A veces internet te provoca una sonrisa cuando menos te lo esperas. Sin comentarios.
Visto en Yahoo answers.
A veces internet te provoca una sonrisa cuando menos te lo esperas. Sin comentarios.
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El Imperio Contraataca, planeta Hoth, Han Solo abre en canal el cadáver de su montura, un tauntaun, para alojar dentro a un atérido Luke y que el calor del animal le proteja del frío de la tormenta polar.
Todos recordamos la escena con mezcla de asco (imaginando entrar en contacto con los apestosos intestinos calientes que afloraban del vientre abierto del bicho) y de admiración por lo ingenioso del truco. En realidad la escena cinematográfica no era novedosa, antes que Lucas otros directores idearon situaciones similares con tuaregs, y camellos de por medio, guareciéndose de las tormentas de arena del terrible Sáhara. (Un truco bereber que probablemente haya sido usado en realidad).
Pero al grano, el caso es que en una de mis webs favoritas (Thestraightdope.com), uno de los lectores rememora el episodio de Starwars y pregunta si el truco es leyenda urbana o si en efecto funciona. Ya de paso, consulta qué clase de animal sería mejor usar en la Tierra en un caso de emergencia similar.
Cecil Adams cuenta entonces el único caso histórico documentado de un episodio similar, el del Padre Goiffon, un clérigo que debía viajar en el invierno de 1860 a Saint Paul, en Minnesota, para asistir a una reunión eclesiástica. Al parecer el pobre hombre se perdió en una tormenta de nieve, su caballo murió agotado, y para sobrevivir, el padre lo abrió en canal extrayendo las vísceras y refugiándose en su interior. Aquella maniobra le salvó la vida, pero no pudo evitar que perdiera una pierna por congelación.
Así pues, en efecto parece que el truco funciona, aunque solo sea durante unas horas, que en determinadas circunstancias podrían resultar críticas. Según cálculos efectuados por Cecil Adams, si imaginamos un día de frío extremo (temperaturas de -12ºC y vientos de 20 km/h) y no tenemos a mano para refugiarnos nada más que el cadáver de una vaca recién muerta de unos 500 kilos, la idea de guarecernos en su interior no sería en absoluto despreciable.
Los números indican que el cadáver del cuadrúpedo perdería calor a una media de tres grados por hora, lo cual nos mantendría “asquerosamente” calientes en su seno durante unas 15 horas. Tiempo más que de sobra para que la tormenta amaine y podamos, cuando nos de por asomar la cabeza, enfrentarnos tranquilamente a la manada de lobos que acudirían con toda seguridad a dar buena cuenta de la vaca “rellena” de explorador intrépido.
En fin, otro de esos datos absolútamente prescindibles e intrascendentes que sin embargo parecen encantarnos a todos. ¿O no?
Los datos los encontré en Straightdope.
La imagen que abre el post corresponde a un pastel de lo más original, y la encontré en GreatWhiteSnark.
Si me dices la palabra “romero” inmediatamente se me vienen dos cosas a la mente. Uno son unas fabulosas croquetas que me comí en Sevilla hace ya unos años, aderezadas con esta planta muy poco usada en cocina aquí en el norte. La otra es la primera película que vi de zombies siendo demasiado niño como para digerirla, las noches no volvieron a ser lo mismo por culpa de un tal George A. Romero. (Si me apuras el tercer recuerdo es la grave voz de Constantino Romero en la Parodia Nacional).
Y tu dirás… vale, el hombre este tiene unos recuerdos muy personales asociados al romero ¿y qué? Pues eso. Que me ha hecho gracia recordar tan vívidamente estos dos eventos de mi historia, leyendo precisamente una noticia que asocia al romero con la buena memoria.
Resulta que en una de mis webs favoritas Life’s little mysteries, han publicado el típico artículo-lista que tanto me gusta. “Cinco formas divertidas de mejorar tu memoria”.
Cuando me he puesto a leerlo, creyendo que todo serían dieta razonable, ejercicio físico moderado, y el típico entrenamiento para el coco tipo sudokus, crucigramas, Brain-training y cosas por el estilo, resulta que lo primero que aconsejan es rociar el espacio en que trabajas con esencia de romero.
