¿Escalera hacia el cielo?

La Tierra cuenta con un sistema natural de transporte capaz de librarnos del dióxido de carbono. A continuación os cuento el modo en que debemos ponerlo en marcha.

La mayoría de las soluciones al problema del calentamiento global son tediosas, y casi opresivamente cotidianas. Apagar las luces, dejar de usar combustibles fósiles para generar electricidad. Usar coches eficientes. No volar. También se han sugerido unos pocos proyectos grandiosos, como construir parasoles gigantes en el espacio, añadir hierro al océano para animar a las algas planctónicas a crecer y a absorber el CO2. En conjunto, todas estas grandes ideas son, o bien locuras, o bien peligrosas y de consecuencias impredecibles.

Eso no significa que no haya lugar para el pensamiento alternativo a la hora de abordar el problema. Y de hecho, la idea propuesta por Alfred Wong – de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) – durante una reunión de la Unión Geofísica Estadounidense que tuvo lugar la semana pasada en Acapulco, es igual de lateral que las citadas. El doctor Wong estima que el problema no es tanto la cantidad de CO2 que se emite a la atmósfera, sino que no se está lanzando lo bastante lejos. Según sus cálculos, con un poco de ayuda humana, el campo magnético de la Tierra podría convertirse en una cinta transportadora que actuaría como una chimenea que descarga el gas al espacio, de donde jamás retornará.

El lugar que el doctor Wong propone para construir la cinta transportadora es el Ártico. Más específicamente, sugiere que se sitúe por encima de las estaciones de trabajo que allí se encuentran, las instalaciones de HPAS (Estimulación de Auroras de Alta Potencia) cerca de Fairbansks – Alaska – que él mismo estableció hace 20 años para estimular y estudiar las auroras artificiales.

El cielo del ártico es especial porque es uno de los dos lugares del mundo (el otro es el Antártico) donde el campo magnético de la Tuerra se abre al espacio exterior. Las auroras, tal y como la mostrada en la foto superior, son testigos placenteros de la existencia de una corriente de partículas originadas en el sol, que irrumpen y golpean en la atmósfera. Estas partículas traen con ellas muchos gigavatios de potencia que el doctor Wong quiere aprender a domar para reducir la concentración de gases invernadero en la atmósfera.

Elevándose sobre el mundo

Su idea comienza con el hecho de que a las moléculas de CO2 les guste agruparse con electrones perdidos para formar iones de CO2. Un pequeño porcentaje de las moléculas de CO2 en el aire logran encontrar electrones de este tipo, y como resultado se cargan de forma negativa.

La segunda porción de suerte es que, por encima de toda la Tierra existe un campo eléctrico constante vertical. La superficie y la atmósfera forman una batería gigante, tal y como se encargan de demostrar las descargas de rayos. Este campo tiende a elevar los iones con carga negativa, tales como los mencionados de CO2, hacia las alturas. Al principio esto sucede de forma lenta, porque las colisiones con otras moléculas hacen que el rumbo de estos iones a la deriva se altere. Pero transcurridos unos pocos días, alcanzan una altitud de aproximadamente 125 kilómetros sobre la superficie terrestre, donde la atmósfera está tan enrarecida que un ión se puede mover con total libertad. Aquí es donde se inicia la última etapa de su viaje sin retorno al espacio: navegar a lomos del campo magnético de la Tierra.

Muy en lo alto, en las regiones polares, las líneas de las fuerzas magnéticas apuntan casi siempre directamente hacia arriba. Cuando una partícula cargada se encuentra en un campo magnético, tiende a viajar longitudinalmente con las líneas de fuerza del campo, moviéndose en espiral mientras avanza. En el caso de los iones de CO2, a una altitud de 125 kilómetros, giran en espiral 17 veces por segundo.

No obstante, a medida que viaja hacia lo alto, experimenta un campo delibitador. Deben entonces de girar menos veces por segundo, obedeciendo a una ley de la física llamada de la conservación del momento magnético (que es similar a la ley de la conservación del momento angular que hace que los patinadores sobre hielo ralenticen su giro a medida que extienden sus brazos hacia fuera). Y como no pueden perder la energía de su movimiento, se ven forzados a viajar más y más rápido siguiendo la dirección del campo. El resultado final es que los iones son eyectados hacia el espacio.

Esta es, al menos, la teoría. Y aunque el CO2 es demasiado escaso, incluso en la atmósfera actual, como para que el fenómeno pueda ser detectado desde la red existente de satélites, una eyección equivalente de oxígeno (un gas mucho más abundante) si que puede detectarse desde el espacio. De modo que parece más que probable que el análisis del doctor Wong sobre lo que está sucediendo en la naturaleza sea cierto. La pregunta es: ¿cómo se puede ayudar a las moléculas de CO2 a elevarse al espacio de forma artificial, de modo que puedan abandonar la atmósfera en número suficiente como para cambiar el rumbo del calentamiento climático? El doctor Wong cree que puede hacerse.

