picadura de la avispa esmeralda. Así mismo, Libertat fue capaz de “resucitar” a algunas cucarachas Zombie, liberándolas de su estupor y permitiéndoles caminar por su propia voluntad tras ser inyectadas con una sustancia química que reactiva los receptores de octopamina.

Hay una sutil distinción entre ser capaz de caminar y ser capaz de iniciar un movimiento de este tipo. Las cucarachas picadas en este caso se ven privadas de esto último, a pesar de que sus habilidades para caminar parecen intactas, lo cual por otro lado queda demostrado por el hecho de que estas pobres criaturas sean perfectamente capaces de caminar hacia el nido del parásito, si bien sólo cuando son dirigidas por la propia avispa.

Libersat y sus colegas investigaron este interesante fenómeno colocando cucarachas zombies en situaciones potencialmente peligrosas, para de este modo poner a prueba sus reflejos de escape. Los científicos descubrieron que las cucarachas picadas por las avispas esmeralda mostraron muy pronto estar privadas de cualquier voluntad de escapar a un lugar seguro, incluso cuando se las electrocutaba o se las arrojaba al agua para que se ahogaran. Sin embargo, sus habilidades motoras, medidas por las contracciones de los músculos cuando se las sometía a estos peligros, eran las mismas que las cucarachas “libres” (o no aguijoneadas), lo cual sugiere que el veneno afecta específicamente a la decisión y no a la capacidad de caminar.

A pesar de lo inquietante que esta manipulación conductual puede parecer, uno no puede dejar de apreciar el ingenio de este pequeño parásito, capaz de incapacitar a una víctima mucho más grande que ella. Si la avispa simplemente fuera capaz de paralizar a la cucaracha, probablemente no sería capaz de llevarla de vuelta a su guarida, y si simplemente tratara de matarla perdería su fuente de alimentos frescos. Por tanto, ha evolucionado para desarrollar un arma más compleja y precisa capaz de superar estos dos obstáculos: un veneno que sólo se centra en los circuitos neuronales específicos que garantizan que su víctima pueda caminar obedientemente hacia su tumba, y que al mismo tiempo le permite seguir con vida mientras es devorada.

Y sin la voluntad de escapar, estas pobres cucarachas ayudan a que surja otra generación de aterradoras avispas esmeralda.

A veces la naturaleza simplemente da miedo.

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Este artículo es una traducción. Podéis consultar el original (en inglés) publicado por Sana Suri en Iflscience.com.

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