Al parecer los científicos han descubierto que ciertos aromas afectan de manera profunda a las habilidades cognitivas de los humanos. El estudio, realizado por psicólogos británicos, se publicó en 2003 y podéis leerlo en este enlace. De entre todas las esencias que se probaron con los conejillos de indias, que tenían que realizar ejercicios de memorización, el romero parece haber funcionado a las mil maravillas, mientras que la lavanda en cambio, influyó por debajo de la media.
La cosa sigue sorprendiéndome en el segundo consejo: mascar chicle. De nuevo un estudio realizado en el Reino Unido hace ahora 10 años, parece probar cierta leve mejora entre los participantes masca-chicles que colaboraron en otro experimento de memorización, con respecto a los que no hacían pompas.
En fin, he seguido leyendo el artículo y lo demás es bastante previsible. Dieta rica en antioxidantes, los antes citados pasatiempos, una buena dosis de sueño reparador y los inevitables paseos. Nada tan sorprendente como los dos primeros consejos.
Si la información resulta cierta ¿Por qué el romero y los chicles mejoran la memoria? Ni idea, pero obviamente he cursado una patente para vender chicles con aroma a romero a los que llamaré “Memogum”. Lo hago fijo, bueno… si mañana me acuerdo.
Por cierto, siempre es buen momento para recordar aquel artículo que tanto gustó: 10 trucos increíblemente fáciles para convertir tu cerebro en una poderosa máquina de pensar.
En estos tiempos de grandes pifias económicas, los banqueros estarán encantados de que hablemos de los errores de otros colectivos, por ejemplo los ingenieros. Por eso he recuperado este viejo artículo que publiqué en 2006 en Astroseti (contenido que desafortunadamente ya no es accesible en aquella web), en el que se recopilan diez de los mayores errores de la ingeniería (anglosajones todos salvo la del Vasa) y se cuentan sus consecuencias nefastas para los que estuvieron cerca.
1. Presa de St. Francis, 1928
El ingeniero autodidacta William Mulholland construyó esta presa en Los Angeles sobre cimientos defectuosos e ignoró la geología del cañón circundante. Además despreció las grietas que empezaron a aparecer en cuanto comenzó a llenarse. Cinco días después, la presa se rompió matando a 450 personas y destruyendo ciudades enteras (así como la carrera de Mulholland).
2. Las pasarelas del Hotel Hyatt Regency, 1981
Las pasarelas entrelazadas entre los distintos pisos del atrio del hotel se desplomaron, como fichas de dominó, provocando una lluvia de restos que cayó sobre cientos de participantes en un concurso de baile. La causa: un diseño tremendamente negligente y el uso de vigas que solo podían soportar un 30 por cierto de la carga.
3. Vasa, 1628
Trescientos años antes del Titanic, el VASA fue el mayor buque de vela de su tiempo que logró navegar. El sobrecargado buque sueco gobernó los mares durante apenas una milla antes de hacer agua a causa de lo bajas que estaban las troneras para sus cañones, por lo que enseguida zozobró.
4. Central Eléctrica del Noreste de los EE.UU., 1965
Un solo relé protector activado en Ontario, sobrecargó los circuitos cercanos y provocó una cadena de apagones que dejó a 30 millones de personas sin corriente durante 13 horas. Un diseño frágil, libre de redundancias hizo posible que finalmente esto sucediera. Después de décadas de reparaciones y actualizaciones, en el 2003 sucedió de nuevo.
5. McDonnell Douglas DC-10, década de 1970
Antes de solucionar sus problemas, casi mil personas en todo el mundo perdieron sus vidas a causa de este competidor de 290 toneladas del Boeing 747. Puertas de bodega que salían despedidas, líneas hidráulicas trituradas, y motores que se soltaban a mitad de vuelo fueron solo algunos de los primeros problemas a los que se enfrentó este peso pesado.
6. Neumáticos Radiales Firestone 500, década de 1970
Estos neumáticos con radiales encintados de acero permitían que el agua se infiltrara por entre el dibujo, lo que provocaba que las cintas se oxidasen y el dibujo se separase, lo cual sucedía normalmente a altas velocidades. Docenas de muertos más tarde, Firestone culpó a los consumidores, y más tarde retiró 10 millones de neumáticos.