El elevamiento que el propone llega en dos fases. Primero hay que ionizar más CO2. Existen varias formas mediante las que conseguir esto, pero para un primer experimento, el doctor Wong propone destruir el polvo de la atmósfera mediante lásers potentes. De este modo se liberarían electrones que podrían combinarse con el CO2. Una vez creados los iones, Wong daría un empujón a aquellos que se hubieran elevado hasta la altura apropiada empleando ondas de radio con una frecuencia exacta de 17 ciclos por segundo, lo cual les aportaría una bonita cantidad de energía ideal para comenzar la fase de giro en espiral.

Una vez que estén en esta fase, el doctor Wong cree que la entrada de las corrientes de partículas cargadas que provocan las auroras, entregarían el plus que haría que todo el sistema funcionase, vertiendo parte de su energía para ayudar a que los iones comenzasen a girar en espiral. Esto debería de suceder gracias a un proceso llamado resonancia estocástica: las moléculas giratorias reciben tratamiento preferente, por decirlo de alguna manera, ya que se destacan sobre un ambiente en el que, de otro modo, existen movimientos aleatorios.

Hasta el momento, el doctor Wong solo ha hecho cálculos superficiales sobre la energía necesaria para realizar su esquema, pero de ellos se extrae que sus lásers y los transmisores de radio, aunque obtuviesen la energía eléctrica que fuesen a consumir a partir de combustibles fósiles, añadirían a la atmósfera una cantidad de CO2 menor que la que ayudarían a expulsar al espacio. La clave de esta eficiencia está en la energía gratis que llega gracias a la resonancia estocástica. Si las partículas ponen su granito de arena, cree que bastarían cono unas pocas docenas de megavatios de energía eléctrica adicional para dejar su huella en las existencias de CO2. ¿De qué cantidad de CO2 expelido al espacio hablamos? No está seguro, pero está bastante convencido de que podría ser lo bastante grande como para servir de ayuda.

Traducido de A stairway to heaven? (The Economist).

4 Comentarios

  1. 1 Revan Revan 5 Jun 2007 0 (0 Votos)

    A ver si lo he entendido bien …. un tio que “ya” esta modificando y estudiando las auroras boreales …. quiere lanzar una serie de lasers de varios megavatios a uno de los Polos Electromagneticos de Nuestra tierra …. y asi solucionar el problema del calentamiento global ……..

    Sinceramente, y sin tener en cuenta las posibles infinitas distintas consecuencias posibles despues de que el tio hiciera eso …., Prefiero usar un Coche con motor de Aire

    http://www.motordeaire.com/

    y esperar a ver que pasa, por lo menos no alterare ningun campo electromagnetico de 12.700 kilometros.

  2. 2 juaco juaco 5 Jun 2007 0 (0 Votos)

    Pues una mala idea. La idea no es que escape nada de la tierra sino que se vuelva a usar pues si dejamos escapar algo, se estaria acabando el planeta poco a poco.

    Hey Michael me gustaria opinar de otras mas cosas en este foro pero me aburre tener que anotar mis datos siempre, me gusta mas pasar por anonimo. No habria forma de opinar como Guest????

  3. 3 monti monti 5 Jun 2007 0 (0 Votos)

    Una idea peligrosa. El problema es que el CO2 que arrojamos a la atmósfera se forma a partir del carbono localizado en los combustibles fósiles y el oxígeno localizado en la atmósfera. ¿Que quiere decir esto? Que al expulsar el CO2 al espacio estamos bombeando oxígeno atmosférico al espacio, lo que a largo plazo provocaría una reducción en la proporción de oxígeno presente en la atmósfera.

  4. 4 Manuel Manuel 7 Jun 2007 0 (0 Votos)

    No creo que eso sea una solución… ¿expulsar el CO2?…

    Y digo yo… ¿no sería mejor utilizar el método tradicional?… y por método tradicional, me refiero al que ya dispone la propia Naturaleza.
    Es decir, los árboles que transforman el CO2…

    ¿Nadie se ha parado a pensar en que además de haber aumentado el consumo de combustibles derivados del petróleo también ha aumentado (y de forma alarmante) la deforestación?…

    Cada año, nos estamos cargando miles de hectareas que bosques, del pulmón del planeta, sin reponerlas de nuevo…

    Así que cada año hay menos vegetación que restaure el equilibrio y reduzca el CO2.

    Lo de las fuentes de energía alternativas también es importante, pero es algo a medio-largo plazo…
    Menos arrasar bosques para plantar ladrillos y más recuperar la Naturaleza.

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