¿De verdad te vas a comer eso?

Hoy he estado leyendo otro de los entrenidos artículos de Cecil Adams en The Straight Dope. En esta ocasión una intrépida estudiante de arte le comentaba a Cecil su pasión por el barro, el cual se comía (lógicamente antes de hornear) y le preguntaba si era normal. Yo me esperaba que Adams la llamase loca 50 veces (puesto que aprovecha la mínima para dar caña a sus lectores) pero en lugar de eso me encuentro con un: “tranquila, lo tuyo es una pica de lo más común, y se llama geofagia”. Existen muchas clases de apetitos por sustancias no comestibles, algunos con nombres tan sonoros y pseudoeróticos como la “coniofagia”, que en realidad es lo que le sucede a quien se come el polvo que se acumula en las persianas venecianas, y otras con nombres oscuros y vampirizadores como la “hemofagia”.

Pero volviendo a Straight Dope y a la estudiante que comía tierra. Cecil afirma que esta condición era muy común entre las mujeres negras pobres de áreas rurales, especialmente durante el embarazo. Durante el siglo XIX en los Estados Unidos llamaban cachexia africana al acto de comer polvo y tierra. Algunos especialistas creen que se trata de un mecanismo natural que se da cuando aparece una anemia de hierro. El hecho es tan común que en la literatura médica algunos autores (R. Reid, Medical Anthropology, 1992) creen que debería variar la actitud hacia la geofagia, (y ahora Adams suelta una tontería que me ha hecho reír) ya que es evidente que algo que le sucede a una sola persona es una enfermedad, pero si les ocurre a miles de personas se trata de una experiencia de reafirmación cultural.

Es curioso la cantidad de cosas extrañas que se puede llegar a comer la gente (no siempre impulsados por la necesidad). Adams comenta en su artículo el caso de una mujer no fumadora que comía cenizas de cigarrillo. Cuando su marido no estaba, quemaba cigarrillos para poder saciar su apetito, y cuando su marido se hallaba en casa e iba a fumar, su mujer le perseguía haciendo un cuenco con sus manos para atrapar la ceniza que caía. Confieso que yo en la EGB le llegué a pegar un mordisco a una de aquellas gomas de nata que olían tan requetebien (¿milanofagia?), pero de ahí a chupar ceniceros hay un mundo.

En fin, ya sabes… si comes barro o tierra coméntaselo a tu doctor, probablemente un suplemento férrico en tu dieta te hará abandonar el hábito, y si la costumbre te gusta y no quieres abandonarla, intenta buscar amigos en las promotoras inmobiliarias… probablemente tengan tanto suelo sin vender a causa del estallido de la burbuja, que tendrán que acabar comiéndoselo.

43 Comentarios

  1. 43 sarahi miranda sarahi miranda 10 Oct 2011 0 (0 Votos)

    pues a mi encanta comer la madera de cedro, el barro, la pintura, los gises el yeso con decirles que el otro dia hasta me prepare una combinacion especial de madera, yeso y pintura, fui a la madereria y compre una tabla muy delgada como si fuera carton de cedro, compre yeso prepare la mezcla y se lo unte a la madera como si estuviera embarrando mantequilla en un pan, luego deje que se secara al sol por dos dias, despues con pintura de esmalte pinte sobre el yeso y en la tabla y lo deje secar al sol por 7 dias cuando ya estaba todo seco cortaba los trozos como si me comiera un pan tostado y no saben que delicia de sabores fue como haber comido un manjar, ummm¡¡¡ delicioso¡¡¡¡¡

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