7. Tanque de una compañía de destilación de pureza, 1919
Había que almacenar la melaza en alguna parte ¿qué tal en un desvencijado tanque de 15 metros de alto y 27 de diámetro en medio de Boston? La estructura se pintó de marrón para ocultar las goteras. Finalmente explotó (posiblemente a causa de la fermentación), provocando olas de melaza de una altura de 4,5 metros que cayeron sobre la ciudad matando a 21 personas.
8. Skylab, 1973
La primera estación espacial de los EE.UU. se dañó irremisiblemente durante el lanzamiento porque algunos ingenieros habían errado al no tener en cuenta la aerodinámica del escudo contra meteoroides y de los paneles solares. Cuando los tripulantes no se encontraban atareados con las constantes reparaciones, se quejaban del extremo calor que había a bordo.
9. Citigroup Center, 1978
Cambios de último minuto en las abrazaderas estructurales de este rascacielos de Manhattan le hicieron vulnerable al colapso a causa de los altos vientos. Con un huracán empujando fuerte por la ciudad, los constructores se apresuraron a reforzar la torre soldando dos chapas de acero de 51 mm. de grosor sobre 200 juntas débilmente atornilladas.
10. Dirigible R101, 1930
Siete años antes del desastre Hindenburg, los británicos pensaron que sería divertido darse una vuelta en una burbuja de tela que albergara a 155.000 metros cúbicos de hidrógeno. En su vuelo inaugural, el viento rasgó la cubierta del dirigible, y aquello fue la ciudad del “Oh, la humanidad“.
Este texto es una traducción del artículo de Christopher Null para Wired “The Worst: Stupid Engineering Mistakes“.
En efecto, todo en la noticia es falso, la bombilla sigue encendida tal y como se puede comprobar fácilmente en esta webcam. No os enfadéis conmigo si os lo habéis tragado, y feliz día de los inocentes
Cuando uno es aficionado a la música clásica, termina por toparse más pronto o más temprano con Rachmaninov, el último de los románticos europeos, capaz de componer (y tocar) para el piano obras de una intensidad y complejidad endiablada. De hecho, en cualquiera de sus obras más conocidas, los dedos de ambas manos se someten a un estrés considerable no solo por la amplitud con la que deben separarse para abarcar escalas “imposibles”, sino porque la intensidad del golpeo también es muy exigente. Por eso mismo no he podido parar de reír cuando por casualidad me he encontrado el vídeo que ilustra este post.
La idea de montar esos aparatosos puentes de madera con los que “simplificar” a Rachmaninov se la debemos a un dúo cómico llamado Igudesman & Joo. (Hilarante el momento en que Hyung-ki Joo confiesa que al contrario que Rachmaninov, él tiene manos pequeñas… pero aclarando que “sólo las manos son pequeñas”).
Estos dos músicos de formación clásica, se han hecho famosos en Youtube por sus divertidísimos vídeos (más de 15 millones de visitas). Como podéis observar, actúan en teatros acompañados en ocasiones de una completa orquesta (no os perdáis el gag dedicado al mando a distancia), y mezclan teatralidad y verdadera música para conseguir que la gente termine por reirse a carcajadas.
Por cierto, si os preguntáis qué pieza interpretan en el vídeo de las “manos grandes”, se trata del Preludio Nº2 en Do sostenido menor, Opus 3 (de Rachmaninov, obviamente). Ambos cómicos la interpretaron durante su gira de actuaciones “A Little Nightmare Music”.
PD. ¿Sabíais que el mítico hit de 1975 “All by Myself” de Eric Carmen se basó en en segundo movimiento (Adagio Sostenuto) del Concierto para piano nº2 en Do menor, Opus 15 de Rachmaninov? Igudesman & Joo sí lo sabían, por eso la destrozan en este otro vídeo.
En el año 2000 Justin Hall-Tipping tuvo una epifanía, al contemplar como un pedazo de hielo de un tamaño superior a los 14.000 km2 (más grande que toda Asturias, que tiene 10.600 km2) se desgajó de la Antártida hacia el océano. Entonces captó en toda su magnitud el problema del calentamiento global, proceso al que nos empuja nuestra irrefrenable necesidad de energía.
Justin es en la actualidad el consejero delegado de Nanoholdings, una empresa que trata de dar soluciones a los problemas energéticos del mañana con materiales que ahora mismo parecen exóticos, pero que podrían llegar a ser completamente normales en cuestión de décadas.
