¿Por qué apestas?

¡No te ofendas! Podrás ser un tipo hiper-higiénico y seguirás emanando perfumes. Y lo que es peor, la culpa es de las bacterias.

Todo comienza en las glándulas sudoríparas, que son tubos enroscados, únicos a los mamíferos, que liberan fluidos extraídos del flujo sanguíneo destinado a las capas dérmicas de la piel. Las glándulas apocrinas del sudor, ubicadas en localizaciones selectas tales como el cuero cabelludo, los pezones, los genitales y las axilas, segregan unas sustancias viscosas que incitan al crecimiento bacterial. (En realidad el sudor se produce en las glándulas ecrinas, que se distribuyen a lo largo de todo el cuerpo). Las bacterias rompen estas secreciones de desecho, y es este duro trabajo realizado por nuestros invitados el que crea tu pestazo especial.

Todo ese sudor y secreción podía también enviar señales a los demás. La existencia de feromonas humanas – mensajeros químicos que transportan información entre los individuos de una misma especie – es aún asunto de debate. Pero en febrero de este año (2007) un estudio publicado en la revista Journal of Neuroscience informó que un compuesto químico presente en el sudor humano masculino, cuando era percibido por una mujer, provocaba un aumento en sus niveles de cortisona (la hormona relacionada con los niveles de estrés). Esto podría sugerir la presencia de feromonas, a no ser que la correlación observada tuviera alguna otra causa subyacente.

Traducido de Why Do You Stink? (25 abril 2007)

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