¿Por qué tratamos de mantener el calor al otro lado de la ventana en verano, y retenerlo en el interior de nuestras casas en invierno, cuando la propia ventana recubierta con nanotubos de carbono puede hacerlo sin necesidad de calefacción o aire acondicionado?
No os perdáis la charla que Justin Hall-Tipping dió el pasado verano en Edimburgo, Escocia. Aún no tiene subtítulos en castellano (sí en inglés, que siempre ayuda) pero a poco que te manejes con el idioma de Shakespeare lo entenderás a las mil maravillas.
Impagable la anécdota final, en la que cuenta que lleva en su cartera desde hace casi dos décadas una foto que revolvió conciencias por todo el planeta, y que según cuenta la historia hizo que su autor Kevin Carter, acabara por suicidarse.
Una de las frases más escuchadas en las reuniones de mujeres es esa, ya sabéis: “los tíos siempre están pensando en lo mismo”. Hay múltiples variedades, que si piensan “en lo único”, que si “la cabeza de abajo piensa más que la de arriba”, etc. De hecho en el mundo anglosajón se dice que de media, un hombre piensa en el sexo una vez cada siete segundos, lo cual a todas luces es una exageración humorística.
Pero bueno, como de todo tiene que haber en la viña del señor, unos investigadores de la Universidad Estatal de Ohio se han propuesto estudiar seriamente las apetencias sexuales de hombres y mujeres. Y ya puestos, han indagado también sobre el número de veces diarias que dedicamos a pensar en comer y dormir, dos aficiones primarias que muchas mujeres heteros emplean como munición anti-pareja en las riñas domésticas de cada día.
Para resolver tamaño misterio, los científicos le pidieron a 163 mujeres y 120 hombres (todos estudiantes de la citada universidad estadounidense) que portaran tres contadores de cliks como el que usaba Ben Afleck en aquel famoso anuncio de Axe. En uno irían acumulando clicks según les invadieran los pensamientos sexuales, y los otros dos almacenarían deseos relacionados con el hambre y las ganas de dormir.
¿El resultado? Pues, que los hombres pensaron en sexo aproximadamente 19 veces al día, mientras que las mujeres solo lo hicieron 10 veces. Así pues, parece claro que efectivamente pensamos en el noble deporte de deshacer camas muchas más veces que ellas (casi el doble) pero nada que ver con esos salvajes clichés tipo: “una vez cada siete segundos”.
Curiosamente estos jóvenes estudiantes Ohioneses (o como quiera que sea el gentilicio hispano aplicado a los nativos de ‘Ojaio’) pensaron en la comida 18 veces al día, casi tantas como en el sexo. Mientras que en dormir se les fueron 11 pensamientos diarios.
Moraleja. Como la estadística es el arte de torturar a los números hasta que digan lo que a uno le interesa (o prefiere) que digan, yo me quedo con este pensamiento: “En Ohio los estudiantes universitarios masculinos piensan más veces en dormir que las mujeres en hacer la caidita de Roma”.
¡Así no hay quien se ponga de acuerdo para echar un kiki!
El estudio se publicó en la edición del 28 de noviembre de la revista Journal of Sex Research.
La economía se vino abajo, millones de personas perdieron su trabajo. Las bolsas se hundieron y sin embargo los banqueros parecían estar capeando el temporal mejor que nadie. Ese dato fue precisamente el que hizo que el gobierno organizara una comisión para investigar quién era el culpable de la crisis. Pero claro, eso sucedió en Estados Unidos en el año 1933 y en aquel entonces Ferdinand Pecora era el consejero jefe del Comité sobre Banca y Divisas del Senado.
Nombrado para dirimir las causas del crash de 1929, nuestro personaje hizo que aquella comisión (llamada “Pecora” en su honor) ocupase los titulares de todo el país cuando llamó a declarar como su primer testigo a Charles Mitchell, director del mayor banco estadounidense: el National City Bank (hoy conocido como Citybank).
“Sunshine Charley” entró en la sala dando grandes zancadas y mostrando desprecio tanto por Pecora como por su comisión. A pesar de que los accionistas del banco habían sufrido grandes pérdidas en los mercados de valores, Mitchell admitió que él y sus directivos más cercanos habían apartado millones de dólares del banco destinándolos a préstamos libres de intereses para sí mismos.
Mitchell reveló también que a pesar de haber hecho más de 1 millón de dólares de beneficios en 1929, no había pagado impuestos debido a las pérdidas derivadas de la venta de acciones del banco a su mujer a un valor inferior al adquirido.
Pecora reveló que el National City Bank había ocultado préstamos basura empaquetándolos como bonos y empeñándoselos a inversores que desconocían su naturaleza. Cuando el testimonio de Mitchell llegó a oídos de la prensa, su carrera como banquero acabó abruptamente. Tras eso se le obligó a pagar una sanción de un millón de dólares por cargos civiles y evasión de impuestos. Un senador por el estado de Virginia, llamado Carter Glass, comentó posteriormente que Mitchell (especialmente) y apenas medio centenar de hombres más, habían sido los responsables del crash del 29.
Aquello solo fue el comienzo. Poco a poco la comisión Pecora fue desenterrando los secretos sucios de la industria bancaria. El proceso se convirtió en un gran circo plagado de titulares de prensa que provocaban sensación, pero al acabar la misma todo el mundo tenía claro quienes habían sído los culpables del hundimiento de la bolsa y la gran depresión posterior.
Leyendo en Neatorama una historia como esta, no me extraña que el hombre de la foto de al lado, uno más de los miles que se han unido al movimiento Occupy Wall Street, pasee con esa pancarta preguntándose lo mismo que muchos de nosotros.
¿Dónde está nuestro Ferdinand Pecora?
Más información (en inglés) en blogs.smithsonianmag.com.
Hace hoy cinco años…
Zapatero no sabía aún que el secreto para volver a ganarle a Rajoy era decir que la crisis no era tal, sino simplemente una “desaceleración económica”.
Rajoy no tenía ni idea de que aún le darían una tercera oportunidad para aspirar a la Moncloa, y que el secreto para arrasar sería no decir nada.
Los que compraban pisos a 8.000 euros el metro cuadrado se aferraban al mantra: “el valor de las propiedades nunca caerá”.
Una unión monetaria sin unión fiscal parecía una gran idea. De hecho, confieso que no tenía ni idea de qué coño era la prima de riesgo.
Un tal Barack Obama, afroamericano él, no había anunciado aún que se presentaría a la carrera presidencial por el partido demócrata.
Saddam Hussein, Gadafi y Bin Laden estaban vivitos y coleando. Fernando Alonso acababa de ganar por segunda vez consecutiva el mundial de fórmula 1, y la selección española de fútbol era la eterna perdedora. Jamás levantarían una copa.
Foro Internet Meeting Point vivía en el limbo porque Carlos Urioste no había fichado por El Comercio. Por consiguiente yo no conocía (aunque ya le admiraba) a Aberrón. En Canarias un tal Javier Peláez no soñaba con tijeras ni recortes. El nombre José Cuesta no me decía nada, Wordpress ya tenía un montón de themes prefabricados de lo más molón.
Astroseti se descomponía, mi bitácora en Barrapunto iba viento en popa. La palabra blog estaba de moda y los dominios “.es” costaban más de 20 euros anuales.
Mi mujer estaba embarazada de mi segundo hijo. Yo no sabía que usaría gafas, que tendría pies planos y que sería muy cariñoso.
Un año después de haber celebrado el año mundial de la física, cualquiera te habría hostiado si le hablases de neutrinos superlumínicos.
No tenía cuenta en twitter ni en Facebook. ¿Redes sociales? ¿Lo cualo?
Decidía esperar unas horas para escribir el “hello world” en este blog. No quería que su nacimiento coincidese en fecha con la muerte de cierto gris personaje.
No sabía lo que era el Premio Bitácoras. De hecho yo ni sabía lo que era el EBE. Tampoco tenía ni idea de que terminaría dejando mi trabajo fijo para montar mi propia empresa, ni que me iría realmente bien.
No se me pasaba por la cabeza que nadie estuviera interesado en escuchar lo que habría de aprender durante los siguientes 5 años. (Sin embargo hoy me pasa esto).
Resumiendo, no podía ni imaginarme que “Maikelnai’s blog” pasaría a ser una parte fundamental de mi vida, ni que a día de hoy más de 11 millones de personas habrían pasado, en algún momento, por este rincón cibernético que tan buenos momentos me ha dado.
A todos, gracias por compartir pedacitos de mi vida desde entonces. A ver si los mercados permiten que este blog cumpla la decena.
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